HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

De monarcas, monarquías y realezas


El Diario | Contra Tapa

Por Javier Arias
[email protected]

Si hay algo que está en decadencia en estos tiempos de pandemia, sin dudas, es la monarquía. A la británica la tienen en jaque no sólo el virus, sino sus propios descendientes, que andan abdicando a los privilegios de la corona todos los días, en Holanda se pelean por los sueldos, y ni hablar de España, donde el “querido” rey tuvo que rajarse denunciado por estafas y demases.
Al final, lo de la sangre azul parece que no es tan así y no es un problema a la hora de andar buscando dadores en colores, sino que proviene de la Edad Media, cuando la nobleza era algo de lo más común y uno se podía cruzar con un conde o un barón en cualquier esquina y no hacer ninguna alharaca por eso. La cosa es que en esos tiempos estos buenos señores minga de hacer trabajos pesados, mucho menos tareas en el campo, por lo que tanto baile y tan poco sol, lograron una piel blanquísima, a través de la cual se podían ver perfecta y desagradablemente sus venas, las que parecían llevar sangre azul. Ahora bien, atento lector, usted seguramente ahora me preguntará por qué cornos se ven azules las venas si la sangre es rojo como… como… como la sangre misma, ¿no?
Bueno, para no entrar en sesudas explicaciones científicas, una porque sería engorroso ese tipo de definiciones en un lugar como este y dos, porque no tendría la menor idea cómo hacerlo, les diré que las venas se ven de tonalidad azul por su alto contenido de dióxido de carbono. En cambio, si pudiéramos ver las arterias, que son las que salen del corazón, recargadas de oxígeno, ahí si veríamos un fuerte tono rubí como todos esperábamos.
Pero regresando al tema de la realeza, ¿usted sabe, fiel lector, ¿cuánto invirtió realmente la reina Isabel en la travesía de Cristóbal Colón? Uno pensaría que una pequeña fortuna fue la que dio comienzo a toda esta tontería, pero no, lamentablemente no, casi lo mismo que la católica gobernanta se gastaba en un par de banquetes reales. O sea, dos salidas a cenar.
La que sí era más económica de invitarla a salir que vestirla era a la reina Isabel I de Rusia, cuando murió en 1762 le encontraron más de 15.000 vestidos. Parece que se cambiaba hasta tres veces en una misma noche.
Otro dato interesante de la nobleza es la curiosa prohibición que se mantuvo durante el reinado de los Austrias; en su corte se prohibía que un hombre tocase a la reina, en cualquier circunstancia. Así, si la reina se caía o sufría un accidente, todos debían esperar a que llegara el rey para levantarla.
Pero los nobles no son propiedad únicamente de la Edad Media, de estos hubo en el pasado, hay en estos días, y seguramente seguirán existiendo en el futuro.
Así por ejemplo el caso de la muerte del emperador Claudio I es algo a tener en cuenta, especialmente si nos casamos con una amante de ciertos venenos. El caso es que su buena esposa, al parecer cansada definitivamente de su amante pareja, trató de envenenarlo con hongos ponzoñosos. El doctor de Claudio, a quien adecuadamente recurrió, trató de hacerlo vomitar haciéndole cosquillas en la garganta con una pluma de ave. Claudio se ahogó con la pluma y murió. ¡Santos estudios forenses, Batman!
Así que ya sabe, que si uno anda con ganas de cazar a una princesa, hay que andar calculándole a la tela de los vestidos, y ni le cuento de escaparle a los hongos, que a veces, sólo a veces, son más fatales que las mismas plumas de corral.

Nota del autor: Datos extraídos de la página web http://artigoo.com


COMENTARIOS

Comments are closed.