Los anillos de Saturno son los restos de una luna
Saturno, con sus 116.460 kilómetros de diámetro, es el segundo planeta más grande del sistema solar, solo superado por Júpiter. Sin embargo, por lo que realmente es popular es por sus anillos que, junto a sus 26,7 grados de inclinación, constituyen uno de sus grandes misterios. Y es que, hasta ahora, no había ninguna explicación convincente acerca de cómo se formaron, sobre todo, porque son demasiado jóvenes.
Un reciente estudio elaborado por la Universidad de California y presentado durante la conferencia Lunar and Planetary Science parece haber dado una explicación lógica y factible; los anillos de Saturno se formaron como consecuencia de la destrucción de un antiguo satélite que se acercó demasiado a este gigante gaseoso. Los científicos la han bautizado como Crisálida y su desintegración se produjo hace entre 100 y 200 millones de años.
Que los anillos de Saturno poseían esta antigüedad era algo que se sabía desde hacía tiempo. Sin embargo, dado que el planeta tiene en torno a 4.500 millones de años, como la Tierra, no estaba claro cómo se habían formado. Los científicos de la citada universidad plantean que Crisálida orbitaba al planeta junto a otros grandes satélites como Titán, ayudando a mantener su equilibrio gravitatorio. Sin embargo, por alguna razón desconocida, perdió su estabilidad y se arrojó contra él, siendo despedazado de forma violenta.
El origen de los anillos
Las simulaciones realizadas por el equipo investigador indican que la gravedad del gigante actuó de forma selectiva durante el impacto. Al rozar la atmósfera superior, el planeta desnudó el manto helado de la luna, dejando gran parte de su núcleo rocoso intacto. «No sabemos si había un anillo previo antes de que esto sucediera», afirmó Yifei Jiao, autor principal del estudio, durante su intervención en el evento científico de Texas.
Esta distinción física es fundamental para comprender por qué los anillos actuales están compuestos casi exclusivamente por hielo de agua. El material sobrante de la colisión se distribuyó por el espacio orbital, formando el disco de escombros que vemos hoy. Gran parte del componente rocoso de Crisálida se habría perdido o habría caído directamente hacia el interior del denso mundo al que orbitaba.
La desaparición de este satélite también liberó a Saturno de su antigua resonancia con Neptuno, fijando la oblicuidad actual del eje planetario. Respecto a la masa del sistema, Jiao explicó que el escenario propuesto «puede explicar claramente por qué los anillos de Saturno son jóvenes», además de ser consistente con la cantidad de materia que orbita el planeta en la actualidad.
Evolución del sistema orbital
A lo largo de los milenios, la influencia de Titán y otras lunas cercanas ha ido moldeando este cinturón de fragmentos. Los cálculos sugieren que el sistema original pudo ser hasta tres veces más masivo de lo que es ahora. Se estima que las interacciones gravitatorias habrían expulsado o limpiado aproximadamente el 70% de la masa inicial tras el desmembramiento de la antigua Crisálida.
Actualmente, los astrónomos buscan evidencias adicionales de este suceso en las superficies de otros cuerpos del sistema. El hallazgo de cráteres inusuales o depósitos de material en otras lunas heladas podría confirmar la existencia de este satélite desaparecido, que dejaría de estar en el plano teórico para convertirse en una realidad a estudiar en profundidad.