HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

Las casualidades de la vida


A veces, no me diga que nunca le pasó, sentimos que ya vivimos el momento que acaba de ocurrir. Los franceses, tan dados ellos en andar dándole nombre a todo, lo llaman “deja vu”, vaya uno a saber por qué, mis desconocimientos del idioma galo sólo son superados por lo que no sé sobre la astronomía maya. La cosa es que ese tipo de coincidencias, la llamen como la llamen, me ponen sumamente nervioso. Pero, a decir verdad, el que debe haberse sentido realmente nervioso, si las coincidencias de la vida lo alteran, debe haber sido el actor Anthony Hopkins. Sí, ese, el de la mascarita para no comerse a la gente de Hannibal y El Silencio de los Inocentes. Mire, le cuento porque la historia vale la pena y las tardes de mate en la playa necesitan material de este tipo.
La cosa es que el bueno de Anthony cuando le propusieron hacer la versión cinematográfica de la novela “La mujer de Petrovka”, de George Feifer, antes de decir que sí o que no quiso leerla, pero no va que recorre todas y cada una de las librerías londinenses y nada, el libro estaba completamente agotado.
Apesadumbrado, el gran actor inglés emprendió un regreso muy poco glorioso. Cansado se dejó caer en un banco mientras esperaba el arribo del subte en la estación de Leicester Square. Poco antes de levantarse vio que sobre el banco alguien había dejado olvidado un libro, un ejemplar viejo y plagado de anotaciones. ¿Ya adivinó cuál era el libro? ¡Exactamente!¡Era la novela que había estado buscando!
Hasta acá podría ser una anécdota menor y no pasar más allá de un comentario asombrado en la cena de esa noche, pero la cosa no terminó ahí.
Dos años después, durante el rodaje de la película, que finalmente protagonizó Hopkins, el actor conoció a George Feifer, el autor de la obra. Y no va que, entre escena y escena, Feifer le contó cómo, dos años antes, le había prestado a un amigo su ejemplar plagado de anotaciones, y cómo éste lo había perdido en el subte. O sea, Hopkins no sólo se había encontrado el libro que buscaba, sino que se había encontrado el ejemplar del propio autor. Diga si no es para creer en las brujas.
Pero para coincidencias fulminantes, la de Edgar Allan Poe se lleva las palmas.
En 1837, el genial escritor norteamericano publicó el célebre “Las aventuras de Arthur Gordon Pym”. En ese relato, los cuatro supervivientes de un hundimiento, tras permanecer varios días en un bote a la deriva, asesinaron y devoraron a un grumete llamado Richard Parker.
Cuarenta y siete años después, a mediados de mayo de 1884, la embarcación Mignonette zarpó de Southampton, Inglaterra, con destino a Sidney, Australia. La tripulación de cuatro marinos estaba encargada de entregar la nave a su nueva propietaria australiana. El 5 de julio encontró una violenta tormenta en el Atlántico Sur. La fuerza del oleaje rompió la borda y una sección del forro del casco de sotavento. Los cuatro marinos, mientras la nave se hundía, pudieron saltar a un bote salvavidas llevando algunos pocos instrumentos de navegación y dos latas de nabos como únicas provisiones. Quince días más tarde, casi delirando de hambre el capitán, Tom Dudley, llevó su navaja a la garganta del joven grumete de 17 años. Finalmente, el 29 de julio, los sobrevivientes, ahítos de grumete, fueron devueltos a Inglaterra por un barco alemán. El capitán y el maestre fueron llevados a juicio por asesinato. Telón. Y acá viene la pregunta, ¿cómo se llamaba el grumete? ¡Usted lo ha dicho! El grumete se llamaba Richard Parker. Cuentan que después de ese día si uno se llama Richard Parker, los pasajes en barco los paga por kilo y no por distancia.
Y para terminar, querido lector, le dejo este pequeño relato que estoy seguro le va a gustar. Porque sé de buena fuente que son varios los amantes de la numerología, y si encima la cosa viene por el lado del trece, mucho mejor.
Cuenta la historia que el reconocido compositor Richard Wagner nació en 1813. Aunque, convengamos que mucha gente nació en ese año, ¿pero cuántos suman 13 letras en su nombre? ¿Y si le digo que escribió 13 óperas, ni una más, ni una menos? Según sus biógrafos, encontró su vocación musical un 13 de octubre, sufrió 13 años de destierro, terminó su obra Tannhauser un 13 de abril y la misma dejó de ser tocada el 13 de marzo de 1845, tras su fracaso en París, pero fue repuesta el 13 de mayo de 1895.
Y hay más, el teatro de Riga, donde se presentó como director de orquesta, se inauguró un 13 de septiembre. La casa donde se llevaban a cabo sus festivales en Bayreuth fue abierta un 13 de agosto y el último día que pasó en ella fue un 13 de septiembre.
Finalmente, Wagner murió también un 13, el 13 de febrero de 1883, decimotercer año de la unificación de Alemania.
¿Se anima a decirme cuántas veces dije trece?

Nota del autor: Datos extraídos del sitio http://polvoranegra.blogspot.com)

Por Javier Arias
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