EN UNA SEMANA, AMBOS CONTENDIENTES TENDRÁN UN LARGO ESPACIO TELEVISIVO PARA INTENTAR CONVENCER A ESOS 7.000.000 DE VOTANTES QUE LES FUERON ESQUIVOS.

Difícil pronóstico


Por Eduardo Anguita

ME QUIERE O NO ME QUIERE POR LACOSTAEl viernes, la Presidente hizo el último acto de inauguración de obras que permite la ley electoral antes de las elecciones. Hay que decirlo: en un clima de incertidumbre en la militancia del FPV y de entusiasmo entre los seguidores de Mauricio Macri. En los vaivenes electorales, el escenario que se vive por estas horas es al revés en los días previos al 25 de octubre. Es un gran símbolo que las palabras de Cristina hayan sido en la sede del Polo Científico Tecnológico porque los logros en materia de conocimiento intensivo y de investigación aplicada están entre los méritos más trascendentes de los 12 años de gobiernos de Néstor y Cristina. Quizá puedan equipararse a los avances en materia de Derechos Humanos. Y precisamente la recuperación de la identidad de Martín Ogando Montesano fue posible porque sus familiares habían dejado muestras de sangre en el Banco Nacional de Datos Genéticos, un organismo creado por ley en 1987 a instancia de las Abuelas de Plaza de Mayo y que en la actualidad funciona en la órbita del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Debate

En una semana, ambos contendientes tendrán un largo espacio televisivo para intentar convencer a esos 7.000.000 de votantes que les fueron esquivos.
Esta historia tiene un componente trágico adicional. Su hermana Virginia movió cielo y tierra para dar con el paradero de su hermano hasta que en agosto de 2011 se quitó la vida. En una carta póstuma decía que iría a encontrarse con sus padres. Es indudable que, de haber encontrado a Martín, hubiera conjurado esa decisión. Fue la gran ausente del festejo de Abuelas. Es una gran lección de la perversión de quienes entregaron bebés para cambiar identidad y hasta el día de hoy se niegan a dar los datos para que esas personas puedan reconstruir su origen.

La identidad y el cambio

La labor de Abuelas cobra una dimensión extraordinaria cada vez que encuentran un nieto. Martín, quizá el último o uno de los últimos nietos recuperados antes de que termine este ciclo de gobierno, merece una reflexión en un sentido distinto al del mentado discurso del miedo atribuidos al kirchnerismo en este último descubrimiento de las usinas antiK. En los genes de Martín, como en los de cualquier ser humano, seguramente habrá registro de conductas valientes y de sentimientos temerosos. Es legítimo pensar que muchísimos de quienes resistieron y actuaron con heroicidad en distintos momentos de la historia argentina reciente, también tienen miedos. De modo que, como dice Alejandro Dolina, quienes vienen de las historias populares, con tantos golpes de Estado y persecuciones políticas son cosecheros de miedo. En su memoria pueden certificar temores que no son producto de la fantasía sino de experiencias que marcaron la Argentina. Quizá, muy probablemente, las Abuelas y los nietos recuperados tengan miedo de que, si cambia de signo el gobierno, no se destinen todos los esfuerzos y recursos para permitirles a otros muchachos y chicas, ya grandes, encontrarse con sus abuelos, tíos y con su propia historia.
Hay un dato al respecto, que no es para hacer campaña sucia: el macrismo en la Ciudad convirtió la Secretaría de Derechos Humanos en una Subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural. Si uno ingresa al portal, va a encontrar la foto en portada de la fiesta de las colectividades del 28 de septiembre en el Planetario de Buenos Aires, donde pudieron comerse comidas de diversas colectividades. Eso es muy bonito, pero hay siquiera una noticia relacionada con los derechos humanos. Ni siquiera con la visita de Macri al acampe de los pueblos originarios donde se sacó la foto con el cacique Félix Díaz.

Números fríos

El escenario económico es complejo para cualquiera de los dos que gane. Para Macri es más fácil hacer la plancha y esperar que cualquier votante disconforme lo vote.
Los números son duros: Scioli, para ganar por la mínima diferencia, necesita sumar 13 puntos más de los que sacó en primera vuelta. Es decir, deberá agregar algo así como 3.200.000 votantes. Macri, que sacó 660.000 votos menos que Scioli, deberá sumar 3.800.000 votos para ganar. Para un no experto en cálculos matemáticos, esto significa que la fórmula del oficialismo, tras 12 años de gestión, precisa el 45% de quienes no lo votaron el pasado 25 de octubre. Por su parte, Macri, sin un partido con tradición y apoyado en una alianza electoral frágil, deberá conquistar al 55% de quienes no lo votaron en la primera vuelta para llegar a la Casa Rosada.
En los estudios más o menos sensatos y creíbles, se parte de la base de que Scioli puede contener a los votantes K y sumar una franja de peronistas que tienen menos simpatía por Cristina. En la dirigencia peronista, el conflicto está mucho más marcado que en la base, tal como se vieron las divisiones en los comandos de campaña de Scioli y de Aníbal Fernández. Sin embargo, los referentes peronistas consultados por este cronista no creen que las peleas de cúpula tengan incidencia en el electorado. De todos modos, deberían ser un factor de alerta de cara al voto del 22, porque alimentan el tema instalado en buena parte de los medios de comunicación respecto de la poca química entre la Presidenta y el candidato. Cristina, el viernes en el Polo Tecnológico no nombró a Scioli en su extenso discurso y dijo en estas elecciones no se votaba por San Martín o por Belgrano, una frase muy poco adecuada si quiere potenciar a su propio candidato.

Voto con el bolsillo

La realidad es que la cuestión económica suele tener un peso muy grande en el voto. En 2009, en la provincia de Buenos Aires el FPV no solo perdió por la mala campaña de las candidaturas testimoniales sino básicamente por el impacto de la crisis internacional que pegó en los cordones industriales y en las zonas agropecuarias. En 2011, Cristina y Scioli recuperaron con creces lo que habían perdido: crecían el salario real, la ocupación y el precio de la soja. En las elecciones legislativas de 2013, Sergio Massa recibió un caudal grande de votos porque se puso al frente de las demandas por la inflación, la inseguridad y las restricciones cambiarias, tres temas desdeñados por el FPV en esa campaña y que impactaron en votantes de sectores medios y bajos.

Cuestión de Ganancias

Más allá de la valoración de este cronista, está claro que Cristina afirma los éxitos de su gestión y no hace mención a las dificultades. En cambio, Scioli, aun antes del retroceso electoral del 25 de octubre, se volcó a la agenda económica y promovió la suba del piso salarial a 30.000 pesos de bolsillo para la cuarta categoría del impuesto a las Ganancias. Además, se comprometió a bajar la presión tributaria, las retenciones, a buscar una paridad del dólar con menor brecha y otras medidas que dan cuenta de demandas a las que el gobierno no da respuesta. Para decirlo con todas las letras: no alcanza con proponer bajar el impuesto al salario, el FPV necesitaba ponerlo en práctica y eso no se concretó ni antes de la primera vuelta ni antes del balotaje. El votante común no está en el detalle de la enunciación discursiva. Al menos el votante común que no votó por Scioli y por Macri en la primera vuelta. Y es ese voto el que ambos quieren cosechar.
El escenario económico es complejo para cualquiera de los dos que gane. Para Macri es más fácil hacer la plancha y esperar que cualquier votante disconforme con el gobierno lo vote. Para Scioli, en cambio, se hace más difícil. En una semana, ambos contendientes tendrán un largo espacio televisivo para intentar convencer a esos 7.000.000 de votantes que les fueron esquivos, muchos de los cuales todavía no decidieron su voto. Esta semana deberán prepararse muy bien. Y que la memoria ayude a quienes están deshojando margaritas.

Fuente: Infonews


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