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LA MAYOR SAGA CINEMATOGRÁFICA DE LA HISTORIA BUSCA REFORMULARSE Y CONSEGUIR NUEVOS FANS

En una galaxia muy, muy lejana, una vez más

Si bien Star Wars a veces parece más una religión que una saga de cine, siempre existe aquel que reniega de los dogmas y los credos, por verídico e involuntario desconocimiento o pose hípster. En estos días de fin de año, cuando el postrero episodio de esta ópera espacial “Los últimos Jedi” está haciendo furor en los cines de todo el mundo, todavía existe ese familiar que está ajeno a los detalles de la Fuerza.
Vaya acá un pequeño compendio del catecismo del libro de George Lucas, en momentos en que con esta nueva entrega busca su refundación, construyendo las bases de un nuevo imperio renovando su ejército de fans.

¿Cómo arrancó todo?

En el principio creó George Lucas los cielos y los Jedi. Un sujeto natural de California (nació en la pequeña ciudad de Modesto en 1944), aficionado a los coches y a la ciencia-ficción y muy amigo de Francis Ford Coppola, Steven Spielberg, Brian De Palma y otros sujetos de mal vivir. Durante los 70, Lucas se hizo un pequeño lugar en Hollywood a través de dos trabajos muy dispares, la distópica THX 1138 (1971) y American Graffiti (1973), la película que inventó la comedia adolescente tal y como hoy la conocemos. Pero este joven barbudo siempre había querido rodar un filme de Flash Gordon, el célebre héroe de cómic creado por Alex Raymond. Y, cuando no logró comprar los derechos, decidió que le salía más a cuenta inventarse su propia galaxia.
Sobre las fuentes de inspiración de Star Wars se ha hablado muchísimo, pero pueden resumirse con relativa facilidad. Digamos que, si hablamos de cine, tenemos las películas de samuráis de Akira Kurosawa (especialmente “La fortaleza escondida”, cuyo argumento siguió de cerca la primera película de la saga), el western clásico (como Centauros del desierto, de John Ford), el cine bélico (The Dam Busters) y los viejos seriales de aventuras espaciales (como Flash Gordon conquista el universo). Por otra parte, está la literatura de ciencia-ficción, bien pochoclera como la Saga de los Lensman de ‘Doc’ Smith o bien intelectual, como la inevitable Dune de Frank Herbert, y cómics como el francés Valerian, de Méziéres y Pierre Christin. Para terminar, mencionemos los consejos de los amigos de Lucas: dicen que Coppola le dio una gran mano con el guion; y De Palma puso su granito de arena escribiendo el famoso texto inicial.

Una cuestión de Fe

Si tiene Star Wars temas polémicos, el de la Fuerza es uno de ellos. Algunos aseguran que es sólo una excusa barata de guion, mientras que otros la ven como un hallazgo genial. Lo cierto es que, en parte, Lucas tomó la idea de su querido cine japonés, y en parte de “El héroe de las mil caras”, el tratado de Joseph Campbell sobre la estructura de los mitos y las figuras legendarias. La Fuerza crea la vida, la hace circular por el Universo y sirve para multitud de cosas, desde hablar por telepatía hasta levantar cosas por el aire, especialmente piedras. El problema es que tiene dos lados, el Oscuro y la Luz, que no necesitan mucha más explicación filosófica.

La primera trilogía

En Star Wars, la película que empezó todo esto en 1977, también conocida como Una nueva esperanza y La guerra de las galaxias, conocemos a los héroes: el ingenuo granjero Luke Skywalker –Mark Hamill–, el contrabandista malhablado Han Solo –Harrison Ford– y la indomable princesa Leia Organa –Carrie Fisher–. Y también a Darth Vader, uno de los villanos más imponentes de toda la historia de la cinematografía mundial.
En “El Imperio contraataca” (1980), tal vez la mejor de toda la saga, Luke comienza a entrenarse como caballero Jedi y descubre ciertos detalles incómodos sobre su familia, mientras sus amigos las pasan feo huyendo de Lord Vader.
Finalmente, “El retorno del Jedi” (1983) llevó la saga original a una conclusión algo criticada, sobre todo por ciertas bolas de pelo llamadas Ewoks, pero emocionante.

Llegamos al ‘Universo Expandido’

Y vio George Lucas todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó George Lucas en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.
Y descansó por años. Mientras los fans de todo el mundo pedían más…
Y Lucas escuchó, pero a su manera, convirtió a Star Wars en lo una verdadera “franquicia multimedia” a base de vender licencias. Generando productos de todo tipo, desde novelas hasta cómics Marvel, pasando por juegos de mesa y videojuegos.
Como era de esperar, con esta masificación y diversificación, la calidad de esta avalancha de historias fue muy irregular. Por esto, cuando Disney compró Lucasfilm en 2012, decidió tirar a la basura buena parte de este nuevo contenido.

Todo tiene un comienzo

Según sus propias palabras, George Lucas siempre quiso filmar tres trilogías ambientadas en su universo, aunque empezó por la segunda porque su historia era la más accesible. De esta forma, a mediados de los 90, decidió ponerse de nuevo tras la cámara y rodar tres entregas sobre la génesis del Imperio Galáctico. Los resultados fueron La amenaza fantasma (1999), El ataque de los clones (2002) y La venganza de los Sith (2005), tres películas que enfrentan desde entonces a fans contra fans y críticos contra críticos. Sus detractores señalan que Lucas no sabe escribir diálogos, que la sobredosis de efectos digitales privó a las películas de calidez y que los guiones están llenos de ideas horribles, tal el caso de la existencia de Jar Jar Binks.
Sus defensores, por el contrario, aseguran que los filmes están llenos de imágenes memorables, que John Williams se lució de lo lindo con sus bandas de sonido y que Natalie Portman es una virtud en sí misma. Curiosamente, eso sí, ambos bandos coinciden en que elegir a Hayden Christensen para interpretar a Anakin Skywalker (un joven Jedi prometedor, pero atormentado) es el peor error de Lucas en toda su carrera.

Los protagonistas de la historia

Como en todo producto masivo, cada personaje de la historia tiene amantes como detractores, y hasta se podría escribir una lista de preferencias. Por lo general, este combate se libra en dos campos opuestos: quienes prefieren a Han Solo (por su personalidad, porque se ríe de los dogmas místicos de los Jedi y porque Harrison Ford es Harrison Ford) y los adeptos de Darth Vader, ese señor del mal con armadura imponente que arregla las disputas laborales mediante estrangulación telequinética. No son nada desdeñables, en todo caso, los partidarios de Leia Organa, una heroína firme en su rol de líder y de imagen casi desexualizada (salvo cierto bikini metálico) y de Luke Skywalker, algo justito de neurona pero conmovedoramente empeñado por convertirse en Jedi.
En cuanto a la tercera trilogía, que dio su primer paso con El despertar de la Fuerza en 2015, nos ha dado figuras que prometen convertirse en icónicas, como Kylo Ren (Adam Driver como fanboy desquiciado de Darth Vader), Rey (la intrépida chatarrera de Daisy Ridley) y ese as en la manga llamado Poe Dameron (Oscar Isaac). Pero ojo, porque el elenco de personajes galácticos es inmenso y en él hay donde elegir, desde los droides C3PO y R2-D2 (mascotas del serial desde la primera película) al torvo mercenario Boba Fett, pasando por Yoda, el maestro Jedi.
Y hasta acá, el pequeño resumen ilustrado de esta saga para estar listo para sumergirse en este nuevo episodio de hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…

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