Animalito e’ dios

Sobre la salamandra común, un anfibio de piel negra con manchas amarillas de amplia distribución en la Península Ibérica, se sabía que habita en zonas húmedas o boscosas, que evita el contacto con seres humanos, que tiene una habilidad especial para esconderse y que es capaz de segregar unas toxinas irritantes como mecanismo de defensa. Lo que no se sabía es sobre su fluorescencia, lo que reveló un reciente estudio publicado en Royal Society Open Science.
El equipo internacional de investigadores estuvo integrado por científicos del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, el Instituto de Biología Evolutiva (IBE) y el Instituto Max Planck de Ecología Química de Jena, Alemania. Tras exponer a la salamandra bajo luz ultravioleta, encontraron unos patrones fluorescentes que jamás se habían visto.
El resplandor turquesa, según detallaron, aparece en la parte ventral y en los laterales, donde se ubican las glándulas cutáneas y de sus secreciones venenosas. Visible solo para ciertos animales e indistinguible para el ojo humano, nunca se había estudiado esta adaptación ecológica que los investigadores intentan comprender para qué sirve.
“Es fascinante que una especie tan estudiada aún contenga fenómenos desconocidos como este. Nos recuerda que incluso los organismos más familiares pueden esconder secretos que solo se revelan cuando se observan con nuevas herramientas”, comentó Bernat Burriel, investigador del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona y autor principal del trabajo.
Una de las hipótesis es que la fluorescencia podría desempeñar una función comunicativa durante el apareamiento. Otras posibilidades que plantea el estudio son que sirven para orientar a otros ejemplares de la misma especie durante las migraciones nocturnas o como mecanismo de disuasión hacia otros depredadores. Hay dos detalles que añaden aún más intriga: uno es que la capacidad fluorescente puede durar más de 24 horas y el otro es que los compuestos también están presentes en la sangre, lo que sugiere una distribución en todo el cuerpo.
Esto último no es frecuente en animales donde ya se había comprobado que “brillan”. Bajo la luz ultravioleta se ha visto que el pelaje del ornitorrinco coge un tono azul verdoso, que el escorpión se ilumina por el exoesqueleto y que el camaleón lo hace principalmente en las estructuras óseas de la cabeza.
En el caso de la salamandra común se trata de biofluorescencia, un fenómeno que, a diferencia de la bioluminescencia, no depende de la fuente de luz externa para ser generada. Esta habilidad se consideró limitada a animales marinos durante años, con la extraña excepción de los escorpiones.
“Todavía no sabemos cuál es el compuesto responsable de esta fluorescencia, pero todo indica que es una molécula desconocida en esta especie. Identificarla será clave para entender su origen y su función”, dijo Salvador Carranza, director del IBE (CSIC-UPF) y coautor del estudio. La salamandra común se encuentra dentro de la Lista Roja de Especies Amenazadas categorizada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Avanzar en su estudio es también una forma de fomentar la sensibilización y la conservación de la especie.