LA TASA DE EMPLEO REGISTRÓ UNA CAÍDA INTERANUAL DE 10 PUNTOS

Argentina, el tercer país de la región que más desocupados sumó durante la pandemia


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Los efectos negativos de la pandemia han sido considerables y sumamente variados, aunque el rojo se pudo evidenciar en varios indicadores. Uno de ellos, lógicamente, es el del empleo, el cual no se sintió de igual manera en todos los países y el nuestro fue uno de los más golpeados.
Al respecto, el centro de Capacitación y Estudios sobre el Trabajo y Desarrollo (CETyD) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) elaboró un informe en donde detalló que, analizando Europa y América, Argentina es el tercer país más golpeado en lo que refiere a puestos de trabajo durante la pandemia.
Puntualmente, entre los meses de abril y junio de 2020 tuvo lugar una acelerada destrucción de puestos de trabajo. En relación a un año atrás, se contabilizaron 3,7 millones de personas ocupadas menos en todo el país (la tasa de empleo registró una caída interanual de casi 10 puntos, pasando del 42,6% al 33,4%).
En este sentido, el informe detalló que hubo una “muy significativa” caída de la tasa de actividad (que mide la cantidad de personas que tienen trabajo o lo buscan activamente). El indicador pasó del 47,7% al 38,4% entre los segundos trimestres de 2019 y 2020, lo cual da cuenta que tres millones y medio de personas se retiraron del mercado laboral (es decir, dejaron de tener trabajo o de buscarlo activamente).

Incremento del desempleo

“Ese fenómeno debe entenderse en el marco del aislamiento social dispuesto por el Gobierno Nacional: considerando las restricciones a la circulación, la mayor parte de quienes perdieron su fuente de trabajo no buscaron activamente otra, sino que, por el contrario, ante la imposibilidad fáctica de hacerlo, se retiraron del mercado laboral”, apuntaron desde la alta casa de estudios.
Por su parte, el desempleo se incrementó del 10,6% al 13,1% en el último año. Así, el número de personas desocupadas aumentó en 140 mil, pasando de 2,15 millones a 2,29 millones

Los más afectados

Los principales afectados por la destrucción de empleo fueron quienes estaban insertos en las modalidades ocupacionales más precarias e inestables. El 83% de la caída del número de ocupados se explica por los asalariados informales y los trabajadores por cuenta propia. El número de trabajadores no registrados se redujo un 44% (1,3 millones menos), y el de cuentapropistas cayó 28% (742.000 menos).
Esta realidad contrastó fuertemente con la situación de los trabajadores formales en relación de dependencia. La reducción de la cantidad de personas que estaban insertas en esa modalidad ocupacional fue del 4% (260.000 menos).

Cifras oficiales

Los datos oficiales dan cuenta de que las políticas de sostenimiento del empleo implementadas por el Estado Nacional lograron mitigar el impacto de la crisis. La prohibición de los despidos, el programa ATP (que consiste en el pago de salarios a los trabajadores de las empresas más afectadas y la reducción de contribuciones patronales) y el mecanismo ágil de validación de suspensiones con pago del 75% del salario fueron eficaces.
Según el CETyD, “su implementación permitió que el empleo formal en relación de dependencia no fuera impactado del mismo modo que las inserciones ocupacionales más precarias e inestables (que fueron destinatarias del Ingreso Familiar de Emergencia, tendiente a compensar la caída de sus ingresos). Pero la alta proliferación de esas modalidades de menor calidad determinó que las políticas tuvieran un alcance acotado (al sector formal) y que el impacto de la crisis terminara siendo profundo”.

Precariedad laboral

Analizando estas estadísticas, se puede definir que la magnitud de la caída que tuvo el empleo en cada sector estuvo relacionada con dos factores: el nivel de precariedad y su situación ante el aislamiento social. Concretamente, las actividades más afectadas fueron las que tienen una mayor incidencia de informalidad y aquellas que estuvieron más restringidas por las medidas sanitarias decididas por el Estado en el marco de la pandemia.
La elevada vulnerabilidad de los mercados laborales más precarizados queda en evidencia al contrastar el impacto que tuvo la pandemia en los países latinoamericanos en relación a lo ocurrido en Europa. Las caídas más relevantes en el número de personas ocupadas se dieron en nuestra región, donde el trabajo informal y por cuenta propia está más extendido. Por oposición, la situación fue contenida de manera más eficaz en los países desarrollados debido a la mayor proliferación de empleo formal en sus estructuras ocupacionales.
“Un segundo elemento que explica ese impacto diferencial se relaciona con las capacidades que tienen los Estados para sostener el empleo a través de políticas públicas, que son más acotadas en Latinoamérica. Asimismo, este factor explicaría la situación de los Estados Unidos, donde la debilidad de las herramientas para preservar los puestos de trabajo en situaciones de crisis contribuyó a que la pérdida de empleo fuera más marcada que en los países de Europa”, concluyó el documento.


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