Milei, un presidente que lidera sin dejar de acumular desgaste
*Parlamentario
La negativa a felicitar al vencedor en Brasil volvió a exponer el estilo confrontativo del Presidente. Mientras las encuestas muestran un creciente malestar con su gestión, la oposición sigue sin encontrar una figura capaz de capitalizarlo y el oficialismo ya discute, entre tensiones internas, el escenario electoral de 2027.
Después de los días de furia que rodearon su paso (¿en falso?) por España, el Presidente dio la nota esta vez resistiéndose a felicitar al mandatario de nuestro principal socio comercial en el mundo, que no es Estados Unidos ni Israel -los países que ha elegido Javier Milei como faros de su gestión-, sino Brasil. Se lo reprochó el jefe de la principal oposición en el Senado, José Mayans, durante la larga sesión del jueves pasado: “¡Vergonzoso lo que hizo nuestro Gobierno!”, lanzó el formoseño para recordar luego que “Brasil es un Estado democrático, es un Estado donde impera el Estado de derecho”. Por lo que reclamó: ¡Nosotros estamos obligados a respetar eso! ¡Como Brasil está obligado a respetar nuestras instituciones, nosotros estamos obligados a respetar las instituciones brasileras!”.
Difícil que le presten atención en el Gobierno. Y si alguno allí lee estas líneas, seguro reaccionará restándole autoridad al formoseño, reclamándole por el nivel de institucionalidad en su provincia. En eso ha devenido hoy la discusión política: toda crítica recibe como respuesta una comparación con lo supuestamente peor.
Es la Argentina de la grieta, donde los libertarios resisten cualquier cuestionamiento con referencias al pasado kirchnerista. Pueden justificar así que Milei insulte de manera escatológica a los periodistas, argumentando que “al menos no les manda la AFIP, como hacía Cristina”… Mientras que desde el kirchnerismo defenderán por ejemplo el acatamiento a las leyes, contra la negación que ha demostrado en algunos casos notorios la administración actual.
Llevándolo al extremo, suena como defender a un autócrata como Putin, comparándolo con Stalin, bajo cuyo régimen se estima murieron entre 3 y 20 millones de personas. Las figuras no se “abuenan” contrastándolas con peores.
Las formas de Milei siguen siendo objeto de análisis y lo serán en el transcurso de la historia. Hubo un tiempo en el que prometió no insultar y durante un tiempo cumplió. Encaraba el tramo decisivo de la campaña por las elecciones intermedias y prevaleció la recomendación de morigerar su estilo procaz, con evidentes buenos resultados. No se entiende por qué abandonó esa actitud y -más aún- por qué no recupera la compostura, habida cuenta de que al menos él ya está en campaña por la reelección.
Las encuestas indican que el común de la gente reprueba la irascibilidad permanente de Milei. ¿Acaso no cambia porque así y todo esas mismas encuestas lo muestran al frente en intención de voto? Puede ser. Así y todo enfrenta encuestas peores, que exhiben resultados muy adversos, como los de Pulso Research, cuya Brújula Social correspondiente al mes de octubre muestra que los sentimientos negativos respecto del Gobierno (47,8%), prevalecen por sobre los positivos (29,1%); con un 66,4% que evalúa negativamente la gestión Milei, contra apenas 28,9% que oscila entre bien y muy bien. El 51% considera que la responsabilidad de la situación se debe a las decisiones tomadas por el Presidente, y un 61,9% considera “incorrecto” el rumbo.
Otra encuesta, de CB Consultora, refiere estrictamente a las elecciones presidenciales. Y sus resultados no son más contemplativos con esta administración: el 57,5% prefiere para las próximas elecciones que haya un cambio, contra el 33,8% que opta por seguir con los que están. Pero ante la pregunta de si las elecciones presidenciales fueran mañana, Javier Milei encabeza. Con un magro 27,1%, pero casi duplicando a Axel Kicillof (16,5%), a quien vencería en un eventual balotaje por 43 a 40,6%.
Incluso hay encuestas que muestran a Milei con una mejor intención de voto, que oscila entre 32 y 38 puntos. Como sea, es menos de lo que sacó Mauricio Macri en su gran remontada de octubre de 2019, cuando llegó a 40,28 puntos, perdiendo por 8.
El optimismo libertario navega en la tranquilidad de que no hay un rival importante -y convocante- por ahora. Falta un año, eso sí. Siempre hay que recordar que Cristina Kirchner sorprendió con la candidatura de Alberto Fernández faltando tres meses para las PASO. A propósito de ellas, por ahora no se sabe cuál será la suerte de esas primarias. Si uno se guiara por lo que dicen en la Rosada, al menos se suspenderían. Es lo que les dice a los Milei -dicen- Diego Santilli, a partir de sus diálogos permanentes con gobernadores. Patricia Bullrich, jefa de los senadores oficialistas, es mucho más cauta. Tanto como para decir que los votos no están.
Si bien ella habla con la experiencia de quien navega en aguas que conoce -y sobre todo tiene trato diario con los senadores-, en la Rosada ya están desconfiándole. Por empezar, porque saben que Pato sueña con competir con Milei en unas PASO, en las que se imagina vencedora. Pero unas primarias que incluyan al Presidente son inimaginables en el mundo libertario. Lo mismo le sucedería a cualquier presidente. A sabiendas de ello, la senadora y excandidata presidencial piensa que su oportunidad llegaría si por alguna razón muy contundente Javier Milei debiera no presentarse.
Con mejor imagen que el Presidente -Pulso Research le da 6 puntos más-, aunque una negativa bastante alta -56,4% según esa misma encuestadora, aunque 8 menos que Milei-, Bullrich no deja de diferenciarse del Presidente. Sucedió otra vez con su postura frente al resultado electoral en Brasil, y aun sobre la huida de Flávio Bolsonaro. Sus alfiles hacen lo propio: Juan Pablo Arenaza, legislador porteño y hombre de la más íntima confianza de Patricia Bullrich, de quien fue jefe de campaña y por lo tanto no dice en público nada que la senadora no convalide, sorprendió esta semana aclarando que su jefa “no le debe nada a los libertarios”, y que en marzo decidirá si es o no candidata. Hablaba de la presidencia.
La jefa del bloque LLA -cuyo desplazamiento ya evaluarían los Milei- se ausentó de la reunión semanal del Gabinete. Evitó así mostrarse en el balcón de la Rosada, donde el Presidente saludó a un grupo de chicos que estaban en Plaza de Mayo realizando el gesto “six-seven”. Milei no se pronunció ese día, ni en los siguientes sobre el sorprendente triunfo de Lula en Brasil. Sí lo hizo en cambio con su amigo Benjamín Netanyahu, a quien felicitó en redes por una victoria electoral que en realidad no se concretó, ya que si bien fue el más votado, no le alcanzó para garantizarse aún la mayoría que le permita seguir gobernando Israel.
Más allá de la colaboración de Milei en la huida de Flávio Bolsonaro -que no fue fuga, pues no estaba recluido, ni siquiera condenado, menuda discusión semántica que se ha armado-, que muestra a Milei en el papel que más disfruta -el de sentirse útil a la administración trumpista-, el presidente argentino tiene una animadversión probada con su par brasileño. Milei odia a Lula, y a esta altura deberíamos saber que si a algo es leal nuestro presidente es a sus enconos. Un enojo que se remonta a la campaña electoral 2023, en la que Lula se pronunció públicamente a favor de Sergio Massa. Nunca le perdonó al brasileño esa actitud. Como también se enojó malamente con Jorge Macri -al punto del destrato público- por haber empleado como asesor en 2025 al español Antoni Gutiérrez-Rubí, quien fue uno de los principales estrategas de la campaña presidencial de Massa en 2023, y al que Milei señaló siempre como responsable de la denominada “campaña sucia” en su contra.
Eso sí, los odios de Milei suelen ser “selectivos”. Se enojó de por vida con Lula por apoyar a Massa, y con Jorge Macri por emplear al consultor de Massa… pero nunca se le ha escuchado al Presidente el mismo tono hostil con el tigrense.
A propósito de Massa, el exministro de Economía se apresta a ser candidato presidencial por tercera vez. Inspirado en su amigo Lula, que recién tuvo éxito en el cuarto intento, Sergio Massa desea que la tercera sea “la vencida”, comparándose con otro amigo, ya fallecido: José Manuel de la Sota, que consiguió la gobernación en su tercera elección. Podría formar binomio con Natalia de la Sota, diputada nacional e hija del cordobés.
Massa confía en ser “bendecido” por Cristina Kirchner y enfrentar a Axel Kicillof en una eventual PASO. El gobernador también necesita ser revalidado en una interna para mejorar sus chances, sabedor de que si bien está alejadísimo hoy de la expresidenta, el común de la gente lo sigue viendo como “kirchnerista”. El peronismo necesita sí o sí fortalecer a su candidato con una primaria atractiva. Las posibilidades de armar una interna de manera independiente si las PASO se suspenden son prácticamente nulas por razones presupuestarias.
El que debe haberse desilusionado esta semana es Máximo Kirchner. El y sobre todo su madre, si bien fue ella la primera en saludar la resonante victoria de su amigo Lula. Sucede que la cautiva exmandataria miraba con singular atención la experiencia brasileña, donde un expresidente preso designaba a su hijo candidato, trasladándole por simple portación de apellido prácticamente todos sus votos.
El domingo pasado, Flávio se transformó en calabaza. Y al día siguiente en exiliado.
*Artículo de Opinión publicado por Parlamentario.com