Nueva acción judicial contra el puerto de gas del San Matías


Un grupo de organizaciones ambientales inició una nueva acción judicial para detener el avance del megaproyecto de exportación de gas natural licuado en el Golfo San Matías, una zona marina de gran valor ecológico cercana a Península Valdés. La presentación fue impulsada por la Fundación Ambiente y Recursos Naturales y la Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas. Ambas entidades solicitaron a la Justicia Federal que se suspendan las obras hasta que se cumplan plenamente los procedimientos ambientales exigidos por la legislación vigente.
El recurso judicial se basa en una acción preventiva de daño ambiental, una herramienta legal utilizada cuando existe riesgo de afectación grave o irreversible al ambiente. En este caso, las organizaciones consideran que el proyecto podría generar impactos significativos sobre ecosistemas marinos sensibles.
Además, señalaron la necesidad de garantizar estudios ambientales completos y procesos de participación pública antes de avanzar con infraestructura de gran escala en la región. De este modo, el conflicto abre un debate sobre el equilibrio entre desarrollo energético y preservación de ecosistemas costeros.

Polo exportador de gas

El megaproyecto propone crear un complejo destinado a licuar gas natural para exportarlo a mercados internacionales mediante transporte marítimo. Para ello se prevé instalar gasoductos, terminales portuarias y unidades flotantes de licuefacción.
Estas instalaciones operarían junto a buques metaneros encargados de transportar el combustible hacia distintos destinos globales. El gas provendría principalmente del yacimiento no convencional de Vaca Muerta, ubicado en la cuenca neuquina.
La iniciativa es promovida por Southern Energy, un consorcio integrado por empresas del sector energético como YPF, Pan American Energy, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG.
Si el proyecto se concreta, el Golfo San Matías podría transformarse en un nuevo nodo exportador de gas en el Atlántico Sur.
Sin embargo, la escala de la infraestructura prevista genera inquietud entre organizaciones ambientales y especialistas en conservación marina.

Un ecosistema marino estratégico

El área donde se proyecta el complejo forma parte de los golfos norpatagónicos del Mar Argentino. Esta región se caracteriza por su elevada productividad biológica y por la diversidad de especies que habitan sus aguas.
En estos ecosistemas se registran mamíferos marinos, peces, aves migratorias y diversas especies que utilizan el área para alimentarse, reproducirse o desplazarse durante sus rutas migratorias.
La cercanía con Península Valdés aumenta la preocupación sobre posibles impactos derivados del incremento del tráfico marítimo y la actividad industrial.
Los ecosistemas marinos de esta región cumplen además funciones ecológicas clave, como la regulación de cadenas alimentarias y la provisión de hábitats para numerosas especies. Por esta razón, cualquier intervención de gran escala requiere evaluaciones ambientales rigurosas que permitan anticipar sus efectos.

Las posibles consecuencias ambientales

Las organizaciones ambientales advierten que el desarrollo de infraestructura gasífera en el Golfo San Matías podría generar diversas presiones sobre el ecosistema marino. Uno de los principales riesgos está asociado al aumento del tráfico de buques metaneros en una zona de alta biodiversidad.
El movimiento constante de embarcaciones podría alterar rutas migratorias de mamíferos marinos y aumentar el riesgo de colisiones con ballenas, delfines y otras especies. Asimismo, el ruido submarino generado por la actividad portuaria podría afectar la comunicación y orientación de estos animales.
Otro aspecto señalado es el impacto potencial de las obras portuarias y los gasoductos sobre los fondos marinos y los ecosistemas costeros. Las intervenciones físicas en el lecho marino pueden alterar hábitats sensibles y modificar dinámicas ecológicas locales.
También existe preocupación por posibles derrames o fugas durante la operación del sistema de transporte y almacenamiento de gas licuado. Aunque estos eventos son poco frecuentes, pueden generar consecuencias ambientales significativas.
Finalmente, el desarrollo de nuevas infraestructuras vinculadas a combustibles fósiles plantea interrogantes sobre el rol de estos proyectos en el contexto de la transición energética global. De este modo, el debate en torno al megaproyecto no solo se centra en sus impactos locales, sino también en el modelo energético que definirá el futuro ambiental y económico del país.

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