Política energética: ¿en qué se contraponen los proyectos de Scioli y Macri?

peroleoPor Raúl Figueroa – La reacción que se dio nuevamente en Comodoro Rivadavia ante manifestaciones de Juan José Aranguren, uno de los referentes de Mauricio Macri en materia de política energética, plantea la necesidad de revisar cuáles son los motivos por los que se contraponen los dos modelos energéticos que podrían ponerse en marcha a partir del 10 de diciembre, según gane el jefe de gobierno porteño o el candidato del oficialismo, Daniel Scioli. El futuro de YPF, los acuerdos internos para sostener el precio del petróleo y gas y la reivindicación o rechazo a la búsqueda del auto abastecimiento energético aparecen en un menú de ejes básicos sobre los cuales deberían evaluarse las propuestas de uno y otro sector.
Sobre el primer punto, los dichos de Aranguren en una entrevista con canal 26, en el espacio periodístico de Mariano Grondona, dispararon nuevas alertas sobre el cierre de la semana. Ante la pregunta de si YPF “debe seguir como está administrada hoy”, respondió: “es una sociedad anónima y la decisión sobre cómo debe ser administrada la tienen que tomar los accionistas”.
Y añadió que deberá analizarse “qué se hizo desde 2012 a la fecha y evaluar el plan de negocios de la compañía, para poder recomendar la continuidad o no de este tipo de administración”. Como el mismo ex presidente de Shell reconoce, hoy la empresa sigue siendo una sociedad anónima, controlada en un 51% por los Estados nacional y provincial. Es decir que dependerá del próximo gobierno nacional buena parte de las decisiones que se tomen sobre la compañía.

Indicadores

En esa instancia, dejó en claro cuál es su mirada sobre el estado actual de la firma: cuestionó que la empresa haya tomado financiamiento a tasas del 9% anual en dólares, mientras Perú obtiene tasas de 1,5%. En el caso argentino, adujo, pesa el riesgo país, mientras el periodista Pablo Rossi le planteaba preguntas (o más bien afirmaciones) calificando de “inverosímiles” las tasas y “la burbuja” creada supuestamente para apuntalar a la gestión de Miguel Galuccio.
Ya en ese primer renglón hay una señal de alerta, si bien está claro que el pensamiento total no puede desdoblarse en el acotado tiempo de una entrevista periodística por televisión (y en un espacio periodístico donde, recuerdo, su ex conductor Bernardo Neustadt llegó a revisar un teléfono en cámara, para preguntar “¿dónde está la soberanía? Yo no la veo”, exigiendo la privatización de Entel).
Me preocupa, digo, que se observe sólo la cuestión del financiamiento (un aspecto seguramente importante, que habrá que mejorar, pero no es el único a tener en cuenta tratándose de una empresa petrolera). En efecto, hay otros indicadores que debieran tomarse a la hora de evaluar la evolución de una firma dedicada a la producción de petróleo y gas: desde esa perspectiva, los indicadores son positivos desde el momento de la nacionalización de la compañía, que ha revertido las tendencias decrecientes que había mantenido desde la década del 90.
Es decir, no debiera pasar a segundo planto el hecho de que se mencione sólo la cuestión financiera, pero no la eminentemente productiva. Durante la etapa “privada” de YPF no sé si el financiamiento obtenido era más barato. Lo que sí es claro es que cada año contábamos en cuánto había caído la extracción de petróleo y de gas, con una liquidación de dividendos del 90% y una reinversión limitada al 10% restante. Algo parecido, según dice gente entendida en el tema, a un vaciamiento de empresa.
Antes de seguir, considero necesaria una aclaración. Tengo en claro que muchos de quienes abjuran hoy “de los 90” y asustan con el fantasma de las privatizaciones –achacándolas en forma dogmática al macrismo- fueron también protagonistas en aquellos años 90… y por entonces estaban convencidos de que el Estado no era buen administrador… y entonces había que dejar al mercado para que viniera a poner las cosas en orden.
Esa increíble “adaptabilidad” política (sumada a una alta dosis de amnesia), sin embargo, no debería hacernos perder de vista que lo que importa en una empresa petrolera es, precisamente, su performance a la hora de producir petróleo y gas. Desde esa perspectiva, los resultados en 3 años han sido claros y su inclusión en el análisis debería tener el mismo peso que la mirada sobre los datos de la cuestión financiera.

Precios regulados por el mercado

¿Significa esto que se avanzará en una nueva privatización de la compañía? Tuve oportunidad de entrevistar a uno de los ministros de Macri, Francisco Cabrera, en el programa Actualidad 2.0. “No estamos pensando en esa posibilidad”, se apuró en aclarar. El mismo esfuerzo hizo para desmentir a Loma Ávila, quien nos dijo esta semana en el programa que cuando se reunió con el propio Mauricio, en su fugaz paso por Comodoro, el ex presidente de Boca le blanqueó que sostendría los acuerdos de precio “por 90 días y luego el mercado será el que decide”.
Cabrera desestimó esa posibilidad, al tiempo que reconoció que las provincias petroleras sacrificaron gran parte de su renta durante los años en que el petróleo tenía precios altos, pero la Nación se quedaba con las retenciones sobre la exportación y aplicaba precios internos más bajos para evitar una suba indiscriminada de los precios de los combustibles.
Sin embargo, según distintos analistas, la presión que podría desencadenarse desde los primeros días del gobierno próximo pasará precisamente por enganchar los precios internos del petróleo a los del mercado internacional, que hoy son más bajos. Eso posibilitaría bajar y controlar los precios de los combustibles (y la inflación), particularmente el del gasoil, algo que será un reclamo esencial de los sectores del campo concentrados en el centro del país. Esa presión la sufrirá Macri y también Scioli, cualquiera sea el presidente. Los precios de los combustibles en Argentina se encuentran entre los más altos de la región y éste es un reclamo de sectores concentrados de la economía, aunque Cabrera intentó convencerme de lo contrario durante esa entrevista.

Autoabastecimiento

En ese panorama futuro, entra a jugar la definición en torno a la búsqueda del auto abastecimiento. Los compromisos asumidos por Scioli, con precios de incentivo para el petróleo y el gas, buscan sostener esa meta, es decir que el país sea capaz de producir todo el petróleo y gas que necesita para su propio funcionamiento. Esto es particularmente necesario cuando los precios de esos insumos son altos, como ha ocurrido durante los últimos 15 años, a excepción del 2009 y la baja que comenzó sobre fines de 2014, pero que se estima volverán a subir desde 2017.
Sin embargo, hay sectores para los que el auto abastecimiento no es necesariamente una meta importante. Así parece pensar Aranguren, ya que en la entrevista de referencia ha afirmado, según puedo escuchar una y otra vez:
“Tampoco es relevante recuperar el auto abastecimiento, la soberanía hidrocarburífera; lo que tenemos que preocuparnos es tener seguridad energética, lo cual significa tener energía variada, accesible y a precios razonables. Vamos a seguir importando gas de Bolivia, porque Bolivia no tiene otra cosa que hacer con ese gas, no me preocupa que lo importemos y probablemente terminemos exportando electricidad o gas a otros países limítrofes”. Sumo aquí una observación que me hace un especialista en el mercado petrolero: en el tema del gas se debe evaluar cuánto sale desarrollar Vaca Muerta y ver entonces si el costo no es mayor que el de seguir comprándolo afuera.
No se trata de demonizar una forma de pensamiento, sino de tener en claro qué tipo de metas persigue cada sector y los caminos que pretende seguir para alcanzarla. Aranguren ha presidido la Shell durante 15 años: una compañía que no tiene producción de petróleo en el país, sino que lo importa para refinar y vender combustibles. Desde esa mirada, no hay mucho espacio para la producción interna y las fuentes de trabajo que dependen de la extracción del petróleo y gas de los yacimientos argentinos.

¿Podrá Scioli sostener los precios internos?

Del otro lado, Daniel Scioli. El gobernador bonaerense ha firmado compromisos para sostener el acuerdo de precios para el mercado de petróleo y recientemente ha sumado un acuerdo similar para la producción de gas. Mediante esas metas, apunta a garantizar la continuidad de los precios que en el caso del golfo San Jorge oscilan los 60 dólares por barril, aunque una parte de la producción (que puede llegar a abarcar 3 cada 10 barriles) queda fuera de ese paraguas, debido a que van directamente a los mercados de exportación y son plenamente impactados por los precios bajos que hoy rigen en el mercado internacional.
Con todo, el bonaerense ha ratificado la decisión de sostener la política energética actual, basada en YPF como bandera en la búsqueda del auto abastecimiento y la reducción de la dependencia externa para garantizar el petróleo y gas que requiere el país (lo que a su vez significa sostener la actividad y los puestos de trabajo de la Patagonia petrolera, tan rica en recursos como pobre en cantidad de votos).
Tampoco es seguro que pueda conseguirlo. Es que el sostenimiento de los precios internos requiere de un esfuerzo fiscal al que las cuentas del país no tienen mucho margen para seguir soportando, por lo que más allá de los compromisos y los acuerdos de palabra, es difícil vislumbrar hasta cuándo y de qué modo podrían sostenerse esos programas de incentivo.
Tampoco es creíble que Scioli pueda garantizar lo contrario a la devaluación que el kirchnerismo atribuye con exclusividad a Macri. Ese efecto, que para muchos sería un blanqueo de lo que en realidad ocurre con la economía, impactaría muy duro en el sector laboral, porque en la práctica provoca una licuación de los salarios. Lo reconoció Daniel González, número dos de Galuccio en YPF, días atrás, en una conferencia con inversores, según puede leerse en el sitio especializado El Inversor Online:
“Estamos justo en el medio de dos elecciones y lo más prudente es esperar a conocer los resultados (del ballotage) dentro de pocas semanas”, indicó, admitiendo que esperan una aceleración de la devaluación de la moneda local, cualquiera sea el gobierno a partir del próximo 10 de diciembre. “Esperamos una devaluación (del peso) que siga el ritmo de la inflación real durante el año que viene. En el segmento del upstream –es decir, el vinculado a la extracción de petróleo-, un 70% de nuestros costos están definidos en pesos por lo que (en el caso de una devaluación) podríamos diluir nuestros costos”.
Es decir, desde la propia empresa nacional también se cree que habrá devaluación, sea con Macri o con Scioli.
Hay otra parte del diagnóstico a la que viene a auxiliarnos Aranguren. Y es la vinculada al esquema de subsisidios que todavía rige para el consumo de energía, particularmente de electricidad. En esto, al menos, no hace diferencias:
“A las tarifas las va a sincerar Scioli o Macri, no hay otra posibilidad de resolver el déficit fiscal que tiene la Argentina; si no dirigimos los subsidios a quienes lo necesitan y no a todo el mundo… cualquier país inteligente orienta el subsidio a los consumidores que lo necesitan”.
Recuerdo, ya en el final, al simpático Tomás Bullat, el economista trágicamente fallecido a principios de 2015. En una disertación brindada en Comodoro Rivadavia, a principios del año pasado, en la Sociedad Rural, indicó: “para empezar a resolver el déficit fiscal, que es el gran agujero que amenaza al país, el gobierno tiene que desmontar el esquema de subsidios a la energía. Eso sí –remató el Pelado, con una sonrisa-: lo tendría que hacer desde Ezeiza, porque anuncia eso y tiene que salir corriendo”.
Una cosa queda clara. El país requiere decisiones complejas y esfuerzos racionales. Los dogmas, esta vez, no estarán allí para salvarnos.

(Fuente: Adn Sur)

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