Página de cuento 810

La Historia – Parte 8


Por Carlos Alberto Nacher
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Entré y me quedé observando un largo rato aquellas variedades de “plantas” (así era como nombraban los antiguos a aquellos seres que crecían con el sol y el agua, y se arraigaban a la tierra fértil, y que hoy ya no existen).
Nuestra granja estaba bastante completa y muy bien provista. Producía alimentos de sobra para nuestro campamento de 36 mujeres, y contábamos con una gran variedad de distintos cultivos: plantas de vegetales, de carnes, de insectos y de otros alimentos en proceso secundario, como las pastas y las harinas.
La granja, cubierta con una cúpula de acero y piedra de unos 8 metros de altura, contaba con un sistema de riego que simulaba una lluvia, de las que no sucedían en nuestro planeta hace siglos, mediante la cual se les suministraba los ácidos y óxidos necesarios para la sintetización y foto-evolución de los alimentos.
A cargo de ella estaba Anilorac, una amiga de la infancia, compañeras de otros tiempos y otras circunstancias. Anilorac siempre mostró un claro interés por las granjas sintéticas, además de un carácter cordial y una gran solidaridad, humildad y empatía, lo que le valió el profundo recuerdo de muchas de nosotras. Sin embargo, desde mucho tiempo atrás percibí en ella una actitud muy solapada pero mal intencionada, pero eso sólo es algo subjetivo de mi parte. Como siempre digo, no debo anteponer mis emociones a la razón.
-Cómo estás Anilorac, veo que tus preciadas plantas están espléndidas.
-Ave! Qué placer verte por aquí! Gracias, las plantas representan todo en mi vida, y más aún si son vitales para nuestra supervivencia. Y dime, ¿Cómo van las investigaciones?
-Muy bien, gracias, estamos entrando en una fase de definiciones. A pesar de que nos faltan muchos detalles, ya podemos decir que conocemos gran parte de la cultura pre-Devastación.
-Cuéntame por favor
-Bien, no quiero adelantarme ni sembrar ideas que quizá no están del todo concretadas ni son demasiado consistentes, pero te diré algo que sí confirmamos: tenían dioses. Y muchos.
-Eso significa que se parecían en algo a nosotras, que tenemos nuestras varias deidades.
-Es probable, aunque el concepto de diosas o dioses en ellos era distinto. Sus dioses eran, en parte divino o celestiales, y en parte terrenales. No solamente contaban con un Dios celestial y, al parecer, omnipotente, llamado Dios, Jehová, Budha, Jesús y otros nombres, tal como lo confirman varios papeles escritos encontrados, sino que además contaban con un sinnúmero de dioses terrenales, a quienes idolatraban y les rendían exagerados honores. Presidentes, deportistas, músicos y otros de muy distintos orígenes, que representaban una casta de seres superiores, y que esta superioridad era aceptada sin ningún tipo de oposición de parte del resto de las personas. Este inverosímil endiosamiento creemos que contribuyó también al desastre final.
-Es muy interesante lo que cuentas, Ave, pero del todo inentendible para mi. Yo soy una simple granjera, que cultiva alimentos y, como gran sabiduría, posee el conocimiento de la química orgánica e inorgánica necesaria para la crianza. Gracias por tus palabras y por tu información. La recordaré.
-Adiós Anilorac, hasta pronto.

No era tan cierto lo que le dije, siempre sospeché de alguna mala intención en su actitud, y no podía arriesgarme a decirle que no sabíamos nada de nada acerca de las religiones antiguas. Inventé todo esto para que no percibiera que no tenía intenciones de ponerla al tanto de ninguna de nuestras investigaciones. De todas maneras, creo en mi intimidad que nada es cierto, ni nada es mentira.
Continuará…


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