Página de cuento 794

Kachavara For Ever – Parte 37


El Diario | Contra Tapa

Por Carlos Alberto Nacher
Cnacher1@hotmail.com

El capitán, al percatarse de nuestra ignorancia lingüística de la lengua originaria de él, se acercó un poco y tomándose de la baranda con las manos, con aire altivo, intentó hablarnos de manera más pausada.
“Uiuia uiuia aioaio. Aeaeaeaeae”
El capitán y toda su tripulación hablaban un lejano idioma compuesto sólo de vocales, en el que la inflexión definía de manera absoluta al significado. Por ejemplo, la palabra aiaiao tenía aproximadamente unos sesenta significados distintos, dependiendo de cómo se dijera. Incluso significaba antónimos: “aiaiao”, dicho así, quería decir “Te amo amor mío”, pero dicho de esta otra manera: “aiaiao”, su significado cambiaba drásticamente, y pasaba a significar “Pero por qué no te vas a freír churros”.
De todo esto pude enterarme luego, ya a salvo en el barco, lejos de los volcanes. Pero por el momento logramos conseguir un traductor. Uno de los sin orejas conocía el idioma Según nos relatara, había vivido muchos años en la Ciudad de Iaioiu, capital de la República Social Demócrata Neo Liberalista de Eaeoeu, lugar de origen de aquel ignoto barco. También supe, tiempo después, que a los eaeoeuenses les encantaban nuestras películas, motivo por el cual las velas del barco estaban ornamentadas con afiches de movies.
El sin orejas se adelantó a nosotros y, mirando al capitán, le dijo: “Ouaua uaua uaua, ¿aioaio?”
La lluvia de piedras incandescentes continuaba, una amatista al rojo agujereó una de las tantas velas, lo que puso en alerta al capitán, que largó una sarta de insultos de una sola vocal abierta, algo bastante guarango para su rango, pero muy justificado dada la situación.
Luego, le contestó al sin orejas: “ouauauauauauauauauaua”
El sin orejas volteó hacia nosotros, y nos tradujo:
“Suban de a uno. Primero el antecesor del consecuente o el sucesor del antecedente o el consecutor del sucedente. Segundo el consecuente del antecesor o el antecedente del sucesor o el sucedente del consecutor. Tercero el consecutente del prosecutor o el antececuente del sucecuente. Y así siguiendo. Como consecuencia de esta secuencia de sucesiones, podremos anteceder a todas las procedencias de los sucedentes sin causar demasiadas distorsiones. Vo no vieja, esperá ahí que te llame.”
Así fue señalado Arthur, quien se mostró un poco sorprendido, dada la situación terminal. La Tía Chola subió primero, luego el Montoya amaestrado, que se la pasaba silbando la marcha peronista, una música absolutamente desconocida para nosotros. Luego las chicas y los sin orejas, que eran tres. Luego Brigitte, Mahama, Tonia, Azizan y el tatú carreta, Fatimota, y un tal Ahmad Basim que se había incorporado al grupo a último momento. Luego subimos el carassius y yo. Por último, Arthur había quedado abajo, casi llorando, junto a su fiel chorizo colorado. El capitán dijo unas breves palabras, y el sin orejas tradujo rápido: “Ahora sí gato, subí que te llevo.”
Arthur, aferrando al chorizo con las dos manos, dio un solo salto y cayó en cubierta, casi sin tocar los escalones.
En ese mismo momento, una roca gigante, un ónix sanagastense grande como dos paracaídas abiertos, se incrustó en el mismo lugar donde nos encontrábamos un instante antes, quemando y destruyendo todo.
No quedaba nada de nuestra ciudad, ni siquiera su nombre dicho en voz alta.
Sólo un eco lejano, de un pasado que no volverá.
Continuará…


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