Página de cuento 825

La Historia – Parte 24


Anoche, sentados frente a una fogata que nos abrigaba y nos protegía de la brisa fresca, Nada me besó. Fue repentino, pero no sorpresivo. Por primera vez sentí la tibieza de unos labios de un hombre.
Todo comenzó a girar a mi alrededor, nos acostamos en la hierba e hicimos el amor por primera vez.
A partir de anoche, mi mundo antiguo se desvaneció.
Sin olvidar a mis compañeras, mis hermanas, a quienes lloro todas las noches, cuando me voy a sentar a la orilla del río, a pensar, a estar sola y pensar, en lo que fue en lo fue mucho antes que, como decía, está cayendo inexorablemente en el olvido. Me siento como el último baluarte humano que debería oficiar de guardiana única de la historia, y me estoy olvidando todo.
Ahora mismo, en la soledad de esta orilla, trato de poner en orden aquellos recuerdos, pero no, sólo me viene a la mente Mary Shelley, aquella joven que dio vida a partir de la materia muerta, creando un incomprendido nuevo paradigma.
Mary Shelley siempre estará en mi memoria, incluso cuando olvide su nombre, porque deberé olvidarlo, es necesario romper el cascarón del huevo para entrar en este mundo nuevo.
Me he propuesto olvidar toda la historia y comenzar de nuevo. Creo que esa es mi verdadera función como guardiana de la historia: ser, junto a Nada, los creadores de una nueva.
Y esta nueva historia se escribirá a partir de las características más amorosas y emocionales del ser humano. En ella no habrá lugar para peleas, pandemias o catástrofes. Creeremos en la Madre Naturaleza, que nunca nos impondrá nada por la fuerza, sino que, tanto ella como nosotros, dejaremos que fluya el tiempo y el destino como tiene que fluir, en libertad, sin imposiciones.
Estoy embarazada, lo sé intuitivamente. Nunca vi ni tuve contacto con una mujer embarazada. Dado que nuestra tecnología podía dar vida a criaturas femeninas por medios artificiales, nunca comprendimos la condición de “embarazada”. Siento escalofríos al pensar que soy la primera mujer embarazada en siglos.
Mi vientre va creciendo rápidamente, y creo que pronto daré a luz. ¿Será una niña? ¿O un niño? ¡Qué maravillosa incertidumbre!
Nada se acerca y me abraza
Le pregunto:
– ¿Qué quisiste decir aquella vez que dibujaste un corazón en la tierra?
– Quería decir “Te amo”.
– Ya sabes, Nada, que pronto tendremos un hijo, o una hija. ¿Qué piensas?
– Estoy pensando cómo llamaremos a esa nueva vida.
Hace tiempo ya que Nada comprendió la importancia crucial de tener un nombre, y es por eso que su principal preocupación es ponerle nombre al nuevo ser humano que ya se acerca.
– Ave, si es varón, quisiera llamarlo Caín.
– No, ese nombre me suena de alguna parte, y recuerdo vagamente que tiene una historia trágica. No me gusta en absoluto.
– Como tú digas Ave. ¿Y cómo quieres llamarlo?
– No lo sé aún. Pero así sea varón o mujer, será un nombre único, irrepetible, nunca nombrado.
Será un nombre único, que para siempre quedará en La Historia.

FIN

Por Carlos Alberto Nacher
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