Página de cuento 806

La Historia – Parte 4


El Diario | Contra Tapa

Por Carlos Alberto Nacher
[email protected]

Esta mañana Atram me recibió en el laboratorio con un espléndido licuado de grosellas sintético y tostadas de pan fabricado en base a la destilación de carbohidratos.
La fiesta había sido larga y extenuante, con una excesiva ingesta de bebidas y alimentos de tercer orden, que nos llevó a un frenesí solamente modulado por el movimiento de un extraño baile que habían inventado algunas de las chicas.
No recuerdo en qué momento caí, presa de un desmayo inesperado, y así me desperté, en el piso, con un terrible dolor de cabeza, a un horario ta inusual como tardío.
Salí de la sala, me di un baño rápido que me ayudó a recuperar la cordura, y me fui al laboratorio.
Como siempre, tenemos mucho trabajo, en este caso, un nuevo fragmento a analizar, encontrado la semana pasada, ya decodificado.
Sin embargo, muy dentro de mi me pregunto si todo este esfuerzo es tan necesario, si el conocimiento del pasado justifica tantas vidas dedicadas absolutamente a ello. Y cada vez con más fuerza, mi respuesta es sí, es fundamental, es imperante tener esos recuerdos, es decir, reconstruir una historia devorada por las fauces de los siglos, de los milenios. Nada sabemos de los sucesos anteriores a aquel fatídico 2020 y su ola de catástrofes que acabaron con prácticamente toda la humanidad, salvo unos pocos, muy pocos. No tenemos aquellos recuerdos, y si no hay recuerdos, no hay existencia. El mundo entero, sus habitantes, sus amores, sus peleas, sus guerras, sus paces, carecen de sentido, se extinguen en el mar del olvido.
Y no sabemos nada de aquello.
Ahora, a partir de nuestras investigaciones arqueológicas y antropológicas, podemos inferir una pequeña, minúscula molécula de historia. De aquella es historia que, como leí en algún fragmente perdido, es la memoria colectiva de la humanidad.
No son solamente cosas que ocurrieron en un determinado momento y en un determinado orden: esa es la mínima condición del recuerdo, de la memoria; pero lo que reina en ese mundo de lo pasado, es la consecuencia, el resultado de cada acto, de cada suceso, la deriva de aquella guerra, el fluir de hechos que se asocian y se entrelazan entre sí como un río de agua limpia que va delineando a cada una de nosotras, quienes somos el resultado de todos y cada uno de aquellos sucesos.
Nosotras, en este 4020 contando los años según nos enseñaron las sobrevivientes, aunque no sabemos de dónde proviene esa numeración de años que, de todas formas, aceptamos sin siquiera cuestionarnos la razón, nosotras, somos la consecuencia de aquella historia que desconocemos.
Somos los restos humanos de una cultura multifacética, forjada por innumerables civilizaciones perdidas, donde convivían, de manera increíble para nosotras, hombres y mujeres, en un mismo entorno.
¿Y qué habrá sido de los hombres? ¿Existirán todavía, o se habrán extinguido?
Nada sabemos de ellos, desde hace siglos. Nunca, ninguna de nosotras, ha visto a alguno, ni siquiera en imágenes no reales, ya que nuestras líderes antiguas se esforzaron en desterrar todo recuerdo de ellos.
Recién ahora, que descubrimos bajo tierra esta biblioteca en ruinas, añosa de milenios, volvemos a recordar la presencia masculina en nuestra historia antigua.
Continuará…


COMENTARIOS

Comments are closed.