HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

En busca de la buena fortuna


Parte1:
Alguna vez, en esta columneja, me dediqué a hablar de la buena y la mala suerte y los símbolos que representan a cada una. Hoy estaba a punto de ponerme a escribir y, vaya uno a saber por qué extraña razón, recordé ese texto y me di cuenta que había dejado trunca una parte importante de todo acercamiento q este tipo de temas, los amuletos y talismanes. Extraños artefactos que, por sí solos, pueden darnos el poder de sortear los charcos sin mojarnos y cualquier otro obstáculo que la vida tenga a bien –o mal- ponernos en nuestro camino. Porque, como decía mi abuela, nadie cree en las brujas, pero que las hay, las hay. O me va a decir, estimado lector, que nunca tuvo una remera de la suerte, ¿o un pañuelo de la buena fortuna o un anillo que se cambia de dedo depende cómo sople el viento? Por más que no queramos confesarlo siempre hay alguna pequeña martingala a la cual recurrimos cuando nadie nos está viendo.
Pero la cosa no es tan fácil, dicen los que saben que para que ese amuleto tenga efecto, hay que creer en él, no todo es soplar y hacer botellas, la fe mueve montañas y si hablamos de talismanes, al menos carga las pilas esotéricas.
Pero el tema de los amuletos tiene más años que la historia, y poniéndonos serios –aunque nadie nos tome como tal- podemos decir que, etimológicamente, es una palabra de origen latino, y que proviene de “amuletum”, que significa “apartar o alejar”, aunque también existe otro vertiente que señala que es de raíz árabe, viniendo de ”jamalet”, que significa “llevar contigo”.
Recuerdo que de chico siempre preguntaba por qué ese elefantito de porcelana sobre el piano tenía un billete enrollado en la trompa, hoy olvidé la respuesta paterna, pero puedo intuirla desde el punto que ese bicho trompudo simboliza la atracción de la buena fortuna o de la suerte, y si le ponemos unos morlacos en la napia, es medio obvio su motivo. También dicen que sabe proteger el ámbito de trabajo y es una figura adecuada para beneficiar a la familia. Pero como tener un paquidermo en el jardín se hace medio engorroso se aconseja comprar uno de porcelana para poner, justamente, sobre el piano del comedor. Si no se tiene piano, no se preocupe, querido lector, que la fortuna que nos traerá el elefante nos dará la posibilidad de comprar uno. También dicen que trae suerte en los juegos de azar, será por eso que está prohibido entrar con uno al casino.
Otro pajarraco afortunado es, indudablemente, la lechuza. Según cuentan, son grandes protectoras contra las energías negativas. Si usted no cree en esas cosas de las energías, sepa que también aseguran que estas aves ayudan a la intuición, especialmente cuando se trata de plata, por eso recomiendan llevar unos de estos pajarracos si estamos a punto de cerrar un negocio importante, aunque personalmente eso de llevar una lechuza a las reuniones de negocios no lo veo como algo muy positivo, a menos, por supuesto, que uno se un personaje de algún libro de Harry Potter, pero eso ya sería un problema aparte.
Otro bicho que trae suerte, siempre en estos términos tan alejados de las comprobaciones científicas, es la rana. Dice la leyenda que si una rana salta dentro de una casa, es presagio de buena suerte, no se le ocurra espantarla, hay que dejarla que se vaya sola. En el caso que la rana se afinque y tome cierta predilección por su sillón favorita, usted decidirá, si se arriesga a una mala suerte galopante o adopta al batracio y lo llama Catalina.
También ponen en esta categoría al delfín, pero, personalmente, ya me parece mucho andar con un mamífero marino encima.
Pero, ¿cómo hablar de amuletos y dejar de lado a la fiel herradura? Antiguo protector del hogar, colgada siempre sobre la puerta de entrada y con las puntas hacia abajo. Pero no sea distraído, que para que tenga efecto debe tener siete agujeros, usadas, no nuevas y haber sido encontradas de forma casual. ¿Quién dijo que la fortuna eterna es fácil?
Y pasando al reino vegetal, es sabido que el laurel tiene también poderes especiales, y no hablo de darle sabor a las salsas, sino que, según la tradición occidental, limpia la energía negativa y la convierte en positiva. Dicen que hay que poner las hojas detrás de la puerta principal de la casa o dónde tenga que pasar todo el mundo que quiera acceder a nuestro hogar. Me imagino que debe servir también como aromatizante, ¿no?
¿Y el trébol de cuatro hojas? Dicen que anuncian buenas noticias a quien los encuentran. Pero, por la cantidad que encuentra a diario mi hija en el jardín de adelante, mejor que me prepare para una andanada de noticias, eso o tengo una extraña mutación de trébol en mi casa.
Hasta acá, algunos de los amuletos más conocidos, le prometo para la semana que viene, tenerle listo un compendio de los mejores talismanes. Eso sí, si después se gana la lotería por leer esta columna, no se haga el pavo y pase por casa con un regalito.

Nota del autor: Información recogida de la página http://todointeresante.wordpress.com

Por Javier Arias
[email protected]


NEWSLETTER

Mantenete actualizado


COMENTARIOS