HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

Entre píldoras y jarabes


El Diario | Contra Tapa

Por Javier Arias
javierarias@eldigito.com

Vivimos tiempos muy agitados, nuestros hijos toman como natural cosas que a nosotros nos parecen de lo más revolucionarias, las noticias pasan como aves perennes aunque sean de lo más calamitosas, los políticos renuncian a sus ideales con la misma rapidez que se amigan con viejos enemigos, las galletitas en forma de anillo no tienen el mismo gusto que antes. El mundo ha cambiado.
Por eso, a veces, uno debe tragar información como píldoras más que como jarabes memorables. Y, también a veces, esas píldoras son de lo más divertidas, vea.
Por ejemplo, atento lector, ¿usted sabe de dónde cornos sacan los nombres de pinturas las empresas de esmaltes sintéticos? ¿A quién se le puede ocurrir que un celeste cielo se llame “pasión de primavera”? ¿O que un amarillo patito evolucione mágicamente a “añoranza estival”? Bueno, no, no crea que yo acá le voy a dar la respuesta, es más, tengo la teoría de que esas empresas tienen un equipo creativo especializado únicamente en nominar a los verdes ingleses y a los rosas pálidos. Pero como no puedo darle respuestas sobre el particular, cambiaré de particular, fiel lector. Cuentan que allá por 1957, precisamente en una cena, a Jim Muir, a la sazón gerente de ventas de Wolverine World Wide Inc., le sirvieron unas pequeñas bolitas fritas de maíz conocidas en el sur del gran país del norte como «hush puppies». Ante nombre tan estrafalario el bueno de Jim preguntó a qué se debía que ese manjar pueblerino tuviera tan alocado epíteto. Su anfitrión, un granjero de la zona, le explicó que los paisanos locales usaban ésta comida para hacer callar a los perros que ladraban, o sea, cuando ladraban, le tiraban esas bolitas para que mantuvieran el hocico ocupado, en otras palabras, “hush, hush puppie”, una cosa así como “cállate pichicho”. A Muir no sólo le hizo gracia la anécdota, sino que pensó que era el nombre perfecto para un nuevo tipo de zapato de piel de cerdo que su compañía estaba desarrollando. ¿Y qué tiene que ver un zapato de chancho con los perros que ladran?, es que en Estados Unidos es común la frase “me ladran los perros” cuando duelen los pies, y los zapatos de Muir estaban justamente pensados para los pies doloridos, o “los perros ladradores”. Pero ahora que lo pienso, y si recuerdo la imagen de esa marca, el perro en cuestión no parece muy ladrador por cierto, ¿no?
Cambiando de tema, pero siguiendo con las palabras, el origen de muchas ellas son de lo más controvertido, como la historia de cuando Cristóbal Colón llegó por primera vez a Cuba y les preguntó a los nativos cómo se llamaban. En su lenguaje, ellos dijeron que eran gente de Caniba, una especie de dialecto de Caribe. Pero los colonizadores entendieron Caníbales, lo que trajo un sin fin de complicaciones, sin duda.
Pero si hablamos de muertes, la del emperador romano Claudio, es realmente curiosa. La cosa es que su esposa, una mina de lo más taimada, trató de envenenarlo con hongos ponzoñosos. Y aunque, paradójicamente hablando, su médico estaba cerca, Claudio terminó con la peor de las suertes. Viendo el cuadro de su paciente, su doctor intentó desesperadamente que vomitara, y lo primero que se le ocurrió fue hacerle cosquillas con una pluma de ave en la garganta. Claudio se ahogó con la pluma y murió de asfixia…
Y si hablamos de muertes idiotas, el pobre de Clement Vallandigham se lleva todos los laureles. Corría el año1871, y Clement era abogado. En pleno juicio trataba de demostrarle a un jurado que el disparo había sido accidental, tomó la pistola, la sostuvo igual como recreando la escena del crimen, y tiró del gatillo. La pistola estaba cargada.
Es que a veces la ficción supera a la realidad, y de hecho tendríamos que hacerle caso, digo, cuando nos deja mensajes que dejamos pasar como ceniza bajo nuestras puertas. Como fue el caso de Ronald Reagan, el ex presidente de los Estados Unidos. Usted, atento lector, recordará que antes de hacer tantos estropicios al mando de tan poderosa nación fue un mediocre actor. Es más, en 1964, cuando lo llamaron para hacer el casting de la película “The Best Man”, fue rechazado porque “no tenía apariencia de presidente”. Alguien se ha equivocado mucho, y no creo que hayan sido los productores en este caso.
Y así están las cosas, amigo lector, tratando de agarrar al vuelo alguna pista que nos deje bien parados en este mundo que se hace cada vez menos inteligible y que cada vez menos nos entrega mensajes que podamos entender.
Será cuestión de mirar con mayor atención a nuestro alrededor, o no, tal vez sea mejor, al menos hoy, sábado a la tarde, tirarse junto a la playa a ver cómo bailan lentamente las olas del golfo.

Nota del autor: Información recogida del sitio web http://www.angelfire.com


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