Página de cuento 772

Kachavara for ever – Parte 15


Por Carlos Alberto Nacher
[email protected]

“¿Sabes Brigitte? Toda esta conversación me ha despertado el apetito. ¿No quieres que encarguemos un delivery en la rotisería de la calle Emad Yousef al 1500? No sé si la conoces, pero si ese es el caso, te comento que preparan unos malvicinos a las brasas balmacedeados con un chimichurri a base de menta, jengibre, puré de porotos amazónicos y de postre albarracines negros con salsa de hongos dulce sazonada con chocolate africano derretido. ¿Qué te parece? ¿Nos pegamos un buen engorde o qué?”
“No sé Mahama, yo a esta altura de mi vida me la paso a zanahorias y zapallitos verdes hervidos. Tengo miedo de engordar y que los hombres y las mujeres no me quieran. Por otra parte, a mi me gustas así, con la silueta que tienes ahora. Si fueras una vaca, serías una vaca que tendría todo lo que una vaca exigente podría desear. Además, no puedo quitarme de la cabeza al estúpido de Anthony.”
“Es por eso mismo, my Darling, que te digo que nos demos un buen atracón con estas delicias y que nos tomemos alguna bebida de alta graduación alcohólica, así olvidamos, reímos, bailamos, lloramos, hablamos, miramos, abrazamos, y listo”
Lo demás, fue una conversación sin demasiado sentido que no vale la pena reproducir aquí. Se nos iría muy lejos el hilo principal de la historia (consejos para escritores noveles). Al final, pidieron el delivery.
Al rato, sonó el timbre del portero eléctrico. Era el delivery. Le abrieron la puerta principal. El delivery entró. La puerta se cerró sola por medio de un sistema de cierre hidráulico. Una motosierra a nafta sonó a lo lejos. Las plantas carnívoras giraron hacia la posición del delivery. El olor de los malvicinos calientes era muy tentador. Los carassius saltaban en los bebederos. Un perro ladró en la avenida. El delivery atravesó el lobby del edificio. Llegó al ascensor. Apretó el botón de llamada. Esperó 42 segundos. El ascensor llegó a la planta baja. Sonó una campanita electrónica y una voz sensual de mujer dijo “Planta baja”. Se abrió la puerta del ascensor. El delivery subió. Apretó el botón número 5. La puerta comenzó a cerrarse. Antes de cerrarse del todo, un pie con un zapato número 44 interrumpió el cierre y avanzó con todo el cuerpo dentro del ascensor. “¿Dónde va? Preguntó el delivery. “Al mismo piso que usted.” El hombre olía a whisky malo. En una mano llevaba un revólver y en la otra un kit de entrenamiento en Forrex. En el piso 2, un hombre estaba bebiendo del pico de la botella. En el piso 3, una pareja se besaba apasionadamente. En el piso 4, una mucama estaba juntando la ropa de cama. Llegaron al piso 5. El ascensor se detuvo. El delivery se paró frente a la puerta. Sonó la misma campana electrónica. La misma voz sensual dijo “Quinto piso”. La puerta se abrió. El delivery avanzó hacia el pasillo. Detrás de él, se colocó el misterioso zapato 44 junto con todo el resto de aquel ser. El delivery caminó, con los malvicinos tibios, hasta la puerta del quinto C. Golpeó la puerta. Brigitte abrió.Le pagó los malvicinos. El delivery le entregó el paquete. Brigitte le dijo buenas noches. El delivery la saludó. El hombre misterioso entró en otro departamento alejado. Dio un portazo. Se escucharon dos tiros. El delivery volvió a subir al ascensor. Apretó el botón que decía “Planta baja”. Antes de que la puerta se cerrase, el zapato 44 la volvió a trabar. Entró el resto del cuerpo. Olía a pólvora y a whisky malo. El ascensor bajó hasta la planta baja. Se detuvo. Sonó una campanita electrónica. Una voz de mujer sensual dijo “Planta baja”. Se abrió la puerta. Salieron ambos, el delivery de comida y el delivery de muerte. Pasaron por el lobby. Estaban los carassius y las plantas carnívoras. Abrieron la puerta principal del edificio. Salieron. Un perro ladró de nuevo.
Maldita rutina.
Continuará…


COMENTARIOS