HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

Nunca olvido una cara, pero con la suya voy a hacer una excepción (*)


La gente que sabe describe a la memoria como la capacidad o poder mental que permite retener y recordar, mediante procesos asociativos inconscientes, sensaciones, impresiones, ideas y conceptos previamente experimentados, así como toda la información que se ha aprendido conscientemente. La gente que no sabe, no se acuerda o no le importa mucho el tema, así que dejaremos su opinión para otra oportunidad.
Lo interesante es que parece que el cerebro humano tiene diversos tipos de memoria; una es la memoria a corto plazo, que permite retener solamente durante unos segundos cierta información, como, por ejemplo, un número telefónico. Otra es la denominada memoria a largo plazo que sirve para conservar la información durante minutos, horas, semanas o incluso años.
Sobre esta diferencia son interesantes las anomalías que pueden existir en la memoria, como la prosopagnosia (a que no conocía esta palabra, todos los días se aprende algo) o incapacidad para recordar rostros (¿no le pasó alguna vez que se cruza con alguien que le ve cara familiar y se pregunta ¿qué me vende este tipo?); el déjà vu, sensación de haber vivido ya algo (personalmente odio esta sensación, por varios motivos, si es un engaña pichanga de la memoria me siento estafado por mí mismo y si es una paradoja del tiempo-espacio, me parece una verdadera pérdida de justamente, tiempo); o la hipermnesia, la cual permite recordar con todo detalle diferentes cosas. Un caso clásico de esta última, referido por el psiquiatra Taine, es el de la empleada doméstica iletrada que recitaba (aún sin comprenderlos) párrafos enteros en latín, griego y hebreo oídos a un tío suyo de pequeña. Otro caso de capacidad memorística extraordinaria es el del reportero ruso Solomón Veniamin, que podía aprender en segundos y repetir sin ningún error, de arriba abajo y en diagonal, listas enormes de cifras y palabras. Y lo más increíble, semanas, meses, incluso años después, las reproducía con toda exactitud. ¿Se imagina sufrir de esto? ¿No poder olvidar nunca más?
Dos tipos más de memoria son la semántica y la episódica. La primera guarda datos concretos, como la capital de Francia es París, 2×2 son 4, etc. Mientras que la memoria episódica conserva los recuerdos de hechos vividos directamente por nosotros y los relaciona con diversos elementos. La primera guarda información conciente sobre lo que deseamos recordar. La segunda nos hace retener cosas sin que nos demos cuenta, como por ejemplo los detalles de un paisaje a los que no hemos prestado especial atención, o anuncios sin mucho interés y que sin darnos cuenta luego somos capaces de recordar. Y nos la pasamos tarareando cual estúpidos ese jingle de la propaganda del jabón en polvo.
Siguiendo con la clasificación de la memoria, existe también otro tipo de memoria llamada procedural, que es la que nos permite realizar cosas después de haberlas aprendido, sin tener que mantener constantemente nuestra atención. Un buen ejemplo de esto es conducir un coche o ir en bicicleta. Una vez hemos aprendido e interiorizado la técnica, la realizamos sin casi pensar en todos nuestros movimientos. Hacemos estas actividades de forma tan inconsciente que podemos estar pensando en otras cosas o conversar, pues ya no requieren nuestra atención permanente. No quisiera entrar en conceptos demasiado machistas, pero creo que de esta memoria algunos tienen más que otras.
Es antológica la comparación entre la capacidad del hombre frente a una computadora, pero en este caso no hay discusión,la memoria humana tiene en realidad una capacidad mucho más elevada que la del más potente ordenador, pude llegar a contener diez billones de bits.
Pero esta capacidad asombrosa no puede explicarlo todo, porque también somos capaces de reconocer un objeto, aunque esté de costado, boca abajo o en posición normal. Por ejemplo, sabemos que un vaso es un vaso, aunque esté en posición horizontal o un poco tapado. Y todavía más, sabemos que un objeto era un vaso si encontramos algún fragmento lo suficientemente grande después de que se haya roto. Todo esto se produce en nuestro cerebro sin que sea lógico que nuestra memoria contenga la información sobre todas las posiciones posibles de un vaso y del resto de objetos. La memoria humana tiene la capacidad extraordinaria para obtener información sin que la haya adquirido explícitamente, sino haciendo deducciones rápidas, prácticamente inmediatas. Por ejemplo, sabemos reconocer un árbol sin haber visto nunca esa especie concreta, no necesitamos haber visto todos los árboles del mundo para identificarlo como tal.
¿Y cuando falta la memoria? Dicen que la hormona denominada corticosterona, que se segrega en momentos de ansiedad, es la responsable de la repentina pérdida de memoria. Esta hormona bloquea la recuperación de información hasta una hora después de ceder la situación de tensión. Esto explicaría, por ejemplo, que algunos estudiantes se queden en blanco en los exámenes. Al serenarse, el cerebro recupera los datos. Obviamente no explicaría que algunos estudiantes sigan en blanco por periodos mayores a 30 días, eso no es falta de memoria… ¡Agarrá los libros, bestiún!
Pero si hablamos de falta de memoria no podemos dejar de lado la amnesia, sino la pudieron dejar de lado millones de directores en Hollywood, ¿por qué nosotros? Hay varios tipos de amnesia, la amnesia retrógrada es la más rara, aunque la más cinematográfica, en ella el afectado no recuerda su vida antes de la lesión. En cambio, en la amnesia anterógrada, la más común y grave, el enfermo recuerda su pasado, pero no logra aprender nada nuevo.
Pero en este punto me encantaría que alguien me diga que estoy haciendo acá, con mis manos en este teclado, ¿escribiendo? ¿para qué?, no me acuerdo de nada… ¡mamaaaaaaaaaaaaá!

(*) Groucho Marx

Por Javier Arias
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