Página de cuento 823

La Historia – Parte 22


A la sorpresa de despertar en un lugar tan bello y extraño como este, ahora debo sumar un nuevo estupor: ver a un ser humano de sexo masculino por primera vez en mi vida. En mi comunidad, hasta los habíamos considerado extinguidos.
Sin embargo, allí está. Estoy atemorizada pero no aterrada. Sólo debo manejar esto con precaución. Debo recordar en todo momento que si me hubiera encontrado y rescatado este hombre (lo que seguramente ocurrió), a esta altura ya estaría muerta. Además este individuo, de haber querido, pudo haberme matado, incluso antes de despertar. Al contrario, tengo vendados un brazo y una pierna, seguramente ha estado curando estas heridas mías producidas durante el viaje en el Tluaner.
Me vio. Yo me había ocultado un poco tras un cortinado construido con una especie cañas de algún vegetal extraño. Se acercó lentamente, mirándome a los ojos, pero sin acercarse demasiado. Lo observé detenidamente. Estaba vestido con una prenda que le cubría completamente el torso, y un pantalón muy amplio. En su cabeza tenía puesto un sombrero que luego me enteré que estaba hecho con paja, un material de también de origen vegetal. Me maravillé de comprender cómo utilizaba todos los recursos que la naturaleza le brindaba para construir objetos que le fueran útiles.
Me miró un instante y me habló. Era un lenguaje cerrado, casi gutural. Utilizaba estructuras complejas de pronunciación que me eran completamente desconocidos. Nunca había leído ni escuchado tales vocablos. De mi parte le contesté “Mi nombre es Ave. Ave. A-v-e.”
Lo invité a que lo pronunciara. Bastante bien, pero decidí que en principio trataría de comunicarme con él por señas.
Poco a poco, nos fuimos acercando, comprendiendo. En pocos días pude entender varias cosas. Me encontraba impresionada ante tantas maravillosas entidades vivientes a mi alrededor.
Una tarde fuimos hasta el río, me sentí feliz por primera vez en mi vida.
Ni siquiera se me ocurrió preguntarme cómo había sobrevivido esta región a los cataclismos, a las enormes tragedias climáticas y naturales que azotaron al mundo durante mucho tiempo en épocas de la Gran Devastación. Este lugar no había sido tocado por la destrucción general que asoló a los cinco antiguos continentes. Pero aquí, era como si estuviera habitando otro mundo. Aquí no solamente había vida, energía, color. También había esperanzas.
Pensé en mis amigas de la comunidad, una vez más. No puedo dejar de pensar en ellas. No puedo dejar de recordar, a pesar de que ya he pasado mucho tiempo sin verlas.
Sin embargo, a pesar de que siempre las tengo en mi mente, mi memoria me va fallando en cuanto a los datos recopilados en aquellas excavaciones, datos con los que intentamos elaborar una historia de nuestros ancestros. Voy olvidando hechos, frases, confundo algunos fragmentos y su datación. Poco a poco es como si mi mente, junto con mi cuerpo, se fuera adaptando a esta nueva existencia.
Es como si el olvido fuera, ahora, lo importante para comenzar de nuevo.
Continuará…


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