COLUMNA DE OPINIÓN

Levantando el perfil presidencial



Por Rubén Zárate

Alberto Fernández retomó la iniciativa política levantando el perfil presidencial y sorprendió con dos anuncios que definen lo que viene: el envío a la legislatura para su tratamiento de un plan económico plurianual que incluye los términos del acuerdo con el FMI y el compromiso político para que los integrantes del Frente de Todos elijan de forma directa a sus candidatos en 2023.

Protagonistas y participativos.
El primer anuncio fue realizado la misma noche de las elecciones cuando ya eran de dominio público los resultados y se conocía como quedarían las relaciones de fuerza en senadores y diputados. El segundo lo realizó en el acto del Día de la Militancia en Plaza de Mayo siendo el único orador ante miles de personas pertenecientes a organizaciones sindicales, sociales y políticas de tradición peronista.

Carece de importancia la especulación sobre si ambos anuncios pueden ser solo respuestas de coyuntura ante resultados electorales adversos; el contexto y la amplitud de las audiencias en las que fueron realizados garantizan su perdurabilidad, tienen un innegable impacto sobre la política y las instituciones y abren un interrogante sobre cómo lo percibirán los ciudadanos.

La combinación y profundización de ambas iniciativas provocará una inevitable ampliación del campo de batalla en todos los frentes y un nuevo diseño en el funcionamiento del gobierno. Es probable que sean necesarios retoques ministeriales junto a un abordaje más federal en la construcción del poder político.

La segunda etapa del gobierno nace bajo el signo de un llamado a la movilización ciudadana y al debate sobre temas estructurales. Señala el emplazamiento irremediable de una aceleración exponencial que solo promete vértigo hasta 2023 a toda la dirigencia argentina, sea esta sindical, empresarial, social o política.

La iniciativa del senador Oscar Parrilli (FdT) para modificar en estas semanas la ley 25.432 con el objeto de facilitar las convocatorias a consulta popular vinculante va en ese camino. Recordar que esta ley fue sancionada en 2001 no es solo un dato de color.

Deuda con el FMI y plan plurianual.
Las dudas sobre la solidez de esta decisión la despejó inmediatamente el titular de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados, Carlos Heller, cuando frenó el tratamiento del presupuesto 2022 indicando que «Parece muy difícil tratar el presupuesto sin tener previamente resuelto cómo se va a encaminar el problema del endeudamiento sin sentido heredado y por lo tanto, supongo que en el marco de ese tratamiento plurianual estarán dadas las condiciones para el tratamiento del presupuesto 2022».

La hipótesis de un acuerdo ¨standstill¨, donde el deudor se obliga a no caer en ¨default¨ y el acreedor se obliga a no emprender acciones o requerir de pagos al deudor hasta la finalización del proceso de negociación y reestructuración entró en un tiempo psicológico de descuento que no se puede basar solo en la innegable capacidad negociadora del Ministro Guzmán, perfeccionar el proceso va a requerir que los compromisos parciales sean explicitados a la sociedad y a los principales actores económicos, patriotas o no.

Por ahora Argentina evitó caer en ¨default¨ pagando en tiempo. Entre las PASO y las elecciones el Ministerio de Economía comunicó el pago de U$ 390 millones de dólares como parte de los intereses, alcanzando el monto de U$ 2.470 millones de dólares en intereses hasta ahora, con el compromiso de cancelar en diciembre otros U$1.880 millones más.

Pero estos datos son apenas una muestra, en la suma de todo 2022 hay 24 vencimientos por capital, intereses y sobrecargos que suman un total de U$ 19.115 millones; y en 2023, por otros U$ 19.367 millones. Imposible pagarlos sin provocar más sufrimiento al pueblo argentino, esos millones de dólares no se pueden dejar de contrastar con los 5.900.000 niños y niñas de hasta 14 años que sufrieron la pandemia bajo el nivel de la pobreza.

La salud de la República exige enfrentar este debate de forma integral. Las decisiones del gobierno de Juntos por el Cambio sobre endeudamiento no se basaron sólo en aspectos técnico-contables y de ninguna manera pueden explicarse sólo por motivos de política monetaria.

La decisión presidencial es audaz pero necesaria, da cuenta de la necesidad ciudadana de ventilar causas, responsables, métodos y consecuencias en un amplio debate nacional que además de abordar los problemas económicos del presente siente las bases para que se eviten estas formas de endeudamiento en el futuro.

Lustrando el bastón de mariscal
«Mi mayor aspiración es que en el año 2023 desde el último concejal hasta el presidente lo elijan primero los compañeros del Frente de Todos» dijo el presidente Fernández, arrancando uno de los aplausos más entusiastas del acto del Día de la Militancia, anunciando el fin de un método de cierre de listas que, medida en votos, fue perdiendo eficacia.

Pero, todo indica que renovar en el siglo XXI la promesa fundacional que cada peronista lleva en su mochila el bastón de mariscal no podrá reducirse a un mero procedimiento electoral, el desafío de institucionalización de la fuerza política no podrá evitarse si se busca fortalecerla.

El resultado de las elecciones aceleró en el Frente de Todos la necesidad de abordar los métodos de organización interna antes que se inicie la disputa por las candidaturas en 2023 ya que el modo en que se resuelva también es un problema de gobierno.

Sin embargo, no es un problema exclusivo del Frente de Todos, en esta fase de la democracia todas las fuerzas políticas son modificadas por las nuevas condiciones ciudadanas, desde la izquierda trotskista más ortodoxa que dirimió en las PASO sus liderazgos a Juntos por el Cambio que para mantener el mismo porcentaje electoral empezó un proceso de transformación interna cada vez más incierto para sus dirigentes históricos.

El futuro será de quien se proponga interpretar mejor las profundas dinámicas de cambio de la estructura social y económica considerando cómo solucionar entre otros aspectos, el crecimiento de la vulnerabilidad social, la crisis de empleabilidad, las condiciones del crecimiento productivo y el acceso más universal a la economía del conocimiento sin perder soberanía.

Será también de quien encuentre las mejores respuestas a una cultura política emergente, enérgica y creativa que lleva la marca de la diversidad ciudadana y que, sobre todo, decidió revisar de forma profunda las identidades políticas forjadas en el siglo XX. Si las categorías Patria y Estado Nacional tienen vigencia como fue señalado en estos días, éstas deberán ser redefinidas para responder con precisión a los desafíos de la época.

Es un tiempo de aceleración exponencial de los cambios donde la política como praxis social pone en riesgo la capacidad de representación de los políticos profesionales, afectando tanto su eficacia electoral como su legitimidad para gobernar. No es una crisis de la política, es una notable inestabilidad de una de las formas de abordarla, que insiste en confundirla con la administración.

El análisis sociológico y antropológico ha vuelto a ser valioso para la praxis política y el poder, pero asumirlo exige sumergirse en el riesgo de lo complejo, la actual situación expulsa cada vez más rápido a los simplificadores.

*Rubén Zárate es Profesor Titular e Investigador Categoría I del Instituto de Economía, Trabajo y Territorio de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral


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