Los gatos llegaron a Europa gracias a los romanos

The muzzle of a cat close-up. The striped smooth-haired European domestic cat looks right into the frame.

Aunque las numerosas representaciones del arte figurativo egipcio y algunos hallazgos arqueológicos aún más antiguos atestiguan una relación entre el ser humano y el gato que podría remontarse a unos 10 000 años antes de Cristo, todavía se desconoce con exactitud cuándo y dónde ocurrió la primera domesticación. No obstante, un estudio de paleogenómica dirigido por la Universidad de Roma Tor Vergata aporta una pieza clave al rompecabezas de la historia felina. El equipo analizó 87 genomas de gatos antiguos y modernos y encontró indicios de que el gato doméstico llegó a Europa hace apenas unos 2 000 años, durante la época imperial romana, mucho más tarde de lo que se había supuesto hasta ahora.

ADN contra ADN

«Hasta ahora pensábamos que los gatos domésticos llegaron a Europa en el periodo Neolítico, siguiendo a poblaciones de agricultores procedentes de Anatolia, la actual Turquía», explica Marco De Martino, autor principal del nuevo estudio publicado en la revista Science y miembro del Proyecto Félix, una iniciativa que busca resolver cuestiones pendientes sobre la domesticación de los gatos. «La hipótesis se basaba en los resultados de investigaciones realizadas sobre ADN antiguo contenido en orgánulos celulares llamados mitocondrias. Este material genético está presente en numerosas copias en cada célula, y su amplia disponibilidad llevó a elegir su análisis como método de investigación de artefactos antiguos en el pasado».

Sin embargo, existen algunas limitaciones, principalmente respecto a la información que puede obtenerse del material. Baste decir que el ADN mitocondrial del gato doméstico consta de unos 17,000 nucleótidos, mientras que el ADN nuclear, es decir, el contenido en el núcleo celular, tiene más de 2,500 millones. Además, el ADN mitocondrial se transmite exclusivamente por vía materna. Al analizar únicamente el mitocondrial de los restos felinos más antiguos hallados en Europa, los investigadores habían observado la presencia de líneas genéticas procedentes del gato salvaje africano (Felis l. lybica), reconocido como el antepasado del gato doméstico actual. Al encontrar estas «firmas» fuera del área de distribución del gato salvaje africano, dedujeron que esos restos pertenecían a gatos domésticos que seguían a los agricultores de la Anatolia neolítica.

«Los resultados de nuestro último estudio, sin embargo, refutan esta hipótesis. Esta vez analizamos tanto el ADN nuclear de las mismas muestras utilizadas en los estudios mitocondriales como el de gatos de la era moderna y, sorprendentemente, resultó que no se trataba de gatos domésticos, sino de gatos monteses europeos, una especie claramente distinta, genéticamente, tanto del gato montés africano como del gato doméstico», señala De Martino. No obstante, aclara el autor, los datos del ADN mitocondrial no eran erróneos: «Nuestra hipótesis es que estos antiguos felinos son, a todos los efectos, gatos monteses europeos, pero sus antepasados, probablemente miles de años antes, se encontraron y cruzaron con gatos monteses africanos, quizá en una zona fronteriza entre sus áreas de distribución en Oriente Próximo y Oriente Medio». Por eso las mitocondrias conservaban ADN de los gatos salvajes africanos.

Esto significa que la historia del gato doméstico en Europa es bastante diferente de lo que se creía hasta ahora. Según los nuevos análisis paleogenéticos, los hallazgos más antiguos que pueden atribuirse con certeza al gato doméstico en Europa se remontan al primer milenio d. C., hace unos 2 000 años, durante el Imperio romano. «La introducción del gato doméstico en Europa parte del norte de África, y no del Levante, como se suponía anteriormente, y se desplaza varios miles de años adelante en el tiempo. Desde entonces, la dispersión de la especie ha sido bastante rápida», señala De Martino. Añade que tienen pruebas de especímenes encontrados en distintas regiones del continente, tan lejos como Gran Bretaña. Es probable que los gatos se desplazaran con facilidad gracias a la densa red comercial de la época imperial y siguiendo al ejército y a las personas que acompañaban a los soldados.

«Tenemos una muestra genética procedente de un hallazgo arqueológico en Cerdeña que es única. Es diferente tanto del gato salvaje europeo como de otros genomas antiguos de felinos domésticos introducidos posteriormente. Creemos que puede ser el progenitor de la particular población actual de gatos salvajes de Cerdeña, que tiene más similitudes con el genoma de un gato salvaje de Marruecos», argumenta De Martino.

Según el investigador, esta «excepción» podría ser un indicio de que distintas poblaciones de gatos, en diferentes momentos de la historia, viajaron por el Mediterráneo siguiendo a los humanos: «Es posible que el origen del gato doméstico actual sea más complejo de lo que se pensaba, implicando a múltiples poblaciones y civilizaciones del norte de África».

Por su parte, Claudio Ottoni, coordinador del estudio, menciona: «Los gatos son una presencia tan constante en nuestras vidas que los damos por sentados. Sin embargo, su impacto es enorme: mueven economías, son un modelo para algunas investigaciones médicas, se utilizan en terapias con animales». Para los biólogos evolutivos, los animales y su domesticación son también un factor crucial en la revolución que llevó al hombre de cazador-recolector a agricultor. Por eso resulta tan interesante el estudio del proceso de domesticación de los animales: porque está estrechamente relacionado con nuestra propia historia.

«Se trata de una investigación muy compleja, con muchas interrogantes abiertas. Por ahora, la prueba más clara es la de la dispersión del gato doméstico en Europa desde el norte de África en el primer milenio d. C., presumiblemente desde el siglo I d. C.», prosigue Ottoni. Los investigadores están analizando el ADN de momias de gatos egipcios y otras muestras arqueológicas del continente africano. Desgraciadamente, este tipo de estudios está limitado tanto por la calidad del material genético, como por la posibilidad de acceder incluso a muestras modernas. Ottoni explica que los datos arqueológicos son complicados por la dispersión en el espacio y el tiempo, y por la dificultad de disponer de muestras suficientemente representativas. «Dependemos de la existencia de proyectos ecológicos, que no están tan extendidos, y afrontamos problemas de muestreo, ya que las especies salvajes modernas son muy esquivas, de baja densidad de población y viven en entornos difíciles».

«Como las esfinges, los gatos revelan sus secretos a regañadientes. Se necesita más ADN antiguo para desentrañar estos misterios del pasado», escribe el biólogo evolutivo estadounidense Jonathan B. Losos al comentar la investigación de De Martino.

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