HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

¿Quién nos entiende? – Parte II


El Diario | Contra Tapa

Por Javier Arias
javierarias@eldigito.com

Hace una semana les aseguré, con una concienzuda y pormenorizada explicación, no me pida, atento lector, que vuelva a desarrollarla, que minga que hablamos todos el mismo idioma. El castellano bien podrá ser la lengua que nos hermana en Latinoamérica y España, pero esa es una verdad que se queda en los libros de texto, porque cuando uno sale a la calle se da cuenta de que en una de esas suena parecido, pero lo que se habla en Lima no es lo mismo que lo que se habla en Bogotá, ni mucho menos lo que se habla en Buenos Aires.
Y no me refiero a la clásica confusión con nuestros amigos españoles con la palabra “coger”, sino que las diferencias van más allá de una broma subida de tono. Dígame la verdad, estimado lector, ¿cuántas veces no se tentó de ponerle los subtítulos a esa película española que alquiló para el fin de semana?, o sea sincero, ¿viendo un film de México o Colombia, es capaz de retener cada uno de los diálogos o en medio de la trama se da vuelta y pregunta “qué dijo” con gesto de fastidio?
Es que vivimos una gran mentira, es necesario blanquear las cosas y decir, de una vez por todas, que nos querremos mucho, que nos pareceremos otro tanto, pero que cada uno habla como quiere y lo que quiere. Si no veamos otros ejemplos.
Si alguien le dice, caminando por las calles de Madryn, que tiene un chivo bárbaro, estoy seguro que no entenderá, como en Costa Rica, que su amigo le está diciendo que usted es un hombre mantenido por su mujer, sino que de la baranda voltea, ¿no? En cambio en Uruguay significa vómito y en Cuba, bicicleta. Por su parte en México, chivo es el dinero destinado a los gastos domésticos y en República Dominicana se refieren con este término a una estafa o fraude. Por su parte en Venezuela, chivo es una persona con un cargo importante e influencia política o social, pero en El Salvador ser chivo es ser agradable o bonito. ¡Que me cuelguen si entiendo cómo belines nos seguimos entendiendo!
Y si hablamos de “caña”, por estos pagos se piensa en bambú o en alcohol, al igual que en Colombia, que es una especie de ron. Aunque en Costa Rica y Cuba es sinónimo de la unidad monetaria, el colón y el peso respectivamente. En Bolivia significa borrachera y en España, dificultad, “el examen fue una caña” nos podrán decir a la salida de una universidad de Barcelona, aunque también se usa como equivalente a animación o a un vaso de cerveza. En Perú dispararon para cualquier lado y le dicen caña a los automóviles. Así no hay traductor que aguante.
Me da un poco de miedo meterme con la palabra “salado”, es que este término es una definición en sí mismo de la esquizofrenia de nuestro lenguaje. Mientras que en España significa algo gracioso, simpático y hasta chistoso, en Uruguay se trata de una cosa intensamente positiva o negativa. Afortunadamente se ponen de acuerdo en Costa Rica, Cuba, México, Guatemala, Perú, Rep. Dominicana, Nicaragua, Honduras, Puerto Rico, Colombia y Venezuela en definir a salado como a todo aquel desafortunado o con mala suerte. Pero en Argentina se refiere a algo muy caro o costoso.
El verbo “quemar” también se las trae. Fuera de la acepción avalada por el diccionario oficial, en Perú, Uruguay y Argentina significa disparar un arma de fuego, pero también en Argentina, Uruguay y Paraguay quiere decir delatar, anunciar un secreto a los cuatro vientos. A su vez, en Panamá –y por estos lares también- se usa para definir ser infiel y en México, Colombia y Perú, volver fastidioso o molesto algo que era original sólo a fuerza de repetirlo, “van a quemar esa canción si siguen tocándola cada cinco minutos”, como el dichoso Waka Waka de Shakira, ¡ay dios! En España quemar es hartar o fastidiar y en México, adquirir mala reputación. En Perú, quemar es contraer una enfermedad venérea, y por extensión, recibir una sorpresa desagradable, una decepción.
Nos quedarían un montón de ejemplos, como fajar, mamón, cachar, chiva, madrear, la mentada coger, polla, que no es la esposa del pollo, pegue, piruja y tantos otros. Pero creo que la idea ya está establecida. Sin lugar a dudas, atento lector, si nos seguimos entendiendo es sólo porque nos queremos mucho.
Al final de cuentas todo tiene que ver con el amor, ¿no?

Nota del autor: Datos extraídos de la página web http://www.jergasdehablahispana.org


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