El secreto de los abelisáuridos no fue el tamaño, sino la modificación de su cráneo

Los abelisáuridos es el grupo con registro fósil más abundante de dinosaurios carnívoros del hemisferio sur, particularmente Patagonia, que se caracterizaban por tener cráneos cortos, altos, ornamentados y brazos muy pequeños.

Durante mucho tiempo se creyó que la evolución de estos carnívoros había seguido un camino común entre los grandes depredadores: aumentar progresivamente su tamaño corporal. Esta idea se apoyaba en el hecho de que los abelisáuridos convivieron con otros cazadores gigantes, como los carcarodontosáuridos, entre ellos Giganotosaurus carolinii, con los que posiblemente competían por los mismas recursos. Sin embargo, una serie de trabajos de especialistas del CENPAT reveló que su éxito de supervivencia a través del Mesozoico radicó en la especialización de su cráneo y no en el aumento del tamaño. “Lo que pusimos a prueba fue si realmente se veía una tendencia general de aumento de tamaño a lo largo de la evolución del grupo y observamos que no. Los tamaños de estas especies siempre se concentraban en alrededor de cinco metros y medio, por lo que son dinosaurios carnívoros que nunca llegaron a alcanzar tamaños gigantes”, explica Emanuel Seculi Pereyra, becario del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET). Junto a él trabajaron Damián Pérez, Ariel Méndez, investigadores del mismo instituto, Carolina Paschetta investigadora del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas (IPCSH-CONICET) y Martín Ezcurra investigador de la Sección Paleontología de Vertebrados en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (CONICET).

A diferencia del tamaño corporal, lo que sí cambió notablemente en estos dinosaurios fue el cráneo, que lo hizo como una unidad coordinada, donde cada modificación ósea influía en el resto de las estructuras promoviendo la especialización alimenticia y comportamental. Es decir, que cada cambio de forma que se producía en un hueso inducía una modificación en forma en el siguiente: “Encontramos que tres huesos son los que más cambiaron a través de la evolución de los abelisáuridos: una de ellas es la parte posterior de la cabeza (región occipital), donde se conecta el cuello. En los abelisáuridos esta zona estaba ensanchada, lo que permitía una mayor inserción de músculos del cuello a la cabeza, otorgándoles una mayor estabilidad durante la mordida. Los otros dos (escamoso y cuadrado-jugal) definen el espacio por el cual pasan los músculos que abren y cierren la boca. Particularmente, en este grupo de dinosaurios carnívoros, este espacio era muy amplio permitiendo que una gran cantidad de músculos pasaran del techo del cráneo y el escamoso hacia la mandíbula inferior, confiriéndoles una gran fuerza de mordida”, agrega el científico del CENPAT.

Por otra parte, los huesos de la órbita también experimentaron cambios morfológicos cerrándose de manera significativa y evolucionando de forma coordinada. De esta manera, en este grupo de dinosaurios, el cierre de la órbita también está relacionado con implicancias biomecánicas en la cual el cráneo, con una órbita más cerrada, resiste mayores fuerzas de estrés provocada por una gran fuerza de mordida. Esto también habla de la especialización alimenticia del grupo. Además, como la órbita de forma cerrada no habría permitido un gran desarrollo del sentido de la visión, los abelisáuridos desarrollaron un sistema del olfato altamente especializados, con grandes bulbos olfatorios. De esta forma este grupo de dinosaurios carnívoros habrían utilizado con mayor frecuencia el sentido del olfato para detectar a sus presas.

“Tanto los huesos de la órbita como las modificaciones del cráneo no se vieron influenciadas nunca por el aumento del tamaño, ya que a lo largo de sus 100 millones de años de evolución, los abelisáuridos mantuvieron tamaños medios a pesar de la extinción de depredadores topes antes del fin de la era de los dinosaurios. La innovación de estos dinosaurios fue cambiar su arquitectura craneal generando ciertas modificaciones que le confirieron ventajas comportamentales de alimentación. Además, muchas de estas adaptaciones, surgidas inicialmente por presiones ambientales, habrían sido reutilizadas en comportamientos sociales y sexuales, como posibles choques de cabeza, similares a los que se observan hoy en algunos mamíferos con cuernos o astas. La combinación de factores ecológicos y sociales habría sido clave para la diversificación de los abelisáuridos durante el Cretácico tardío, poco antes de la extinción masiva que marcó el fin de los dinosaurios no avianos.

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