HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

¡Dulce o truco!


Por Javier Arias
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Desde que esto de la globalización se hizo moda que empezamos a discutir si se festeja o no se festeja Halloween, que es una fiesta importada, que a quién le importa, que mejor festejemos el día de todos los muertos, que eso también es importado, pero es menos comercial, que la Navidad al final de cuentas no es blanca, y eso qué cornos importa, y que prefiero la fiesta de San Patricio, a vos nadie te preguntó, y así… Una historia de nunca acabar, mi querido y fiel lector.
Pero, nada, que este fin de semana es 31 de octubre, y según un montón de almanaques, y los amigos de mis hijos, es Halloween.
Partamos de la base, que más allá de toda esa parafernalia que nos vendieron durante años las películas norteamericanas de andar mangueando caramelos por las casas de los vecinos, Halloween viene de la tradición celta, de hace más de seis mil años; y es el último día ese calendario. Originalmente proviene de una festividad llamada “Samhain”, en la cual se honraba a los muertos y se pensaba que los límites entre el mundo de los vivos y el de los muertos era más débil durante esta noche. Justamente la misma palabra inglesa “halloween” viene de la frase “All Hallow’s Eve”, que se refiere al Día de Todos los Santos, celebración religiosa que instituyó la Iglesia Católica para reemplazar a Samhain. ¿O se piensa que la transculturización comenzó con Colón?
Y, si hablamos de tradiciones, esas calabazas talladas con forma de grotescas muecas, llamadas “Jack-o-lanterns” provienen de una leyenda irlandesa, y llevan ese nombre debido a un hombre llamado Jack a quien, por haber engañado al diablo en más de una ocasión, se le prohibió entrar al cielo y al infierno, y se lo condenó a vagar eternamente por la tierra, agitando su linterna para alejar a las personas de sus senderos. Y esa costumbre del “dulce o truco” también tiene su antecendente en la cultura celta, antes dejaban dulces y comidas afuera de la casa para aplacar a los espíritus que acechaban en las calles durante, claro, el Samhain.
Pero si hay muchos que critican que se festeje esa fiesta pagana e importada, también los hay los que directamente tienen un miedo patológico a todo lo relacionado con Halloween, y hasta tiene un nombre, “Samhainofobia”.
Pero, convengamos, que los que la critican porque es una fiesta comercial no le andan nada errados tampoco, Halloween es la segunda fiesta más celebrada en los Estados Unidos después de la Navidad, en esta época se duplica las ventas de golosinas de San Valentín y Navidad y, por ejemplo, la ciudad de Nueva Orleans tiene el record de haber hecho la fiesta de Halloween más grande de la historia, donde participaron casi 18.000 personas. Considerando que los estadounidenses gastan en esta fiesta unos 6 millardos, no millones, sino miles de millones, de dólares y la industria de la confitería gana cada año más de 2 millardos de dólares vendiendo la friolera de 40.000 toneladas de chocolate. ¿No me cree? Guglee, guglee y va a ver.
Eso sí, con esto de la pandemia no sé cómo se las van a ingeniar para andar tocando los timbres de las casas ajenas, ¿o me van a decir que con un disfraz uno no se contagia?


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