CRUDO RELATO SOBRE APREMIOS ILEGALES, GRUPOS DE TAREAS Y TORTURAS EN SANTA CRUZ DE LA SIERRA

El padre del periodista chubutense detenido en Bolivia: “Amenazaron con masacrarnos”


El Diario | Regionales

Facundo Molares, un joven oriundo de Trevelin, se encontraba trabajando como fotorreportero para la revista Centeneario, en Bolivia, cuando fue apresado durante las elecciones presidenciales de octubre pasado, por personas que responderían al régimen de Luis Fernando Camacho, dirigente de un partido de ultraderecha de Santa Cruz de la Sierra y ex candidato a la presidencia de dicho país.
En diálogo con AzM Radio, su padre, Hugo Molares, quien se desempeña como juez, se refirió a la actual situación del trabajador de prensa y contó que “tuvo una descompensación, una insuficiencia renal aguda que lo hizo perder el conocimiento, se desmayó y lo llevaron a una atención primaria, luego a un hospital donde lo internaron y ahí quedó, en coma inducido, sondas y respirador artificial”.

Lo habían anotado como ‘NN’

“Me interesa que se conozca la verdad: él estaba como fotorreportero trabajando para la revista Centenario y cubriendo las elecciones presidenciales en Bolivia el año pasado, el 20 de octubre, y en ese momento hubo un alzamiento de un grupo político de extrema derecha, principalmente de Santa Cruz de la Sierra, por lo que pidió autorización a la revista para quedarse y seguir con la cobertura, pero fue en esos días en los que sufrió la descompensación”, relató Molares.
A ello, sumó que “al caer internado yo viajé con mi pareja a Bolivia al otro día, y al llegar lo reconocí porque estaba como ‘NN’, y me solicitaron que comprara remedios e insumos porque el hospital público no tenía”.

Interceptados y abducidos

Al regresar al nosocomio “nos interceptaron tres individuos de civil y nos metieron en una camioneta particular, para luego llevarnos a una comisaría a 60 kilómetros de allí, nos tuvieron 25 horas secuestrados sin permitirnos atender a mi hijo”, mencionó, agregando que “sólo pudimos estar cinco minutos con mi hijo, que estaba en coma”.
Luego, “nos expulsaron de Bolivia, nos torturaron psicológicamente con apremios ilegales y demás”, añadió.

Trayectoria militante

Al identificar a su hijo, que se encontraba inscripto como ‘NN’, “el hecho de que no fuera boliviano se ve que les había llamado la atención, y cuando yo lo identifico, ‘googlean’ y ven que él había sido militante político en Colombia hasta 2017; había sido un gestor de las tratativas de paz (con las FARC), luego vino a Argentina y siguió trabajando acá, incorporándose como periodista a la revista (Centenario) y luego trabajando como perito forestal, que es su profesión original”.
Consecuentemente, “aprovechando que él era conocido por su militancia anterior lo utilizaron para una campaña mediática cuya metodología es conocida y se aplica en todos lados, eso de tomar a alguien y manejarlo mediáticamente para algún provecho específico; no nos podemos extrañar de ese tipo de cosas”.
“Hay una dictadura”

“En Bolivia”, continuó Molares, “es una dictadura y es muy difícil gestionar que se haga Justicia; tengo abogados allá que están trabajando arduamente y ya hemos revisado toda la causa, no hay absolutamente una sola prueba en contra de mi hijo”.
“Nos levantaron en un vehículo a las 10 de la noche, sin orden policial ni judicial, nos llevaron por la fuerza y no nos permitieron hablar con un abogado ni con el cónsul, fue un secuestro”, ratificó el padre del trabajador de prensa, agregando que “pude comunicarme de urgencia en un momento en que se distrajeron y envié un mensaje a un abogado amigo que vive en Buenos Aires, quien alertó a la Cancillería, a la vez que mi hija hizo gestiones para ubicarnos y se contactó al Superior Tribunal de Justicia de Chubut, que le reclamó al entonces ministro de Justicia (Germán) Garavano, que había un juez argentino detenido en Bolivia”.

“Los van a masacrar”

“Nosotros salimos con vida, nos extorsionaron, nos amenazaron, me costó plata pero no voy a entrar en detalles”, advirtió Molares, y al preguntarle si efectivamente debió “abonar su propio rescate”, respondió: “Sí, pero no importa. Mi hijo estaba indefenso en un hospital”, expuso.
Cuando las autoridades locales decidieron liberarlos tras tomar estado público su situación de aprehensión ilegal en Bolivia, “pedimos volver al hospital, y el oficial que estaba a cargo nos dijo textualmente que ‘si vuelven, los van a masacrar; ustedes deciden, se van de acá al aeropuerto o los masacran’, y más claro que eso, imposible”, relató el magistrado.

“Lo llevaron por la noche y semidesnudo”

A Facundo Molares “le armaron una audiencia cautelar de apuro y le dictan prisión preventiva, a cumplirse en una cárcel de Santa Cruz de la Sierra que tiene un mínimo sistema hospitalario”, apuntó el padre del fotorreportero, consignando que “el juez, a pedido de la defensora, dictó que permaneciera en el hospital hasta tanto se recuperara antes de ser trasladado a la cárcel, y en opinión de los médicos ello no iba a ser antes de uno o dos meses, pero a los tres días cayó una ‘patota’ policial con una orden trucha y se lo llevaron por la noche, semidesnudo, sin ropa, zapatillas ni medicamentos; le desenchufaron los sueros mientras que estaba sometido a diálisis y lo llevaron a la cárcel, sin orden judicial y violando específicamente las órdenes del juez y del director del hospital”.

Deterioro en el estado de salud

Una vez que fue llevado al centro de detención de Palmasola, en Santa Cruz de la Sierra, “el cónsul se enteró por los medios que habían hecho este traslado forzoso, concurrió al penal de Palmasola y el médico le encontró a mi hijo edema pulmonar, pérdida de visión del ojo derecho, y un montón de otras cosas; por lo que decidieron que iba a seguir el tratamiento allí, pero a los 2 o 3 días apareció otra ‘patota’ sin papeles ni órdenes, lo arrancaron de ahí y lo llevaron a Chonchocoro, que está a 700 kilómetros, 4 mil metros de altura y donde está la cárcel de máxima seguridad de Bolivia, reservada para condenados por delitos graves; pero él estaba en prisión preventiva, era inocente procesalmente, y ahí está todavía”.

Justicia, caprichos y poder

La causa “es muy clara y evidente por tanto no hay ninguna prueba”, aclaró Molares, remarcando que “lo acusan de hechos que sucedieron a 2 kilómetros de donde él estaba; es una causa muy absurda, burda y autoritaria pero no les importa porque les sirve para ‘papelear’ y seguir estirándole la prisión preventiva”.
“Íbamos a pasar las fiestas juntos”, admitió el padre del fotorreportero al relatar los últimos días de su hijo antes de que fuera internado tras descompensarse.
Finalmente, lamentó “que la Justicia (en Bolivia) se maneje a capricho del que tiene poder” y recordó que su hijo “tiene domicilio en Trevelin, queremos verlo, y encima ahora con el Covid tenemos una gran angustia, principalmente porque la población carcelaria es la más delicada en cuanto a que se produzcan contagios; y la atención médica en Bolivia ya hizo crisis hace rato”.


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