Damas Rosadas: casi tres décadas con sus manos tendidas a la comunidad

IMG_20150630_162254La obra de las Damas Rosadas, constante desde su fundación en 1986, es actualmente llevada a cabo por doce voluntarias que, de manera desinteresada y sin ningún tipo de beneficio económico, brindan contención a pacientes que atraviesan padecimientos físicos y enfermedades diversas en el primer piso del Hospital Subzonal Andrés Isola, así como también a sus familiares y acompañantes. El trabajo del voluntariado hospitalario fue declarado como de Interés Municipal en 2012 y ha recibido numerosos reconocimientos de distintos sectores, entre ellos el Senado de la Nación.

“Somos todas una”

Así lo afirma Irma Gentile, presidenta desde el primer día, quien agrega que el trabajo principal de las Damas Rosadas no se remite solamente al acompañamiento de pacientes, sino también a colaboraciones fuera del Hospital como por ejemplo el bordado de camisones y escarpines que algunas voluntarias realizan para los recién nacidos con familias en difícil situación económica.

Ayuda comunitaria

La mayoría de las donaciones provee de vecinos de Puerto Madryn que deciden acercarse a entregar desde ropa en desuso hasta artículos de limpieza e higiene personal. En los armarios de las “Damas” se suman, uno arriba de otro, varios cajones divididos en categorías, según su uso. “Ropa de bebé”, “camisones” y “toallas” son algunos de los accesorios que la organización entrega a los enfermos con necesidades, además de jabón, papel higiénico y efectos para el aseo personal, elementos que el Hospital no provee y deben ser recaudados por las voluntarias. “Crema de afeitar no, porque es un lujo”, bromea.
El apoyo es comúnmente retribuido por los pacientes una vez que abandonan el hospital. “Ya cumplió un año la nena”, sostiene Carlos, quien visitó brevemente el voluntariado con una bolsa llena de ropa para recién nacidos. Es el padre de una beba que nació en el Hospital y en su momento recibió ayuda y apoyo de las Damas.
“Nosotros no tenemos religión ni política”, detalla Gentile en relación a ciertas normas que la organización mantiene vigente desde su creación y agrega: “Hemos tenido voluntarias que pertenecían a iglesias evangelistas pero, en el hospital, no se realiza ningún tipo de difusión de las religiones a los pacientes”. Agrega, además, que durante años han recibido propuestas de iglesias interesadas en colaborar de forma conjunta pero, respetando las reglas del grupo, no han accedido.

Dificultades en el Hospital

Gentile afirma que el trato con el personal de enfermería es necesario pero difícil, dado que la forma de trabajo de este último es relativamente burocrática y no logra desarrollar una conexión con el paciente enfermo más allá de la asistencia médica. A su vez, la alta rotación de enfermeros y enfermeras y el acuse de “falta de tiempo” impide que se establezca un vínculo con quienes están internados en el hospital. “Nosotros somos el familiar ausente”, menciona mientras repasa en un cuaderno de registro las tareas a realizar durante el día. También, las voluntarias deben lidiar día a día con los inconvenientes de infraestructura presentes en el Hospital, como la falta de calefacción en el área de Salud Mental y, por ejemplo, la falta de espacio y profesionales en el área de Oncología, que actualmente cuenta con una sola especialista en dicha rama de la medicina.
Con respecto a los pacientes, Gentile niega que exista un perfil común y sostiene que “Cada caso es único”. De forma preocupante, manifiesta que “cada vez se ve más gente de clase media. Las prepagas están tan caras que la gente termina atendiéndose en el Hospital”.

La difícil tarea de ayudar

Las Damas Rosadas no suelen incorporar a voluntarias demasiado jóvenes porque “le rehúyen al enfermo. Hoy una persona joven asiste al hospital cuando tiene un problema pero en general no quieren saber nada con estar rodeados de personas enfermas”, señala Gentile. Para muchas personas que se interesan en formar parte, resulta difícil lidiar con la carga emocional de contener a niños, jóvenes y ancianos enfermos y, en ocasiones, en situaciones terminales. Para ello, la presidenta de la organización sostiene que cuando una voluntaria ingresa, “de a poco se la va integrando a los distintos sectores del hospital. Primero se la lleva con los recién nacidos y gradualmente va conociendo los distintos casos que hay. Lo importante es no llevarse el trabajo a la casa, hay momentos difíciles que hay que dejarlos en el hospital al cruzar la puerta”, afirma Gentile, quien en 2016 celebrará junto a las doce voluntarias el trigésimo aniversario de la agrupación.
“Uno de los secretos profundos de la vida es que lo único que merece la pena hacer es lo que hacemos por los demás”, escribía un autor inglés hace más de un siglo. En la misma sintonía, en nombre de todas las voluntarias Irma Gentile afirma: “Ayudar es ayudarse”.

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