En Canadá podrían sacrificar a belugas de un parque temático

El histórico parque Marineland, ubicado en las Cataratas del Niágara, atraviesa una situación crítica que podría marcar un oscuro precedente en materia de conservación animal. Ante la falta de recursos, el establecimiento advirtió que 30 belugas, que aún mantiene en sus instalaciones, podrían ser sacrificadas.
La institución presentó una solicitud al Gobierno federal de Canadá para obtener ayuda financiera urgente, luego de que se le negara el permiso para transferir a los animales al Chimelong Ocean Kingdom, un parque temático en China. Sin esa operación, Marineland asegura no contar con los medios económicos ni estructurales para garantizar el bienestar de las ballenas.
La ministra de Pesca, Joanne Thompson, fue contundente al rechazar la exportación de las belugas, recordando que la ley canadiense prohíbe el traslado de mamíferos marinos con fines comerciales. El conflicto deja en evidencia la tensión entre la protección legal de los animales y la realidad económica de los centros que aún los albergan.
Mientras tanto, organizaciones ambientalistas alertan sobre el riesgo de una “catástrofe ecológica y ética” si las belugas son sacrificadas, ya que se trata de una de las especies más vulnerables del Ártico.

Una especie clave que lucha por sobrevivir

La beluga (Delphinapterus leucas) es un mamífero marino adaptado a las frías aguas del Ártico y subártico. Reconocida por su color blanco y su capacidad de comunicación mediante sonidos, cumple un papel esencial en el equilibrio ecológico de las regiones polares. Su dieta controla poblaciones de peces y crustáceos, y su comportamiento migratorio contribuye a la salud del ecosistema marino.
Sin embargo, su estado de conservación es preocupante. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la clasifica como “Casi Amenazada”, aunque algunas poblaciones específicas —como la del estuario del río San Lorenzo, en Canadá— están en “Peligro Crítico”. Las principales amenazas incluyen la contaminación por metales pesados, el ruido de los barcos, el cambio climático y la pérdida de hábitat por el deshielo del Ártico.
En Canadá, los programas de rescate y rehabilitación de belugas enfrentaron serias dificultades económicas en los últimos años. El alto costo de su alimentación, atención veterinaria y mantenimiento en instalaciones adecuadas requiere millones de dólares anuales, un gasto que Marineland ya no puede afrontar.

Crisis financiera y dilema ético

El parque Marineland, fundado en 1961, fue durante décadas una de las mayores atracciones turísticas del país, con espectáculos de orcas, delfines y belugas. Sin embargo, las crecientes denuncias por maltrato animal y la caída del turismo tras la pandemia redujeron drásticamente sus ingresos. Hoy enfrenta una deuda millonaria y carece de los recursos necesarios para sostener su infraestructura acuática.
El cierre de los espectáculos con mamíferos marinos, impuesto por la ley canadiense en 2019, dejó al parque sin su principal fuente de financiamiento. Desde entonces, las autoridades y organizaciones intentaron trasladar las belugas a santuarios marinos o centros de rehabilitación, pero los costos logísticos y legales han frenado los planes.
El Gobierno canadiense, aunque mantiene su compromiso con la conservación marina, enfrenta limitaciones presupuestarias que dificultan asumir el cuidado directo de estos ejemplares. Mantenerlas en cautiverio implica gastos permanentes, mientras que su liberación al océano sería inviable por la falta de adaptación de los animales nacidos o criados en ambientes artificiales.

El futuro incierto de las belugas de Marineland

El caso generó un debate nacional sobre la responsabilidad compartida entre el Estado, las instituciones privadas y la sociedad en la protección de la fauna marina. Si no se encuentra una solución inmediata, el sacrificio de las belugas podría convertirse en un símbolo del colapso de un modelo de entretenimiento que se sostuvo a costa del bienestar animal.
Más allá del drama local, la situación refleja un problema global: el costo económico de reparar décadas de explotación de especies silvestres bajo la lógica del espectáculo. Las belugas, conocidas como las “canarias del mar” por su canto característico, merecen una oportunidad de sobrevivir fuera de los tanques que las confinaron durante años.

ÚLTIMAS NOTICIAS