EN EL BALOTAJE SE DECIDE, ENTRE OTRAS COSAS, EL PRECIO DEL DÓLAR. LA DEVALUACIÓN TAMBIÉN SE METE EN LA CAMPAÑA. SE REABRE EL DEBATE SOBRE EL FUTURO DE YPF

El cambio injusto


Por Alejandro Horowicz

dinheiroEl cimbronazo todavía no terminó de asimilarse. Que un partido municipal haya logrado quebrar el cerco, traspasar la avenida General Paz ganando la estratégica provincia de Buenos Aires, sorprendió al oficialismo con la guardia baja. La política de los intendentes, de partidos organizados con la lógica de los intendentes, acaba de arrojar su segundo resultado nacional. ¿El primero? La fagocitación de la Unión Cívica Radical. Jaime Duran Barba diseño el camino. En lugar de pactar con Sergio Masa, ignorarlo. Si la polarización no lo destrozaba en la primera vuelta, se lo terminará devorando en el balotaje.
En suma, daba igual. La palanca eran los intendentes dispuestos a impedir la victoria de Aníbal Fernández, esos eran aliados de peso. En la lógica de los intendentes la capacidad de infligir daño no es más que la otra cara de una “negociación” única.
Vale la pena entenderlo. Para un intendente la estrategia tiene dos patas: sobrevivir en el cargo, “cobrar” por su aporte a la victoria del gobernador, primero, y del presidente, después. Una vez que la continuidad deja de estar en juego (en ese punto el valor de la encuesta resulta determinante) “negociar” el reparto de las demás achuras. Si ese “acuerdo” viola las sagradas relaciones de fuerza, al interior del espacio común, el “arreglo” con los “enemigos electorales” resuelve el introito.

Transversalidad

Para los integrantes de una federación de intendentes, el gobernador “amigo” forma parte de la lógica de la sobrevivencia. De él dependen los fondos que aseguran la “continuidad” en el cargo, y si el gobernador no los consigue se lo puentea, ya que dependen del Poder Ejecutivo. Este funcionamiento explica los saltos de los intendentes en las más diversas direcciones políticas, de la UCR al oficialismo K, y de vuelta a la UCR, sin conformar un camino “anómalo”. Tanto que el vicepresidente de Cristina Fernández termino siendo fallido candidato presidencial del radicalismo, sin que nadie protestara demasiado. Y las idas y vueltas de intendentes hacia el “peronismo federal” tienen en Martín Insaurralde una figura emblemática. Que el hombre elegido en el 2013 para enfrentar a Massa terminara cerrando un acuerdo con el oficialismo, tras negociar con Massa la candidatura a la gobernación bonaerense, es un escándalo que no escandaliza. Es que la facilitación del panquequismo permanente forma parte de esta versión de la “profesionalización de la política”; al tiempo que permite entender las consecuencias del abandono de la estrategia de la transversalidad, por parte de Néstor Kirchner: estabilizar este “modo de hacer política”.

Continuidad o cambio

La transversalidad partía de una presuposición: la democracia de la derrota había cooptado a todo el sistema de partidos nacionales; de modo que se votara como se votara los mismos hacían exactamente lo mismo. La biografía de Domingo Cavallo tiene la impúdica virtud de mostrar cómo se puede ser funcionario de la dictadura burguesa terrorista, diputado «peronista» por Córdoba, ministro de Economía de Carlos Saúl Menem, y por último volver a la poltrona del quinto piso del Palacio de Hacienda de la mano de Fernando de la Rua. Esa fue la “transversalidad” de un bloque de clases dominantes que no tiene mas programa histórico que hacer caja. Y contra esa transversalidad se intentó discursivamente construir su opuesto: los que habían resistido –con mayor o menor exposición– esa política antinacional, antipopular y antiobrera. No sucedió, y por eso las «diferencias políticas» no pueden no ser tenues.
Ahora bien, un sistema de partidos construido desde la lógica de los intendentes replica un modelo de votantes entrenados en acompañar o descabalgar intendentes. La visión nacional de la política pierde densidad, no sólo por volverse extremadamente cortoplacista, sino porque habilita, impulsa una confiscación de la política nacional. Política hace el intendente, los demás sólo votan, como en el Martín Fierro. En suma, o apuestan por la continuidad «probada» o ensayan el «cambio» improbable.

Distribución

Sin embargo, en el balotaje esa posibilidad pareciera arrollada. Si algo terminó quedando claro es que la discusión sobre la paridad cambiaria es mucho mas que el precio del dólar, lo que se esta debatiendo ahora es la distribución del ingreso nacional. Cuando ese diferendo oculta uno todavía más grave: ¿es la política el territorio de las decisiones económicas? o ¿la economía automáticamente resuelve ese debate y los intendentes se hacen cargo del resto? Mauricio Macri encabeza uno de los polos, y Daniel Scioli sintetiza discursivamente el otro.
El candidato presidencial del Frente para la Victoria dijo estar «gratamente sorprendido» por la «reacción popular» contra la propuesta de reprivatizar Yacimientos Petrolíferos Fiscales. El hombre fuerte en asuntos energéticos del PRO, Juan José Aranguren, que fue CEO de Shell desde 1996 hasta hace semanas, puso en duda la «continuidad» de la administración estatal de YPF. Afirmó que habría que revisar «qué se hizo en los últimos tres años» con la «administración» de la empresa que, según él, debe funcionar «como lo que es, una Sociedad Anónima». Es decir, el centro pasa por la «rentabilidad» de la empresa y no por ser el instrumento de una política energética nacional. Explicó que «no es relevante recuperar el autoabastecimiento y la soberanía hidrocarburífera», y que «la política energética irá de la mano de un nuevo plan económico», que estará basado, admitiò, «en un único tipo de cambio» y en «el libre flujo de divisas». Eso es hablar claro.

El futuro de YPF

Para el gobernador de Neuquén, Jorge Sapag, en cambio, «la conducción política de YPF en manos del Estado es soberanía económica e independencia política». Scioli se hizo eco del rechazo que despertó la postura de Aranguren –señalado también por el ministro de Economía, Axel Kicillof, como uno de los promotores de una megadevaluación– y salió a marcar la cancha. «Yo represento la defensa del trabajo argentino y la industria nacional contra los que quieren volver a que la variable de ajuste sean las jubilaciones y los trabajadores». El gobernador bonaerense sostuvo que en caso de llegar a la presidencia, el precio del dólar se ubicará «abajo de los 10 pesos en enero».
Las seis mayores devaluaciones permiten historiar el problema. La primera, en octubre de 1958, cuando el flamante gobierno de Arturo Frondizi modificó la paridad cambiaria en 68,2% y la inflación trepó en consecuencia hasta el 113,7% anual. Para que se entienda, los salarios fueron afectados con la consiguiente transferencia de ingresos de los asalariados hacia las empresas. La segunda, abril de 1962, con Federico Pinedo como ministro de Economía; Pinedo liberalizó el mercado con fuertes devaluaciones mensuales hasta alcanzar el 64 por ciento. La tercera, junio de 1975, cuando Celestino Rodrigo duplicó en pesos el precio nominal de la divisa norteamericana, junto liberación de precios, suba de tarifas y congelamiento de salarios. Era el famoso Rodrigazo. La respuesta no se hizo esperar: los trabajadores pararon el país y la CGT peronista tuvo que plegarse, por primera vez en la historia, a un paro general contra el gobierno del cuarto peronismo. En 1981 se produjo la cuarta: Lorenzo Sigaut permitió un aumento del 225,8 por ciento. La quinta fue en febrero de 1989, gobierno de Raúl Alfonsín, cuando la paridad cambiaria trepó un 61,1% 30 días. La de enero de 2002 fue la sexta; con el estallido de la Convertibilidad la paridad pasó del 1 a 1 al 3 a 1 entre diciembre de 2001 y marzo de 2002.
En los 13 años siguientes, con más o menos sobresaltos, no llegó a los 10 pesos. Es decir, triplicó el precio paulatinamente. De modo que en el balotaje se decide, entre otras cosas, el precio del dólar.

(Fuente: Infonews)


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