EL ELEFANTE MÁS TRISTE DEL MUNDO RECUPERA SU LIBERTAD

Animalito e´dios


Por fin, el elefante Kaavan dejará las cadenas atrás. Será este domingo cuando este paquidermo grisáceo con motas amarillas de 32 años recupere su preciada libertad tras décadas recluido en un pequeño recinto.
Deprimido, con problemas de estrés y de comportamiento, y con heridas en sus patas por las cadenas. Así pasó Kaavan sus últimos años, sobre todo, tras la muerte de su compañera Saheli, en 2012. El conocido como el elefante más solitario del mundo fue un regalo del Gobierno de Sri Lanka y era la estrella del zoo de Islamabad (Pakistán).
Ahora, Kaavan emprenderá una nueva vida al otro lado del continente gracias a la presión de los activistas y la ayuda de Cher. La actriz y cantante estadounidense y cofundadora de Free the Wild, una organización benéfica de protección de la vida salvaje, conoció las pésimas condiciones en las que vivía Kaavan en 2016 y contrató a un equipo legal para que tratara de conseguir la libertad del elefante. Algo que será una realidad mañana domingo.
El especialista, que ha estudiado a Kaavan durante los últimos 23 años, denunció que el estado del animal era “miserable”: sufre depresión, estrés y anomalías en el comportamiento debido a la soledad, la falta de espacio y las cadenas.
El recinto donde el animal ha vivido todo este tiempo ocupa una superficie de 90 por 140 metros, no tiene árboles y la poca sombra que hay la ofrece un pequeño edificio con el techo roto en una ciudad donde se superan con facilidad los 40 grados en verano.
No obstante, Bilal, el cuidador de Kaavan en los últimos 28 años, siempre ha defendido que el animal sólo necesitaba otra compañera para recuperar el ánimo. «No tiene sentido que lo manden al extranjero. Sería un insulto para Sri Lanka. Es mejor que le traigan una compañera y arreglen un poco su recinto».
El cuidador reconoce que el animal estuvo encadenado durante mucho tiempo tras la muerte de Saheli porque desarrolló un comportamiento impredecible y en ocasiones violento, pero afirma que ahora sólo se le ponen cadenas cuando lo limpian.
Sin embargo, las numerosas protestas de activistas de todo el mundo y la presión de las redes sociales han logrado lo que parecía imposible, que Kaavan, al fin, pueda vivir una vida en libertad en un santuario en Camboya.


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