Una pasión mundial – Parte II

Por Javier Arias
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Hoy escribo esta columna antes del partido de Argentina frente a Cabo Verde, así que usted perdone querido lector mi desconocimiento de los eventos futuros y a la vez mi exitación y expectativa frente a ese encuentro, que para mí, aún es incierto.
Pero más allá de los resultados la Copa del Mundo continuará varios días más y seguirá siendo, como siempre, tema obligado en cuanta reunión nos congregue. Así que continuaré, como es habitual amigo lector, sumando algunos datos interesantes a su bagaje de información inútil para que pueda, en medio de tantos y tan avezados conocedores del noble deporte, meter baza en las conversaciones y no quedar como un absoluto lego en la materia.
En nuestro último encuentro nos habíamos quedado en 1950, cuando la Copa volvía a jugarse en América, pero no en nuestro país, sino en el de nuestros vecinos, Brasil. Pocos lo recuerdan, pero un año antes de comenzar el Mundial, murieron, en un accidente aéreo, todos los jugadores del equipo de fútbol italiano Torino. La selección de ese país, un poco sensibilizada –recordemos que no hacía mucho que había comenzado a tener auge la aviación comercial- prefirió viajar en barco. El tema es que tuvieron que organizar los entrenamientos en plena cubierta, con lo que, como usted bien ya se debe imaginar, en poco tiempo se quedaron sin pelotas, porque no daba eso de “eh, vos Giusseppe, andá a buscar la pelota que se cayó en el océano”. La consecuencia casi natural es que Italia quedó eliminada en el primer partido. Por lo menos en ese año los tifosi tuvieron una buena excusa para achacarle el fracaso, no como hoy que se están manyando los spaguettis con salsa carbonara.
Cuatro años después fue el turno de Suiza, que como demostraron en el partido contra Austria, estaban más preparados para comer fondue o jugar al metegol que para un partido de fútbol, terminaron perdiendo 7 a 5, hasta hoy el mayor número de goles marcados en un partido mundialista.
Este es el primer Mundial que se televisa y así más de 4 millones de europeos siguieron en vivo por primera vez una Copa del Mundo. Y aquellos memoriosos recuerdan más a Hungría que salió segunda que al campeón mismo, porque anotó en total 27 goles, la friolera de un promedio de 5,4 goles por partido, además de ser uno de los mejores equipos de toda la historia de los mundiales.
Geográfica e históricamente hablando, Suecia le sigue a Suiza, y así fue en este nórdico país que se dieron cita en 1958. Año importante si los hay para los brasileros, ya que en este Mundial es cuando aparece Edison Arantes do Nascimento, o sea, Pelé, que con tan sólo 17 añitos terminó ganando el campeonato mundial con su selección.
En 1962 es el turno de Chile, recordado por dos lamentables incidentes. El primero fue el hecho de que durante los primeros cuatro días quedaron lesionados cincuenta jugadores. Y el segundo, el memorable partido de Rusia –en ese momento URSS- y Colombia, donde el país latinoamericano pudo remontar un 4 a 1 en contra y terminó empatando. Aunque las malas lenguas todavía repican contra el arbitraje de Joao Etzel Filho, acicateadas, a decir verdad, por el propio árbitro brasilero, que dijo “Yo empaté aquel partido. Soy descendiente de húngaros y odio a los rusos desde la invasión soviética a Hungría en 1956”. ¡Chan!
La primera vez que aparece una mascota en un Mundial es en Inglaterra 66 y se llama Willie, un simpático leoncito, 400 millones de personas lo pudieron ver por televisión en todo el mundo, salvo los doce hinchas oficiales de Corea del Norte, que fueron seleccionados entre más de diez mil para representar a la hinchada oriental.
Antes de la final la valiosa Copa Jules Rimet desapareció de su bóveda hasta que la perspicaz Scotland Yard la ubicó bajo un árbol de la periferia londinense por el olfato de un perro de nombre Pickles. ¿Que quién ganó? ¡A quién le importa con un perro llamado Pickles!
Cuatro años después, en México, Brasil se quedó en poder definitivo de la mentada Copa Jules Rimet por ser el primer equipo que consiguió tres campeonatos mundiales y Pelé se convirtió en el único jugador de la historia en jugar cuatro mundiales y ganar tres.
También fue la primera vez que se usaron las tarjetas amarilla y roja, para hacer más claras las expulsiones al público; paradójicamente no hubo ninguna expulsión.
En Alemania 74 se dió la curiosidad que jugaron en el mismo grupo, justamente, las dos Alemanias, la del Este y la del Oeste. Al final todo transcurrió sin incidentes pero, como hacía meses la organización terrorista Baader-Meinhof había amenazado con un atentado, el partido se jugó con un helicóptero sobrevolando el estadio y las terrazas de los edificios cercanos llenos de francotiradores. Una hermosura, vea. Como dato curioso se puede mencionar que fue la primera y última participación de Zaire –hoy República Democrática del Congo- en un Mundial, y que en el partido contra Brasil, segundos antes de un tiro libre, un jugador zaireño salió corriendo de la barrera y, sorprendiendo a todos, pateo la pelota al medio de la tribuna.
Así nos quedan algunos mundiales más y otra semana de deporte y selecciones, lo espero, fiel lector, para seguir hablando de fútbol, que como bien se sabe, es de lo único que se puede hablar hoy en día.

Nota del autor: Datos extraídos de la página web http://funversion.universia.es/

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