QUEDAN DOS AÑOS POR DELANTE PARA DEFINIR EL DESTINO DEL PAÍS

Tiempo de oportunidades


El Diario | Opinion

ROMANAPor Orlando Vignatti*
Enero 2014- diciembre 2015. Comienza en breve tiempo un período donde el país definirá gran parte de su destino. Serán los dos últimos años de gestión de Cristina de Kirchner, con el desafío de convertirse en la primera jefa de Estado desde el retorno de la democracia en terminar su mandato con un período de tranquilidad política y económica (aún con dificultades y problemas serios a resolver); o, por el contrario, serán dos años tormentosos y donde las actuales amenazas en ambos terrenos se profundicen hasta convertirse en crisis. La respuesta no nacerá únicamente de lo que la jefa de Estado y su núcleo duro de asesores y gestores diseñen como políticas activas y soluciones a esas dificultades, sino además de cómo toda una clase dirigente quiera encarar este período de kirchnerismo puro en el poder.
Serán además dos años donde Cristina de Kirchner deberá diseñar cuál será su sucesor y su apuesta electoral para el período que la sucederá; como así también el tiempo en que la oposición fragmentada en múltiples posiciones busca encuadrarse en propuestas serias que, más allá de posiciones electorales de medio tiempo, realmente se conviertan en propuestas de gobierno serias y con posibilidades de gestionar.
Serán 24 meses de necesaria gestación de una nueva clase política, o como mínimo de reacomodamiento de muchos dirigentes que hoy tienen responsabilidades directas ejecutivas o legislativas; que en dos años derivarán en otras responsabilidades. Muchos hombres que hoy vemos como proyectos de próximos gobiernos a nivel nacional, provincial o municipal, se consolidarán. Otros fracasarán en su intento y desaparecerán, al menos por un tiempo. Otros se aliarán con algunos a los que se les verá más futuro. Y otros tendrán en estos dos años, un período cumplido. En definitiva, muchas caras que hoy están en la gestión, estarán viviendo sus últimos meses en roles clave; y otras, hoy en posiciones más expectantes, verán crecer su imagen hasta convertirse en los próximos responsables de conducir los destinos del país. En este criterio se nombran tanto políticos, como economistas, juristas, legisladores o simples ciudadanos. Será también el tiempo de grandes fracasos, de dirigentes que hoy pueden perfilarse como los grandes ganadores de los procesos electorales de 2015, para luego desinflarse hasta convertirse en los perdedores de ese momento hoy lejano para algunos y cercano para otros.
Son estos períodos de tiempo, donde los países cierran un ciclo e inauguran otro. Son procesos de gestación y muerte. Donde algunas propuestas, ideas y proyectos se desarrollarán y cobrarán fuerza hasta convertirse en políticas activas que influirán en la vida de todos los argentinos; y otras, quizás hoy con mayor marketing y hasta aceptación, terminen a un costado.
En economía estratégica, son dos años donde el gobierno de Cristina de Kirchner debe procurar fortalecer (y en algunos casos directamente reparar) el tan mentado «clima de negocios», que puede ser definido de manera más simple como la necesidad de generar «confianza» en el inversor; tanto para el de corto, mediano o largo plazo.
Son tiempos además de encarar los grandes problemas irresueltos, que para que ese futuro que debe desarrollarse en estos dos años pueda tener lugar, deben solucionarse. El primero es la inflación, que cada día daña más la calidad de vida de los ciudadanos. Otro es el retorno del país al sistema financiero internacional, en condiciones y términos que la Argentina necesite y le resulte positivo para su futuro; abandonando tiempos pasados donde el endeudamiento crónico e irresponsable dañó el porvenir de varias generaciones. Serán tiempos de recomposición de las relaciones entre el país y los organismos financieros de crédito (FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Club de Paris) también en términos y condiciones que le convengan al desarrollo sustentable de la Nación, y no ya a una simple seguidilla de un espiral interminable de acumulación de pasivos que le hagan perder al país su soberanía económica.
Son también tiempos de reapertura comercial al mundo, dejando atrás el error de creer que cerrándose a las oportunidades que ofrece un planeta globalizado vendría el desarrollo.
Pero también cuidando a la estructura productiva industrial argentina de abrirse de par en par a un mundo plagado de intentos de dumping y productos baratos fruto de una economía en crisis que de ingresar sin mayores precauciones al mercado interno sólo provocarían más desempleo y procesos de crisis social.
Será el tiempo de repensar políticas impositivas, políticas agropecuarias y planes de obras públicas. Serán 24 meses de revisión de políticas de seguridad y protección del individuo; así como un período donde el estado debe terminar de resolver la absurda disparidad de derechos entre los que protestan con razón o sin ella, pero eligen entrar en colisión con otros derechos como el de circular.
Una oportunidad. En definitiva, eso es lo que tendrá Argentina en estos 24 meses. Una oportunidad para completar en paz y estabilidad económica y política un proceso al que constitucionalmente le restan dos años y que debe gestionar con fuerza como los primeros. Oportunidad para solucionar los dos mayores problemas económicos que tiene hoy el país, y que no deben ser herencia pesada del presidente que se geste en las elecciones de 2015. Hablamos de la inflación y del problemas del tipo de cambio, cuestiones a las que ya sin eufemismos debe enfrentarse como problemas serios a solucionar.
Es una ocasión además para reparar errores como el cierre voluntario del comercio al mundo y sus oportunidades; de volver, pero con responsabilidad a un sistema financiero que ofrece, con prudencia, oportunidades; y de terminar de confeccionar una política industrial que realmente pueda servir de plataforma productiva a un país con futuro.
En definitiva, un escenario que clama del compromiso de todos, y sobre todo del periodismo.

*Presidente del diario Ámbito Financiero


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