Taiwán denunció que el régimen chino estuvo detrás del reciente corte de líneas submarinas de telecomunicaciones

El negocio del hostelero taiwanés Wang Chuang-jen sufrió un duro golpe cuando en febrero se cortaron las líneas submarinas de telecomunicaciones que dan servicio al pequeño archipiélago de Matsu.

“Fue muy incómodo”, dijo este hombre de 35 años de la isla Beigan de Matsu, donde los clientes tenían problemas para reservar o pagar en línea debido a la lentitud de la conectividad. “Todos dependemos mucho de Internet”.

El corte no sólo causó dolores de cabeza a empresarios como Wang, sino que también puso de manifiesto la vulnerabilidad digital de Taiwán en un momento de mayor amenaza por parte de China.

Los dos cables se cortaron con pocos días de diferencia a unos 50 kilómetros de Matsu, en el estrecho de Taiwán.

La población local, así como la Comisión de Comunicaciones de Taipéi, afirmaron que los daños podrían haber sido causados por barcos pesqueros chinos o dragas de arena, que a menudo echan el ancla o raspan el lecho marino en aguas taiwanesas.

“Creo que China es consciente de la situación. Habría sido fácil frenar semejante acto de sabotaje, pero no lo hizo”, declaró a la AFP el legislador Cheng Yun-pen, del gobernante Partido Democrático Progresista (PDP).

Por su parte, China se describe a sí misma como un país pesquero responsable y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Beijing ha negado la implicación de sus tripulaciones pesqueras.

Desde 2021 se han producido casi una docena de incidentes de este tipo y las autoridades taiwanesas buscan soluciones.

“Si puede ocurrir un corte de internet para Matsu, ¿podría ocurrir un incidente similar para (el resto de) Taiwán?”, dijo Lii Wen, director de la oficina del DPP en Matsu.

Aunque los cables que unen las islas periféricas de Taiwán, Matsu y Kinmen, son lo suficientemente poco profundos como para verse amenazados por barcos pesqueros, los expertos afirman que incluso los cables tendidos a mayor profundidad a lo largo del norte, oeste y sur de la isla principal son susceptibles de sabotaje.

La reparación de cables submarinos requiere personal especializado y puede costar varios millones de dólares.

Mientras sus líneas estuvieron cortadas, el archipiélago de Matsu – donde viven unas 10.000 personas y a sólo unas millas de la China continental – dependió de un sistema de microondas de reserva basado en las montañas hasta que se reparó a finales de marzo.

Las autoridades buscan una alternativa más sólida a escala de todo Taiwán.

El Ministerio de Asuntos Digitales de Taipei declaró a la AFP que tiene un plan de dos años y 18 millones de dólares para colocar receptores de satélite en 700 lugares dentro y fuera del país, con el fin de mantener las comunicaciones gubernamentales “durante emergencias como catástrofes naturales o guerras”.

El ministerio se declaró “dispuesto a cooperar con cualquier proveedor de servicios por satélite cualificado”.

Los recientes simulacros de guerra en torno a la isla por parte de China -que considera Taiwán como su territorio, que puede tomar por la fuerza si es necesario- subrayan la urgencia de la situación.

Los simulacros se produjeron tras la visita de la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, a Estados Unidos, donde se reunió con el presidente de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy.

Durante ese viaje, dos legisladores estadounidenses habrían hablado con Tsai sobre el uso por parte de la isla del sistema de satélites Starlink de Elon Musk, desplegado en Ucrania desde la invasión rusa.

SpaceX no respondió y la oficina presidencial de Taiwán declinó una solicitud de comentarios.

Perturbación digital

Los expertos afirman que la perturbación en lugares como Matsu ya ha proporcionado a Beijing información de valor incalculable.

Los pescadores de Matsu, que dependen de las señales digitales para atender los pedidos de los clientes, describieron la frustrante interrupción.

“La velocidad (de Internet) era muy, muy lenta, o incluso los mensajes no llegaban. Cuando la gente me llamaba, la línea se cortaba antes de que pudiera terminar siquiera una frase”, dijo Wang Chia-Wen, de 45 años.

La interrupción de las comunicaciones durante varias semanas también dio una idea de cómo sería la vida de los 23 millones de taiwaneses -incluida su élite política y militar- si quedaran incomunicados.

Los analistas afirman que los cables submarinos de la isla principal podrían ser cortados por submarinos chinos no tripulados, y sus terminales terrestres atacados con cohetes o fuerzas especiales.

“La invasión china trataría de destruir los sistemas de comunicación de Taiwán”, afirma Richard Hu, general retirado y experto militar de la Universidad Nacional Chengchi.

“Los incidentes de esta vez han aumentado las dudas sobre el nivel de preparación de Taiwán”.

(Fuente: Infobae)

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