Del sainete criollo al meme político


Freud escribió que el humor es el mayor mecanismo de defensa del ser humano, un instrumento que permite equilibrar las emociones y elaborar las frustraciones. Claro está que los argentinos tenemos una profusa práctica de ello. Fue en la década de 1920, cuando el sainete criollo, alcanzó su máxima expresión en Argentina, caracterizado por reflejar las costumbres de la vida en los conventillos, agregando a los elementos humorísticos un conflicto sentimental y una nota trágica. El dato curioso, es que ese florecer se produjo precisamente en el transitar de la pandemia de la denominada “gripe española”, aquella que arrasó con un tercio de la población mundial. Siempre ha sido el arte, la creatividad, el vehículo de la expresión popular en su modalidad más consistente, siempre con un contenido humorístico. Será acaso el “meme”, la evolución del sainete. Después de todo el humor es indefectiblemente un mecanismo vital ante los malos momentos. Hasta en los funerales hay quienes ríen por no llorar. Sainete criollo, comedia burlesca, humor político y el menos estructurado “meme”, tienen un factor común, exponer el malestar popular. Si ese malhumor social es agitado, en lugar de ser aplacado con la racionalidad de quienes debemos decir verdad, entonces se corre el riesgo de ser instigadores de la violencia. Hoy los argentinos estamos una vez más en un contexto socio-económico-sanitario, donde hace falta una chispa para generar una implosión, por ello es necesario ser responsables en cómo comunicamos. No se trata de una verdad absoluta, porque el camino al conocimiento está plagado de verdades relativas, pero si uno ostenta una mínima cuota de poder, sería conveniente utilizarla en favor de la sociedad toda. Sin ánimo de censurar el humor como una expresión genuina del arte, vale recordar que la última vez que se ridiculizó a un presidente argentino al límite de la irreverencia, terminamos con un país en llamas. No es menos cierto que es mejor un pueblo que se ríe de su presidente, a que un presidente se ría de su pueblo, pero en Democracia corremos con una ventaja. Las urnas son, y siempre serán el camino correcto.


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