Estados Unidos defiende sus actividades de espionaje

Estados Unidos «tiene la obligación de obtener información de lo que está pasando en el mundo, para defender a nuestros ciudadanos, a nuestros aliados y a nuestra patria». La portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, ha arrancado en esos términos su habitual conferencia de prensa diaria. Tras esas palabras, ha quedado clara la postura del Gobierno de Obama con respecto al escándalo del espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de las conversaciones de jefes de Gobierno de países aliados y democráticos, como Alemania, Italia, Francia y España.
Claro que por intentarlo no quedó. La prensa hizo más de dos docenas de preguntas a Psaki, que fueron contestadas sistemáticamente en los mismos términos. «Cualquier servicio de inteligencia del mundo lo hace»; «Nuestras capacidades técnicas no tienen rival, pero nuestro Gobierno no opera sin ningún control». Algunas de las afirmaciones de Psaki (o de sus evasivas, según como se quiera mirar), sin embargo, plantean nuevos interrogantes. Por ejemplo, la portavoz no quiso entrar a debatir si existe control judicial (al menos, mediante los tribunales secretos que supervisan el espionaje a ciudadanos estadounidenses) en el caso de los ‘pinchazos’ electrónicos a líderes extranjeros. La legislación estadounidense es muy clara a la hora de no dar a los extranjeros los mismos derechos que a los nacionales y una de las grandes cuestiones en este caso es si el espionaje de la NSA ha tenido algún tipo de control efectivo.
Para Psaki, sin embargo, todo esto es «una distracción», que no debe hacernos olvidar los aspectos claves de la relación trasatlántica, sobre todo en materia de Irán, Siria y el Tratado de Libre Comercio que la UE y EEUU han empezado a negociar este verano. Por ahora, según la portavoz del Departamento de Estado, no ha habido ningún intento de introducir el escándalo de la NSA en esos campos.
La portavoz del Departamento de Estado dejó claro que esperan «más filtraciones» y usó en dos ocasiones la expresión «desde que Edward Snowden entró en nuestras vidas», en lo que supuso una clara manifestación de quién es, para el Gobierno de Obama, el culpable del escándalo. (El Mundo)

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