El cine que nos espera

Por Javier Arias
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¿Se acuerdan cuando era una novedad las películas 3D? Pasaron mil años parece, pero no tanto, apenas quince. Y, obvio, ya hay quienes van a ver esas películas sin saber que existió un tiempo que eran sólo un sueño alocado de los productores.
En este contexto, es bueno saber que el primer inventor en patentar un dispositivo que combinaba la visualización de dos imágenes en una –logrando lo que se llama el efecto estereoscópico o 3D- fue el inglés William Friese Greene allá por el año 1894… No, no me equivoqué, no fue en 1984, sino en 1894, en el siglo XIX, y es considerado, por lógica irrefutable, el precursor de esta tecnología.
Pero tuvieron que pasar unos cuántos años antes que otro loco como el bueno de Guillermito se pusiera las pilas y lograra algo medianamente digno como para no dormirse al minuto y medio. ¿Y qué mejor que filmar en 3D el espectáculo de unas cuantas chicas bailando en las cataratas del Niágara? Ese fue el primer film estereoscópico que se presentó en público en el Astor Theather de Nueva York en 1915, eso sí, cada espectador debía llevar los famosos anteojitos de papel con un ojo color rojo y el otro, azul. Igual eso fue medio de queruza y gratarola, recién en 1922 se proyectó “The Power of Love” en el Ambassador Hotel Theater en Los Angeles, donde para entrar “poniendo estaba la gansa” como diría el Manosanta.
Y si hablamos de primeros, el primer estudio que empezó a ganar guita con esto del 3D fue la Columbia Pictures, con la película “Man in the Dark” de 1953 que era en realidad un remake de la anterior “The Man Who Lived Twice” de 1936, pero, obviamente, con anteojitos. Atrás vino la Warner, que estrenó ese mismo año “House of Wax” –conocida internacionalmente como “Museo de Cera”- que fue la primera película, además, en colores y con sonido estereofónico. Sin contar que fue el lanzamiento internacional, incuestionable y para siempre, de Vincent Price como el amo del terror.
Fue con estas dos películas –y esta tecnología- que los grandes estudios encontraron la forma de recuperar la diáspora de espectadores que la televisión les estaba arrebatando, de hecho, iniciaron lo que se conoce como la Edad de Oro del cine 3D, aunque hoy, nuestros hijos, no lo crean. Igual duró poco la tan mentada Edad de Oro, en el 55 se pudrieron de tener que ver todo a través de plastiquitos rojos y azules.
Pero si hablamos de plata, la película más rentable de toda la historia filmada en 3D fue la comedia erótica “The Stewardesses” –“Las azafatas” en castellano- considerada la primera película softcore en 3D, estrenada en 1969, que costó cien mil dólares producirla y rindió más de treinta millones en las boleterías; un buen negocio, ¿no?
Pero, volviendo al cine familiar, podemos mencionar como buena inversión la de Robert Zemeckis con “Los fantasmas de Scrooge”, que en el 2009 costó 200 millones de dólares, transformándose en la animación 3D más cara de la historia, pero que recuperó más de trescientos veintitrés millones en todo el mundo, una bicoca.
Un año después fue el lanzamiento 3D de dos de las películas más esperadas, “Alicia en el País de las Maravillas” de Tim Burton y “Avatar” de Cameron, y aunque la primera recaudó más, cerca de los ciento veinte millones de dólares nada más que el día de su lanzamiento, definitivamente la obra del autor de Tiburón, que en estos días pudimos ver por estos lares, en 3D y extendida, tuvo un resultado superior.
Hasta acá la historia, estimado lector, ahora es tiempo de seguir disfrutando del buen cine, en dos de, tres des o las que vengan, que la idea es sentarse y dejarse engañar por ese lente mágico de veinticuatro cuadros por segundo y mil historias que contar.

Nota del autor: Información recogida de las páginas http://www.beembee.com/2010/10-facts-about-3d-movies

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