HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

En la salud, como en la enfermedad


El Diario | Contra Tapa

Por Javier Arias
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Hace unas semanas les contaba, estimados lectores, las características de esta estación tan enamoradiza como es la primavera y los efectos que tiene sobre nosotros y todos los bichitos del señor. La cosa es que el amor no se conforma sólo con el romance, sino que la mayoría de las veces todo termina en el Registro Civil, para bien o para mal de los amantes y de los detractores del sagrado matrimonio.
Pero eso de casarse no se conforma con lo de “contigo pan y cebolla”, sino que conlleva infinidad de detalles que van desde la elección del vestido hasta la compra de una buena heladera. Y una decisión tan filantrópica, si se quiere, muta en un listado de actividades que se deben completar con éxito si uno no quiere arrancar la feliz historia de pareja con todos los nuevos platos rotos y con la suegra enojada. Así entonces pasaremos de las tarjetas de invitación, al pastel de bodas, del salón para la fiesta a la elección del smoking, de quién cornos nos hará precio para pasar música a gastar los últimos pesos en ese viaje impensable a los montes Urales.
Es que muchas veces, atento lector, cuando la emprendemos con esto que se denomina matrimonio debemos hacer caso a millones de tradiciones y costumbres que nos ahogan en un remolino de citas, compras y compromisos cuando lo único que uno quería era amanecer cada mañana con esa señorita amada a nuestro lado.
Porque si uno de repente le quita importancia, digamos por ejemplo, al ramo de novia diciendo, “vamos, elegí cualquiera si al final de cuentas lo vas a revolear para la manga de brujas de tus amigas” no creo que termine entero esa tarde, porque, sepa, incauto lector, que el ramo es uno de los complementos esenciales que, si no se eligen correctamente, pueden arruinar el mejor traje de novia. Y para que no crea que es cosa de estos días, la costumbre viene de los serraínos y fue llevaba a Europa por los cruzados, quienes utilizaban especialmente el azahar porque simbolizaba la pureza. La tradición marca que lo debe comprar el novio y el padrino lo entrega a la novia en la casa de ésta antes de la ceremonia. Aunque lo veo difícil que le peguemos con las flores, yo me inclinaría en este aspecto a hacer caso omiso a las tradiciones.
Otro tema es el pastel nupcial, una tradición que nace en la antigua Roma. Los romanos rompían un pan encima de la cabeza de la novia como símbolo de fertilidad. Los invitados recogían las migas y se las comían. Esta costumbre fue conservándose hasta principios del siglo XVII cuando, en Inglaterra, se ideo que se hicieran muchas pequeñas tartas que luego se apilaban. El tema es que la pareja debía besarse sobre la pila de tartas, hecho que casi siempre terminaba en un despiporre de tortas por todo el salón y no había quién limpiara tanto enchastre, hasta que a alguien se le ocurrió cambiar lo de las múltiples tartas por la de un pastel gigante. Esta idea llegado hasta nuestros días, en que los pasteles tienen varios pisos. El protocolo indica que tiene que entrar al salón al ritmo de la marcha nupcial, a continuación los novios, munidos de un cuchillo le hacen un corte simbólico.
¿Y eso de tirarle arroz por la cabeza? Es una costumbre que se conserva desde la Edad Media, simboliza el deseo a los novios de que tengan muchos hijos.
Seguramente también habrá escuchado eso de algo nuevo, algo usado, algo prestado y algo azul. Bueno, parece ser que lo nuevo simboliza la nueva vida que comienza, se arregla salomónicamente con el vestido o la ropa interior. Lo usado simboliza lo que se deja atrás, cuando se puede es una joya de la familia, aunque no se recomienda que se proponga a la tía Gertrudis, por más ajada que usted la vea. Lo prestado simboliza la amistad, esa es fácil, un pañuelo, una gargantilla, y no, no la tía Gertrudis. Lo azul simboliza la fidelidad y casi siempre es la liga.
Justamente con la liga hay otra costumbre, que es esa de ir sacándole a la novia de a una liga y regalándosela a los invitados a la fiesta. Parece ser que la tradición nació en Francia por el siglo XV, aunque en aquella época no se regalaban las ligas, sino que los invitados debían correr detrás de la novia y quitárselas. Esto, obviamente debió causar más de algún contratiempo, por lo que atinadamente en algún momento la novia decidió quitarse las ligas ella misma y lanzarla para que los invitados la tomen desde lejos.
También, como están las tradiciones, existen las supersticiones.
Desde la archiconocida máxima que el novio no debe ver el vestido de la novia hasta la misma ceremonia hasta que el nudo de la corbata del novio esté adecuadamente derecha porque si no será un esposo infiel, hay todo un decálogo de normativas para encauzar el futuro del matrimonio.
No casarse en enero, ni un martes y mucho menos un día 13, pasar la noche anterior en casas distintas y por nada del mundo la novia debe usar perlas, porque las perlas simbolizan las lágrimas y si están presentes ese día lo estarán también a lo largo de la vida marital.
Pero la tradición por excelencia son las alianzas. En el Antiguo Testamento se pedía la mano de la novia con un anillo y esta costumbre llegó hasta nuestros días, oficializándolo en el siglo IX el papa Nicolás I, quien decretó que el hecho de entregar el anillo a la novia es ya una declaración de la intención de casarse. Pero el intercambio de alianzas viene desde el siglo XIII antes de Cristo en las bodas de los antiguos egipcios.
Y si bien el hecho de llevarlos en el dedo anular de la mano izquierda es una costumbre que nos viene desde la antigua Grecia donde se creía que la vena de este dedo se comunicaba directamente con el corazón, existe en China una pequeña historia que justifica por sí sola llevar enlazado el anular.
Según esta leyenda los pulgares representan a los padres, los índices representan a los amigos y hermanos, el dedo medio nos representa a nosotros mismos, el cuarto dedo representa la unión con nuestra pareja y el dedo meñique representa a los hijos. Ahora juntemos nuestras manos, palma contra palma, tocando cada yema de nuestros dedos con la correspondiente de la otra mano. Doblemos hacia adentro el dedo medio –el que nos representa a nosotros- logrando que ahora se toquen por los nudillos. En esa posición tratemos de separar los pulgares, verán que se separan fácilmente porque los padres no están destinados a vivir con nosotros toda nuestra vida. Ahora intentemos separar los dedos índices, que representan a nuestros hermanos y amigos, notarán que también se abren porque ellos se van, teniendo destinos diferentes como casarse y tener sus propios hijos. Intenten ahora separar de la misma forma los dedos meñiques, que representan a nuestros hijos, estos también se abren porque nuestros hijos crecerán y cuando ya no nos necesiten se irán. Finalmente, tratemos de separar los dedos anulares, el que representa a nuestra pareja, es casi imposible hacerlo. Esto se debe a que una pareja está destinada a estar unida hasta el último día de su vida y es por eso porque el anillo se usa en este dedo. Bonito, ¿no?

Nota del autor: Información recogida de las páginas http://munderlow.blogspot.com


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