¿Cómo afecta a la pesca en la Patagonia el cambio climático?

Un equipo internacional advierte sobre la necesidad de tomar medidas entre distintos países para fomentar la pesca sustentable, la conservación y la resiliencia al cambio climático en el Océano Atlántico Sudoccidental. Ante alteraciones en la distribución de los peces y la incertidumbre en la gestión de los recursos marinos, se vuelve urgente un marco regional colaborativo, dicen los firmantes, entre quienes se encuentran investigadores de Exactas UBA.
Según Martín Saraceno, investigador del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, UBA-CONICET) y profesor de Exactas UBA, el artículo publicado en la revista Discover Oceans, busca concientizar acerca de que los recursos del océano no se rigen por los confines políticos. “Es un trabajo que involucra a gente de distintos ámbitos y países con la esperanza de contribuir desde la ciencia y aportar conocimiento para que se logre un mejor manejo de los recursos”, comparte el científico.
La publicación hace un llamado para que haya una gobernanza común, “sin importar cuál es el país que en un determinado momento tenga más recursos que otro”, detalla Saraceno. Aclara que no se trata de un trabajo científico tradicional, sino de una propuesta basada en el conocimiento acumulado para enmarcar adecuadamente la situación. “Hay muchas acciones que se pueden hacer. Una es reconocer el problema y entender cuáles son todos los factores que lo afectan”, afirma.
Si bien hay regulaciones por país, y hubo convenios binacionales específicos, no existe una gestión regional de los recursos oceánicos. “El Océano Atlántico Sudoccidental es una de las pocas grandes regiones oceánicas que carece de un organismo de gobernanza que abarque todos los recursos compartidos. Esta desconexión es particularmente alarmante ante el cambio climático, que está alterando la distribución y abundancia de las poblaciones de peces e intensificando la incertidumbre en la gestión de los recursos marinos”, reza el artículo.
Por eso, sus autores remarcan la urgente necesidad de un acuerdo. “Se llama a hacer acciones conjuntas consensuadas –aclara Saraceno–. No proponemos recetas que se deban imponer, sino escuchar a las partes tomando en cuenta el conocimiento científico, el político y el de las sociedades”, sintetiza. Por su parte, Alberto Piola, también investigador del CIMA y coautor del trabajo, subraya la importancia de la región y la necesidad de tomar decisiones con fundamentos científicos: “Hay que tratar de despolitizar todo lo posible los problemas técnicos y abordarlos con madurez y seriedad, porque es en beneficio de toda la humanidad”, propone.

Un mar de problemas

El calentamiento global inducido por la actividad humana impacta en el mar. “Se está calentando el océano, que es el principal responsable de contener el exceso de temperatura en la atmósfera. A su vez, la redistribución del calor en la tierra no sólo se da por las corrientes de la atmósfera, sino también por las oceánicas”, explica Saraceno. Y resume: “Todo eso conforma un combo que debe estudiarse, particularmente en las regiones donde se observan cambios”.
Según Piola, profesor emérito de Exactas UBA, hay por lo menos dos aspectos que requieren una gobernanza entre distintos países. “Uno es estrictamente oceanográfico, es una región en la cual los vientos son muy variables”, postula. Y explica: “Los vientos modulan la manera en que circula el agua en la plataforma continental, donde se concentra la mayoría de los recursos con mucho interés económico, como la merluza o el calamar. Entonces, la variación de los vientos modula si la merluza va hacia el norte o hacia el sur. No porque el pez no pueda nadar contra la corriente, sino porque, tal vez, el alimento que busca sí es redistribuido”.

La redistribución del calor

El segundo aspecto es la tendencia de una expansión hacia los polos de las aguas cálidas. Algo que también ocurre en otras partes del mundo. “Lo que se está notando por el cambio climático es un desplazamiento. Superpuesto a los cambios en el viento, con más frecuencia en esta región, se observan especies originarias de aguas más cálidas y una retracción de las especies de aguas frías hacia el sur, entre estas últimas están las más productivas. Ante un traslado de la pesquería, preocupa cómo vamos a administrar la explotación del recurso en el futuro”, advierte Piola.
“En esta parte del vecindario oceánico, fuera de la plataforma continental, se ubica la confluencia de las corrientes Brasil y Malvinas –explica el experto–, que también está cambiando con el clima, trasladándose hacia el sur”. Saraceno repone que esa confluencia se ubica, prácticamente, a la altura de Mar del Plata, a 38° sur. “La corriente de Brasil transporta aguas cálidas desde el norte, la de Malvinas viene del sur y es la rama norte de la corriente circumpolar antártica, que conecta a todos los océanos”, expone.
“Esto genera una exportación de todas las aguas que están en las plataformas continentales de Brasil, Malvinas y Uruguay hacia el interior del océano. Esa latitud de confluencia está migrando hacia el sur, entonces nos encontramos con aguas de origen tropical en latitudes más cercanas al polo”, agrega Saraceno, advirtiendo que eso conlleva modificaciones del clima y especies que no podrán adaptarse a los cambios.
Además, los investigadores resaltan el factor económico. “Es un recurso estratégico para la región del que viven millones de personas, sin contar que también se benefician otros países. Si el día de mañana esos recursos no están, impactará en todas esas economías. Hay que conocer cómo podrían evolucionar esos cambios para adaptarse”, argumenta Saraceno.

Un viva la pesca

El llamado de los científicos hace alusión a la falta de coordinación, a brechas de información y a vacíos legales. Alberto Piola advierte sobre el límite geopolítico de las doscientas millas: “Es en la región externa de la plataforma, donde se concentran muchas pesquerías, como el calamar. Más allá de ese límite se produce la pesca no declarada y, muchas veces, ilegal, barcos que no cumplen con las normas establecidas”.
Hay una gran cantidad de pesquerías comerciales en clara decadencia por la sobrepesca. Si no tenemos forma de cuantificar la actividad, el riesgo es enorme.
“Es un área donde vienen a pescar libremente desde distintas partes del mundo. El artículo invita a fortalecer la discusión regional sobre cómo administrar el área, pero también a encontrar algún vehículo que permita organizar la pesca en la región offshore”, agrega el científico. Según afirma, hay acuerdos internacionales que se vienen implementando recientemente para impedir el ingreso a puerto de barcos que no puedan certificar haber pescado según las condiciones establecidas. Se refiere al Tratado BBNJ de Naciones Unidas –Biodiversity Beyond National Jurisdiction–, de 2023, que entró en vigor en enero de este año luego de alcanzar las firmas necesarias.
“La iniciativa consiste en un seguimiento de los barcos pesqueros que están en alta mar. Votaron positivamente más de sesenta países, otros aún no adhirieron”, destaca Piola. Y suma: “Argentina exporta aproximadamente dos mil millones de dólares de pesca por año. Integrando la captura de toda la región y la pesca offshore, el volumen es realmente muy importante. Y estamos ante una situación de cambio climático bien definida y un contexto geopolítico complejo, que incluye al Reino Unido y las Islas Malvinas, cuya pesca no está coordinada con la que realizan al norte Argentina, Brasil y Uruguay, y ésta, a su vez, no lo está con la comunidad internacional”.
Para el investigador, hay riesgos inherentes al cambio climático, pero también a la actividad pesquera propiamente dicha: “Hay una gran cantidad de pesquerías comerciales en clara decadencia por la sobrepesca. Si no tenemos forma de cuantificar la actividad, el riesgo es enorme. La clave también está en que los países que compran los productos de la pesca son cada vez más exigentes en términos de sustentabilidad. Europa exige certificaciones. Para Argentina, eso es muy importante”, sentencia.

Gestionar (con)ciencia

Los autores sostienen que su llamado llega en un momento oportuno. “Se están desarrollando distintas acciones internacionales que acentúan que el futuro del planeta pasa en gran medida por el cuidado del océano”, afirma Saraceno. Y resalta que la falta de información restringe la capacidad de evaluar el impacto del cambio climático y el estado de los recursos. Por eso, una parte de lo que se propone prioriza el trabajo científico.
No hay ni una sola observación subsuperficial en aguas abiertas en el mar argentino. Es como si no hubiera ni una sola estación meteorológica funcionando en todo el país.
“Una de las primeras cosas necesarias sería tener un organismo que concentre expertos de distintas disciplinas para monitorear, no sólo los recursos pesqueros, sino también las corrientes y el estado del mar y del clima. Cuando eso exista se podrán proponer soluciones concretas. Para eso hay que sostener mucho más la investigación”, manifiesta el experto.
Según Piola, el monitoreo es necesario porque, si bien hay evidencias de los cambios del clima, no se están utilizando las herramientas apropiadas. “No hay ni una sola observación subsuperficial en aguas abiertas en el mar argentino. Es como si no hubiera ni una sola estación meteorológica funcionando en todo el país. Eso Implica que los análisis se basan en datos que muestran solo una pequeña capa del problema. Por ejemplo, los satélites permiten ver todo lo que ocurre en la superficie, no en la profundidad”, remarca.
El investigador reconoce el trabajo que en ese sentido lleva a cabo en el país el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), “pero solamente en la costa y sin realizar series de tiempo”, afirma. Y agrega: “La plataforma argentina tiene cientos de kilómetros de ancho y es indispensable contar con algunas mediciones, aunque sean preliminares, para saber si lo observado en la superficie ocurre también en el fondo”.
Los autores resaltan que la ciencia cuenta con una experiencia sólida de trabajo internacional colaborativo en la región. “Es uno de los vehículos para fortalecer lazos y crear confianza en donde no la hay. El inicio de las negociaciones es fundamental”, expresa Piola. Por su parte, Saraceno concluye: «Hay una preocupación general de los Estados por cuidar más el océano. El Acuerdo BBNJ es una clara expresión en ese sentido. Es necesario cambiar un poco las prioridades y hacer más sustentable el planeta en el que vivimos”. (Fuente: nexciencia.exactas.uba.ar)

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