Página de cuento 818

La Historia – Parte 16


Por Carlos Alberto Nacher
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La luz intensa me provocó una especie de mareo. Sin embargo, me sentí totalmente lúcida al ver a Arual entrar al lugar con un extraño objeto cilíndrico, ahuecado, metálico. Nunca había visto algo así.
-Mira Ave, esto es un instrumento musical. La palabra música, como tú sabes, la hemos descifrado en varios de los textos hallados, pero hasta ahora no comprendíamos su significado. Ahora, luego de muchos soles intentando, logramos entender su sentido. Música refiere a una costumbre que tenían los humanos de expresar sus emociones a través de sonidos, y los reproducían con instrumentos similares a este, que lo construí basándome en la especificación de un objeto antiguo llamado “flauta”, que hemos encontrado en un compendio de cosas generales. Se trata básicamente de un cilindro que de un lado se sopla, y que tiene orificios a una distancia específica, que al soplar y ser tapados, emiten notas musicales. Pero nos faltaba algo; la indicación de cómo y cuándo se debían tapar o destapar los orificios para emitir una cadencia determinada. Y aquí es donde entra tu último descubrimiento: la partitura.
-No entiendo Arual, no entra en mi cabeza ese concepto que mencionas.
Arual se sentó junto a mi cama, tomó el cilindro entre sus manos, acomodó ese trozo de papel de extraño lenguaje que llamaba “partitura”, posó sus labios en un extremo del cilindro y sopló suavemente hacia su interior. De pronto, el silencio seco de la habitación se llenó de un sonido maravilloso, celestial, inmenso, claro, que llenaba eso sin existencia física que los antiguos llamaban el alma. Luego un segundo después, Arual movió los dedos, y se escuchó otro sonido distinto al primero pero igual de hermoso. Sentí que me desmayaba. Cerré los ojos y aquella vieja cabaña de mis sueños se transformó en un palacio celestial, rodeado de ángeles que flotaban en el aire. Arual continuó combinando aquellas notas, en escalas de graves hacia agudos, de agudos hacia graves, sus dedos saltaban en la flauta como niñas jugando. Todo era perfecto, todo era limpio, claro. Todos los secretos se develaban en aquellas cadencias mágicas. Las inseguridades desaparecían, los miedos huían y se escondían de esas niñas que jugaban en el aire. ¿Dónde estaban esas notas? A partir de ahora, vivían en mi corazón.
Lloré. Las lágrimas recorrían todo mi rostro, y me hacían fuerte. La flauta de Arual seguía sonando, en un efímero devenir de notas, que nacían y morían en un instante, pero cuya estela permanecía para siempre, como la cola de un cometa.
Arual se detuvo un momento. Parecía haber finalizado lo que estaba escrito allí, en la partitura, esa hoja mágica, cuyo silencio encerraba a la madre de todas las artes.
-Arual, esto es increíble, es maravilloso, no sé cómo expresar mi emoción, mi corazón va a explotar.
-Me pasó lo mismo, Ave, cuando comenzaron a brotar las notas de esta flauta. Nunca escuché algo así. Debemos cuidarnos, las emociones no son bien vistas por muchas de nosotras, y menos por la Madre Superlativa.
-Lo sé Arual, pero hay cosas que no podemos evitar, tú y yo lo sabemos. De todas maneras, conservemos nuestro secreto. Sentir es peligroso en este mundo.
Continuará…


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