Página de cuento 813

La Historia – Parte 11


Por Carlos Alberto Nacher
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-“Nada cría la tierra más endeble que el hombre de cuantos seres respiran y caminan por ella.”
-Cuánta verdad Atram, encierra esta frase. Es hasta profética. Como para descreer del destino, de lo que fue y lo que vendrá. Este texto, de unos 5.000 años de vejez, pareció anunciar el final de casi toda la humanidad a manos de un virus microscópico, como el de la pandemia del 2020, que marcó el comienzo de la Gran Devastación
-¿Tú sabes, Ave, cómo se sucedieron aquellos hechos?
-Es lo único de lo que tenemos certeza. Primero una gran pandemia, que azotó a casi toda la humanidad por igual. Luego, casi de inmediato, el corrimiento de los polos magnéticos 90 grados hacia el este, y al mismo tiempo, un impredecible cambio del eje geográfico del planeta que colocó al Ecuador en el Polo Norte. Esto provocó inmensas catástrofes, ya anticipadas, al parecer, por varios terremotos, maremotos, tsunamis. Agregado a esto, las graves consecuencias del cambio climático y el calentamiento global, que hicieron que, en primer lugar, se derritieran por completo los polos (que ahora eran el Ecuador) y luego, que se secara todo vestigio de agua, tanto de ríos lagos, como de mares y océanos, con la consiguiente desaparición de toda vida animal y vegetal. Sucedieron gigantescas tormentas de tierra y arena que sepultaron a todas las grandes ciudades y destruyeron por completo a aldeas y pueblos. Se perdió todo lo que las civilizaciones habían forjado durante siglos, Se perdió la historia. Y esta pérdida fue definitiva cuando los que quedaron olvidaron todos en pocas generaciones. Pudieron sobrevivir apenas un grupo de humanos que se refugiaron en profundas cavernas en la zona de Thailandia, donde encontraron agua potable de vertientes subterráneas y aire fresco y no contaminado. Esta comunidad fue desarrollando métodos artificiales de obtención de agua, aire, y alimentos básicos. Luego, unos pocos siglos después, fueron desterrados los hombres, de cuyo paradero nadie se interesó ni tenemos noticias. Esta tribu sólo integrada por mujeres, una vez que pudieron movilizarse, se fueron desplazando hacia una zona subtropical, y así llegamos al presente, nosotras somos la descendencia de toda aquella vieja humanidad, de toda aquella alocada carrera tecnológica y consumista que al final terminó en la nada, peor aún, en la casi total destrucción de la humanidad, salvo nosotras, que habitamos un lugar de la antigua Patagonia, hoy situada en las cercanías del Trópico de Capricornio. Miles de millones de seres debieron existir a lo largo de la historia para confluir en nosotras, apenas un puñado de sobrevivientes. Es por eso que estamos obligadas, que tenemos la necesidad y el compromiso de reconstruir la historia, como sea, aunque suceda que lo que descubramos no sea de nuestro agrado, incluso aunque rompa con los preceptos inculcados por nuestra Madre Superlativa. Somos las guardianas de la historia de la humanidad, y ni siquiera hemos visto un hombre nunca. Apenas ahora los estamos conociendo, de una manera muy velada y oculta, así como recién ahora, a través de nuestros descubrimientos, alcanzamos a ver, por primera vez, un animal, un perro, un pez, o bien un árbol. Cosas inimaginables y maravillosas, mágicas, que alguna vez existieron y convivieron con los humanos. Y descubrimos, no sin asombro, cómo los hombres podían ser crueles y amorosos al mismo tiempo, podían matar y criar, amar y odiar, en una dualidad propia de una civilización bipolar, generaciones y generaciones de humanos impredecibles que enarbolaban la bandera de la razón y que, al mismo tiempo, actuaban de la forma más irracional que alguna vez alguien pudo imaginar.
– Por eso es que aquella frase de La Odisea que tú mencionas, querida Atram, hoy cobra más fuerza que nunca. Porque nosotras, somos el último vestigio de nuestra especie, y somos las más frágiles.
Continuará…


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