¿Quién se quedará con la Casa Blanca?


El Diario | Opinion

*Por Gabriel Michi

En el Día «D» todo es incertidumbre sobre el resultado de las elecciones presidenciales en los EE.UU. ¿Qué chances tienen de ganar Trump y Biden? ¿Qué probabilidades les asignan las encuestas y las apuestas? ¿Qué diferencia hay hoy con respecto al escenario de 2016?

El nerviosismo gana las calles en los Estados Unidos. Y también las miradas urgentes están en el resto del Mundo. Porque del resultado electoral que surja este 3 de noviembre depende el destino de la principal potencia y del resto del Planeta. Pero ¿qué pasará en el Día «D»? ¿Quién ganará la contienda? ¿Será Donald Trump o Joe Biden? ¿Quién se quedará con el poder en la Casa Blanca?

Según una proyección matemática realizada en base al promedio de las encuestas en todo los EEUU, Biden tiene un 85% de chances de ganar la elección, contra un 15% de Trump. Según RealClearPolitics, si se toman todos los sondeos nacionales, hoy el demócrata cosecharía el 51,2% del total de votos y el republicano se alzaría con el 44%. Es decir que, a nivel país, el primero le sacaría 7,2 puntos al segundo. Para el sitio Fivethirtyeight esa diferencia sería mayor: 8,4 puntos, ya que Biden se quedaría con el 51,8% de los sufragios y Trump con el 43,4%. Sin embargo nadie ignora que el denominado «voto popular», o sea, el voto de los ciudadanos, no es el que define la elección sino que son los electores que conforman el Colegio Electoral que aportan los Estados. Y allí asoma el fantasma de lo ocurrido en 2016 con Hillary Clinton, quien pese a haber sacado 2,8 millones de votos más que Trump, el republicano terminó ganando en el número de electores y así llegó a la Casa Blanca.

Y eso se dio pese a lo que señalaban previamente las encuestas, que mostraban como triunfante a la candidata demócrata. Sin embargo, hay algo que es distinto en cuanto a aquel escenario. En 2016 la mayoría de los sondeos daban un margen menor a la ex Primera Dama sobre el magnate. Hoy Biden le lleva más diferencia a Trump. No había semejante distancia desde la primera elección de Barack Obama, en 2008, como candidato a Presidente.

Otra diferencia radica en que en algunos de esos Estados «Swing» o pendulares, la ventaja del ex vicepresidente Biden, es mayor que la que mantenía Hillary. Así ocurrió por ejemplo en Wisconsin, Michigan y, eventualmente, en una de las llaves de estos comicios: Pensilvania. Eso sin contar que Minnesota (donde en 2016 estuvo muy parejo): hoy aparece claramente inclinado por Biden. Hay que ver qué ocurre en otros de estos Estados cambiantes como Arizona, Ohio, Iowa, Georgia, Carolina del Norte y -la perla de todas las elecciones- Florida. Pero aún perdiendo en estos últimos 6 distritos al demócrata aún le queda resto para imponerse sobre Trump.

Es cierto que en los últimos días en esos Estados pendulares, Trump ha ganado terreno. Algo que ocurrió también en 2016. Y eso fue decisivo en el resultado final. Pese a ese fantasma que se ciñe sobre los demócratas vale decir que en aquel entonces el apoyo que reunía Hillary Clinton estaba por debajo del 50% de los votantes y ahora el panorama para Biden es diferente, con una base superior a la de su antecesora en las candidatura.

Hagan sus apuestas

Así como el cálculo matemático de las encuestas le asignan un 85% de triunfo a Biden, contra el 15% de Trump, el mundo de las apuestas también colocan al demócrata como favorito a ganar las elecciones. Pero con un margen menor. El 65% apuesta a que el ex vicepresidente de Obama se quedará con la Casa Blanca, contra el 35% que aporta por la opción del magnate.

Incluso las principales agencias de apuestas políticas se sorprendieron con el nivel de convocatoria alcanzado en la previa a estos comicios. De hecho, dicen que puede tocar niveles récord que superarán a cualquier otra disciplina. Lo describen como «el evento de apuestas más grande de todos los tiempos». A tal punto que se sostiene que alcanzarán los 1.300 millones de dólares a nivel mundial.

Es más: Una persona llegó a apostar 1,3 millones de dólares por Joe Biden. Y si finalmente gana el demócrata, se llevará casi 1,7 millones, una ganancia neta de 400.000 dólares. Es la mayor apuesta política de todos los tiempos y de la que se tenga memoria. Vale decir que la mayor cantidad de arriesgados a está insólita modalidad de intentar ganar dinero ocurre fuera de los EE.UU. (sobre todo en el Reino Unido) ya que en el territorio en disputa están prohibidas estas actividades en torno a la política.

La única certeza es la incertidumbre

A toda esa incertidumbre se suma la actitud tomada por el propio Trump de poner en duda la transparencia de la elección. Y sus acusaciones permanentes contra el voto por correo. El actual inquilino de la Casa Blanca sabe que las encuestas indican que el histórico voto anticipado de este 2020, que superó los 100 millones de participantes (por correo o en forma presencial), no lo favorece y que la mayoría de los que ya sufragaron lo habrían hecho por el Partido Demócrata. Por múltiples factores, pero sobre todo por el efecto de la Pandemia de COVID 19, que tanto dejó en off-side a su Administración. La idea de evitar las aglomeraciones para evitar los contagios de Coronavirus movilizó en forma anticipada a los votantes como nunca había ocurrido en la Historia. Y allí quienes más se inclinaron por esta opción fueron, según los sondeos de opinión pública, los demócratas que tuvieron una actitud más responsable y preventiva que los republicanos, quizás por las posiciones y actitudes que adoptaron frente a la Pandemia sus líderes.

Como gran parte de esos votos anticipados van a «abrirse» recién después de que comience el recuento de los votos presenciales de este 3 de noviembre, es muy probable que en la madrugada no se conozca quién es el ganador. Y hay quienes sostienen que quizás eso demore varios días. Incluso hay quienes hablan de semanas. Frente a eso -y sabiendo que el voto anticipado no lo favorece- es que hace tiempo Trump ha disparado esas dudas y amenaza incluso con judicializarlo, llevándolo hasta el Supremo Tribunal donde hay una mayoría conservadora que lo favorece.

En la recta final de la campaña presidencial, el actual inquilino de la Casa Blanca volvió a la carga: “La elección debería terminar el 3 de noviembre, no semanas más tarde”, tuiteó. Apuesta claro a instalar las sospechas y a que, como señalan las encuestas, este 3 de noviembre van a ser más los republicanos que se acerquen a las urnas. Y esos votos presenciales son los primeros que se van a conocer. Por lo que va a intentar darse por ganador en la misma noche-madrugada de la contienda. Y después, si la cosa se da vuelta, insistirá con sus denuncias. Lo que es muy peligroso para el sistema democrático. Pero es Donald Trump. Y eso no debe sorprender.

*Por Gabriel Michi – Mundo News

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