HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

Nuestro cuerpo, un mundo por conocer, ¿o no?


En esta columna hablamos cientos de veces de las curiosidades animales, me imagino que se acordará la duración del orgasmo del cerdo, por ejemplo, especialmente de las curiosidades sobre gatos, pero ¿qué sabemos de nosotros mismos?
Dicen los que saben que el cuerpo humano recambia prácticamente todos los átomos que lo forman en un plazo de unos 5 años. Por la cantidad de veces que he rescatado a Francisco de escaleras, cajas y demás elementos por sobre el nivel del mar diría que este niño no pretende perder tanto tiempo.
Otra curiosidad que me ha aparejado esta paternidad intensiva es saber, por ejemplo, que la fiebre no es sólo eso que lo hace llorar, sudar frío y quemar más que pava hirviendo, sino que es un arma utilizada por el sistema inmune para defenderse de bichos de todo tipo. Entonces me vengo a enterar que esas rayitas en el termómetro es la indicación que el cuerpo está liberando una hormona llamada prostaglandina E2, que al elevar la temperatura del cuerpo aumenta la movilidad y la ferocidad de los glóbulos blancos, además de otras cosas que involucran palabras como “células T”, “interferón”, y “toxinas”, pero que se las dejo a los señores médicos y a los actores de las series yanquis.
Sepa también, atento lector, que los bebés tienen 300 huesos, unos 94 más que los adultos. Ahora entiendo, cuando a la mañana temprano, empieza a reptar sobre mi espalda y me clava cuarenta y ocho huesitos al mismo tiempo.
Bueno, pero dejando a mi retoño de lado, que por fin se durmió y me dejó seguir tipeando sin tener que correr como desaforado cada vez que lo pierdo de vista, le paso a contar, fiel lector, que cuando usted llegue a los 70 años habrá respirado por lo menos 600 millones de veces. Cansa de solo decirlo.
Y eso si hablamos de los pulmones, pero si nos metemos con el corazón, no tiene nada que envidiarles. Todos sabemos que el corazón tiene aproximadamente el mismo tamaño que nuestro puño –cualquiera de los dos, el izquierdo o el derecho, no se me haga el vivo-, pero ¿cuánta fuerza hace cada vez que late?
Vaya a una casa de deportes, compre un tubo de pelotas de tenis, ábralo, saque una, sosténgala con firmeza con una mano y apriete con toda su fuerza. Esa es aproximadamente la misma cantidad de fuerza que hace el corazón cada vez que bombea sangre a través del sistema circulatorio. Si a eso le sumamos que lo hace cien mil veces al día, treinta y cinco millones de veces al año, y unas dos mil quinientas millones en toda nuestra vida nos responderá por qué dolió tanto cuando esa niña de ojos verdes nos rompió el corazón.
Pero aunque ese dolor se siente pero no se escucha, lo que sí oímos es el incesante tic-tac, que no es más ni menos que los sonidos producidos por las válvulas cardíacas al abrirse y cerrarse.
Pero si hablamos de ejercicios, hay un músculo que es imbatible. Y no se ponga grosero, que esta es una columna dentro del horario de protección al menor. Es bueno que sepa que uno de los músculos que más se mueven son los de los ojos, que se contraen unas cien mil veces por día. Si quisiéramos, por ejemplo, ejercitar de la misma forma nuestras piernas, deberíamos caminar 80 kilómetros todos los días. Es una lástima que los ojos no tengan cintura para desfilar.
Y hablando de desfiles, sepa, estimado lector, que nosotros, los humanos, bichos que dormimos acostados, somos un centímetro más altos por la mañana que por la noche, debido a que los discos, esas almohadillas cartilaginosas de la columna vertebral, se van comprimiendo con el peso corporal a lo largo de todo el día. Y no le cuento después de caminar 80 kilómetros.
Por último, me vengo a enterar que los bebés nacen con papilas gustativas por toda la boca. A medida que crecen van desapareciendo gradualmente, quedando reducidas únicamente a la lengua. Un hecho que me desconcierta, con tantas papilas gustativas ¿cómo es posible que les siga gustando el pastel de espinacas?

Nota del autor: Información recogida de la página de Caruso http://www.esloqueopino.com

Por Javier Arias


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