Como consecuencia de la pandemia se evidencian aún más las diferencias de género


El Diario | Opinion

*Por Mónica Claudia Pagliarani

La pandemia del coronavirus (covid-19) está poniendo a prueba las fragilidades existentes en el tejido social, y en el caso de América, una región ya castigada por la pandemia de violencia contra las mujeres y las niñas, la enfermedad amenaza con borrar los avances logrados en las últimas décadas en términos de igualdad de género.

En varios países de América Latina creció el número de denuncias de violencia en el hogar y homicidios de mujeres y niñas desde que la cuarentena se impuso.

Algunos ejemplos de la región:

– En Colombia, las llamadas a la línea de atención a víctimas de violencia doméstica aumentaron en un 91% desde que se impuso la cuarentena.
– En México, se incrementaron en un en casi un 36 %.
– En Argentina donde siete de cada 10 homicidios de mujeres y niñas tienen lugar en el hogar, las llamadas de emergencia por violencia doméstica se incrementó un cuarto.
– Y en Bolivia, la ciudad de Santa Cruz denuncio el mayor número de casos de violencia en el hogar y covid-19. Junto a Paraguay, Bolivia también muestra la mayor tasa de homicidios de mujeres y niñas en Sudamérica.

Las implicancias sociales, tanto de la pandemia como de las respuestas de política, ponen claramente en desventaja a las mujeres. Esto es así por varios motivos.

En primer lugar, los sectores laborales que están haciendo frente a los casos están altamente feminizados. Profesionales de la medicina, personal de limpieza y perfiles de investigación biológica muestran una sobrerrepresentación de mujeres, que están expuestas al contagio, trabajan jornadas extendidas y extenuantes, no siempre con todos los insumos críticos a disposición.

En segundo lugar, la posibilidad de cumplir con el aislamiento social es muy compleja para quienes están inmersos en el sector informal de la economía. En Argentina, apenas la mitad de los/las trabajadores pueden acceder a licencias remuneradas por maternidad o paternidad, y están excluidos los trabajadores informales e independientes y autónomos. Para estos trabajadores el aislamiento social implica pérdida de ingresos sustanciales. El trabajo informal repercute más en las mujeres, por lo que ellas están más expuestas a estos déficit de protección social.

En tercer lugar, La suspensión de las clases y la reducción de la circulación incide en forma directa sobre la carga de cuidado que enfrentan las familias y este trabajo adicional recae de forma casi exclusiva sobre las mujeres, como consecuencia de un acuerdo implícito de género que lesiona su autonomía económica.

La mayoría de los hogares monoparentales están encabezados por mujeres y la actual situación puede profundizar su cuadro de vulnerabilidad ya que ellas deben seguir manejando el trabajo productivo, si todavía lo tienen, y reproductivo (cuidado infantil y de otras personas dependientes, trabajo doméstico, y enseñanza de niños y niñas) en las circunstancias sumamente limitantes de confinamiento o cuarentena.

El, aun, desigual acceso a la tecnología. A nivel mundial, hay 200 millones más de hombres que mujeres con acceso a Internet, y las mujeres tienen 21% menos probabilidad de tener un teléfono móvil, un recurso clave en países en desarrollo donde los teléfonos brindan acceso a seguridad, redes de contención/organización, sistemas de alerta temprana, atención de salud móvil y transferencias de dinero. En el contexto del COVID-19, esta brecha digital de género tiene implicaciones cruciales para el acceso de las mujeres a información y servicios de salud, noticias públicas sobre medidas de aislamiento y cuarentena.

Cerrar las brechas de género más acuciantes demandará iniciativas más fuertes y mejor financiadas para potenciar la educación y la salud de las mujeres, eliminar los obstáculos a la propiedad y control de activos por parte de las mujeres, además de incrementar su voz y su capacidad de actuar.

Urge más que nunca aprender de estas experiencias, así como ampliar al alcance de las iniciativas que funcionan, si queremos evitar reveses mayúsculos en términos de igualdad de género.

* Mónica Claudia Pagliarani, Contadora Pùblica

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