Chile: El retroceso del glaciar Tyndall deja al descubierto un cementerio de ictiosaurios

El retroceso del glaciar Tyndall, en el extremo sur de Chile, permitió descubrir más de 90 esqueletos de ictiosaurios, reptiles marinos que habitaron los océanos hace unos 131 millones de años. Los fósiles corresponden al Cretácico Temprano y constituyen uno de los registros más importantes conocidos sobre estos animales. Además, reúnen ejemplares de distintas edades, desde recién nacidos hasta adultos.
Por ello, el yacimiento ofrece una oportunidad excepcional para investigar aspectos relacionados con la anatomía, alimentación, reproducción y muerte de estos antiguos habitantes de los mares patagónicos.
Las investigaciones reúnen a especialistas de Argentina, Chile, Alemania y el Reino Unido, quienes trabajan sobre un sitio cuya importancia científica creció con cada nueva campaña de exploración.
Los ictiosaurios poseían cuerpos aerodinámicos y podían alcanzar velocidades cercanas a los 40 kilómetros por hora. A diferencia de numerosos reptiles, además, daban a luz a sus crías dentro del agua.
Sus grandes ojos estaban protegidos por estructuras óseas capaces de soportar la presión de las profundidades, mientras que sus dientes les permitían alimentarse de peces, tortugas y calamares.
Aunque su apariencia recuerda a los delfines actuales, ambos grupos no están directamente emparentados. Se trata de un ejemplo de evolución convergente, mediante la cual especies diferentes desarrollaron características semejantes para adaptarse al ambiente marino. Ecologíay entorno

Hace casi tres décadas

El potencial del lugar comenzó a conocerse en 1997, cuando los guías turísticos Andre Labarca y Natalie Tabenski encontraron fragmentos fósiles en las proximidades del Parque Nacional Torres del Paine.
Posteriormente, una expedición de la Universidad de Magallanes confirmó la existencia de restos relevantes. En 2003 fueron localizados dos esqueletos parcialmente expuestos y articulados cerca del glaciar.
Entre 2004 y 2006, la paleontóloga Judith Pardo-Pérez registró 24 esqueletos bajo la supervisión de Marta Fernández, del Museo de La Plata. Luego, nuevas campañas ampliaron progresivamente el registro.
Las expediciones de 2009 y 2010 elevaron la cantidad de individuos articulados a 46, mientras que investigaciones posteriores permitieron superar los 90 ejemplares.
La conservación excepcional se relaciona con las condiciones del antiguo ambiente marino. Los cadáveres quedaron rápidamente cubiertos por sedimentos y la escasez de oxígeno limitó la acción de organismos carroñeros.

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