Una pasión mundial – Parte I

Por Javier Arias
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Hay muchas personas que calculan sus tiempos con referencia a los Mundiales de Fútbol. Así pueden decir que se casaron un año después de Alemania del 74 o que su primer trabajo lo consiguieron unos meses después de iniciado México 86. Es que esta “gesta deportiva sin igual” supera con creces, justamente, su perfil meramente deportivo. Aúna pasiones de lo más diversas, nacionales, raciales, limítrofes, culturales, históricas y, por supuesto y lamentablemente, muchas veces xenofóbicas. Si el Inadi tuviera que mediar entre los partidos de cualquiera de los grupos mundialistas, tendría trabajo de por vida, pobres muchachos. Y eso sin contar a los comentaristas aburridos en Sudáfrica, que son un verdadero manantial de barbaridades étnicas.
Pero, como le decía, fiel lector, el Mundial va más allá de unos cuantos partidos de fútbol, noble deporte donde veintidós tipos se pelean por un cacho de cuero. Y así como conjuga un montón de emociones, también, a lo largo de ochenta años ha recopilado unas cuantas curiosidades. Y como no todos somos especialistas en el Calcio italiano o en el campeonato de fútbol inglés y quedamos pagando cuando se empieza a discutir, en la sobremesa, sobre las mejores tácticas futboleras, la mejor manera de escaparle a la incomprensión total sobre términos como efecto cerrojo o la más actual LTA, es muñirse de unos cuantos datos interesantes y saltarle a la yugular al más versado.
Que el primer Mundial se jugó en Uruguay en 1930 es algo más que sabido, no vale como dato diferenciador, pero saber que ese año Estados Unidos llegó a semifinales con un equipo plagado de veteranos escoceses es algo que no todos tienen en la memoria, y que quedaron finalmente en tercer puesto por un gol de diferencia con los yugoslavos, mucho menos.
Otro elemento que puede hacer las delicias de cualquier inveterado es que, a diferencia de las novísimas Jabulanis, en ese entonces se jugaba con una pelota de tiento, creada en 1880, que tenía un casco de cuero y cuya costura exterior obligaba a usar boina como protección para los cabezazos.
Para cerrar ese mundial, que nos dejó el sabor amargo del segundo puesto detrás de un victorioso Uruguay, podemos redondear comentando que casi todos los jugadores de Rumania trabajaban en una petrolera inglesa que, en un principio, no les permitía viajar hasta que intercedió el rey inglés para que les dejasen acudir a la primera cita mundialística.
Otro detalle para no saltearse es que los acontecimientos históricos tampoco le fueron indiferentes a los campeonatos mundiales, de hecho entre 1938 y 1950 no se jugaron debido a la Segunda Guerra Mundial y el italiano Ottorino Barassi, en aquellos tiempos vicepresidente de la FIFA, tuvo escondida la Copa Jules Rimet en una caja de zapatos debajo de su cama para salvarla de los nazis.
Después de Uruguay vino Italia 34, un Mundial rarísimo, más allá que fue el primero jugado en Europa. Los locales, bajo el gobierno de Benito Mussolini, quien había amenazado sutilmente de muerte a los jugadores en caso de no ganar la copa, dejó a los muchachos con una “cierta” obligación cada vez que salían a la cancha. De más está decir que la squadra azurra se llevó las palmas en aquella oportunidad.
El año 1938 tampoco fue un Mundial tranquilo, por lo menos para nuestros representantes, quienes finalmente no participaron porque la AFA decidió boicotear el certamen que se jugaría en Francia porque la FIFA había decidido que la sede no fuera nuestro país debido, según ellos, a que los galos tenían mejores estadios.
Por otra parte ya eran tiempos violentos y se olía en el aire la pólvora que en pocos meses inundaría todo el continente. Violencia que tuvo su correlato sobre el césped en el recordado partido entre Brasil y Checoslovaquia, tristemente conocido como “La batalla de Burdeos”, donde hasta el jugador checo Planicka tuvo que salir con una clavícula rota.
Después de doce años de interregno belicista, las selecciones de fútbol volvieron a darse cita en 1950, de regreso en el continente americano, precisamente en Brasil.
Este fue el primer Mundial que jugó Inglaterra, despojándose del halo de inventor del deporte y aceptando competir con el resto del mundo. Fue en este Mundial que se produjo el famoso “Maracanazo”, cuando en la final, enfrentándose Brasil y Uruguay, los locales con sólo empatar se llevaban la copa. Pero los charrúas, después de arrancar con un gol abajo, dieron vuelta el partido llevándose su segundo campeonato. Cuánta habrá sido la desazón brasilera, atento lector, que desde ese día Brasil desterró la camiseta blanca con puños y cuello azul que usaba desde 1919 y la sustituyó por la “verdeamarela” que conocemos hoy en día.
Así que ya sabe, querido lector, si usted es uno de esos que mucho no manya de fútbol, pero no quiere quedar fuera de cuanta conversación se da en estos días, puede meter bocado con datos divertidos pero ajenos a las tácticas de pizarrón, que no tendrán el poderío de llevar al equipo de Diego hasta la final, pero por lo menos no nos dejarán comiendo solos el helado en un rincón de la mesa familiar.

Nota del autor: Datos extraídos de la página web http://funversion.universia.es/

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