En España también sufren la invasión de un alga asiática
El alga Rugulopteryx okamurae se ha convertido en la peor pesadilla de las costas españolas; la especie ha invadido miles de kilómetros de litoral, acabando a su paso con la biodiversidad y generando un enorme y carísimo problema para las administraciones locales.
La plaga asiática destruye el fondo marino a pasos agigantados, provocando pérdidas millonarias en el turismo y la pesca local. Mientras que los especialistas aseguran que ni desembolsando una fortuna se logrará expulsar al invasor de las aguas de la península ibérica; al tiempo que afirman que la falta de previsión ha convertido un problema evitable en una auténtica pesadilla ecológica de dimensión colosal.
Causas
El tráfico marítimo, las embarcaciones recreativas y los continuos descuidos han llevado a esta especie exótica invasora hasta áreas donde se asienta y lo arruina todo a su paso.
Según indica María Altamirano, investigadora en el Departamento de Botánica y Fisiología Vegetal de la Universidad de Málaga y a la que se considera voz de referencia en el sector, la especie llegó al país por primera vez en 2016 y ‘desembarcó’ de la mano de las actividades humanas cerca del estrecho de Gibraltar.
Su capacidad de adaptación al entorno local ha sido tan eficiente y demoledora que los expertos explican que España no cuenta con los recursos necesarios capaces de erradicarla por completo. La estrategia más realista pasa por priorizar la prevención, custodiar los ecosistemas de referencia y educar a la ciudadanía.
Una invasión veloz y realmente devastadora
El impacto de esta alga invasora sobre el ecosistema bentónico es devastador y muy veloz. Este vegetal marino suele vivir fijado al lecho marino de su lugar de origen, pero al llegar a las costas españolas ha logrado invadir los espacios antes ocupados por la flora autóctona y la ahogó.
En la costa de Granada, Rugulopteryx okamurae aniquiló praderas enteras de Posidonia oceanica, con lo que en ciertos puntos en los que su concentración era mayor, redujo a cero la biodiversidad nativa. La vulnerabilidad de las costas se sumó a una asombrosa capacidad de adaptación y multiplicación, lo que facilitó que se asentara y siguiera colonizando espacios vecinos.
Una vez que se asentó en el lecho marino, esta planta ha desarrollado un comportamiento adicional: genera grandes masas flotantes que no necesitan tocar el fondo del mar, pero que obstaculizan cualquier actividad. Esta fracción móvil satura de residuos las playas diariamente y arruina las redes de pesca, ocasionando enormes perjuicios económicos y sociales.
Hay que salvar lo que queda a toda costa
Para Altamirano está claro que es imposible revertir la situación actual de las costas españolas y la degradación que ya ha sufrido el lecho marino, por lo que es vital combatir los daños que pueda ocasionar al turismo y a la pesca.
Si bien el panorama actual es sombrío, para la experta aún queda lugar para el optimismo y recuerda que existen muchos espacios que aún están libres de esta alga invasora, y que deben mantenerse así.
El alga asiática avanza sin freno por España. Ya se sabe que los focos suelen aparecer en lugares muy concretos: los diques de puertos y las escolleras, por lo que es necesario que la vigilancia en el sector náutico y la pesca sea extrema, ya que sin duda son el principal vehículo de contagio.
Los sistemas de contención pasan por la implantación de controles rigurosos en las instalaciones de acuicultura y las aguas de lastre. También se debe instruir a los pescadores sobre cómo deben gestionar las capturas no deseadas y evitar su vertido, a buceadores acerca de la desinfección profunda de sus equipos y a los patrones de barcos recreativos sobre la limpieza de sus anclas.