Página de cuento 816

La Historia – Parte 14


El Diario | Contra Tapa

Por Carlos Alberto Nacher
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Pasamos días enteros tratando de descifrar el contenido de aquellas misteriosas hojas. Pero el contenido no coincidía con ninguno de los patrones con que contábamos hasta el momento. Finalmente decidimos darle participación a Arual, nuestra experta en sonidos no humanos. Sabíamos que los animales también emitían sonidos, pero estos, al querer escribirlos, eran puestos en lenguaje con una especie de palabra no convencional que trataba de imitar dicho sonido. Pero esto no era lo mismo.
Lo escrito estaba, de alguna manera, ordenado, había coincidencias y similitudes a lo largo del texto, era evidente que seguía una especie de patrón lingüístico similar a aquellos escritos de Pablo Neruda, con símbolos puestos de manera tal que priorizaban la cadencia de la lectura por sobre el semántica del texto.
Lo cierto es que Arual se llevó el material, con la promesa de realizarle un minucioso análisis.
El resto de nosotras nos quedamos en el laboratorio, un tanto perplejas, un tanto frustradas al no haber podido resolver este nuevo enigma.
Aprovechamos el tiempo para ordenar un poco nuestro material de estudio, hacía tiempo que la vorágine de los hallazgos y la euforia ante cada descubrimiento no nos dejaba tiempo para ordenar las cosas.
Al finalizar, nos dimos cuenta que nos faltaban algunos fragmentos. Recordaba perfectamente un manifiesto antiguo sobre los “Derechos del Hombre” que ya no estaba. ¿Qué habrá ocurrido? No podría creer que se tratara de un robo.
Sin embargo, me invadió una sensación profunda de miedo, como nunca. Tanto Atram y Aseret me vieron tan confundida, que en momentos en que estaba comenzando a desmayarme, me atraparon en plena caída
Me sentaron en un sillón, me contuvieron, me dieron algo de beber y pude, finalmente, reaccionar.
-Qué suerte que estás mejor Ave, por un momento pensé que te desvanecías.
-Tienes que descansar un poco, estás trabajando mucho y en condiciones muy poco cómodas ni razonablemente amigables.
-Tiene razón Aseret, esos papeles secos, llenos de polvo, atiborrados de gérmenes del subsuelo, son un caldo de cultivo para las enfermedades. Deberías tomarte un buen descanso.
-Estoy bien amigas, no se preocupen tanto. Sólo fue un mal momento. Fue el miedo de que me falten objetos de estudio, hallazgos que no deben caer en otras manos, ya que si todo esto se malinterpreta, o se interpreta según la conveniencia de alguien, puede causar mucho daño.
-Insisto, Ave, que debes descansar, al menos unos días. Te llevaremos a la sala de sueño, y allí permanecerás hasta que se normalice tu cuerpo y tu espíritu.
-Está bien Atram, acepto tu propuesta y te agradezco, a ti y a Aseret, la preocupación por mi persona. Somos mujeres demasiado frías, y esta demostración de afecto me llena el corazón, me siento mucho mejor sólo por la actitud de ustedes.
-Ya mismo vamos a la sala, descansarás un buen tiempo, te administraremos suero tranquilizador no adictivo y pasarás unos días en paz con todo y, sobre todo, contigo misma.
Continuará…


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