Los coletazos de la salida de Lavagna

Se fue Marcos Lavagna del Indec y se postergó la aplicación del nuevo índice para medir la inflación, ¿o fue al revés? El dilema del huevo y la gallina desató en la city porteña, ese barómetro centralista que hace mella en todo el país, una gigantesca ola de críticas. Desde “desprolijo” hasta “tonto y peligroso”, con todos los grises posibles son los epítetos que se escucharon.
Hasta Melconian afirmó: “Salvo que me esté perdiendo algo que no sé, una vez más el Gobierno comete el pecado de tener una infantería comunicacional y comunicar mal”. Aunque reconoció que existían argumentos para postergar la aplicación del nuevo índice, porque siempre es culpa de la gestión anterior: “Había que hacerlo por la atrocidad cometida con las tarifas públicas durante los diez años previos”.
El economista Ariel Coremberg, profesor de la UBA, Udesa y Ucema, y director del Centro de Estudios de la Productividad, tampoco se quedó callado, en su cuenta de X escribió: “El Indec debería ser un organismo autárquico e independiente de los gobiernos, con su titular designado por concurso y un consejo consultivo que establezca su plan de trabajo. Sostener la credibilidad es fundamental”.
Lo que es seguro, es que el Indec sigue siendo la comidilla de cualquier analista que se precie y como a la gata Flora, no termina de conformar a nadie, sea del color que sea, ah, no esa era la mona, que se vestía de seda.

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