HISTORIAS CURIOSAS PARA CONTAR EN DÍAS DE LLUVIA

Libros que no has de leer, déjalos yacer


El Diario | Contra Tapa

Por Javier Arias
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En estos días de cuarentena, cuando tenemos todo el tiempo del mundo para recuperar el perdido hábito de la lectura más allá de los 120 caracteres de un tuit largo, es una buena oportunidad de hablar de libros. Siempre se habla de los libros que hay que leer sí o sí. Yo soy uno de esos insoportables que pueden decir azorados: “¿No leíste ningún cuento de Cortázar? Y terminar la frase con un gesto decididamente pedante y asqueroso. A decir verdad, fiel lector, este tipo de reacciones no son las que me han granjeado la mayoría de mis amigos, pero uno no puede con su genio. Y así, la lista se vuelve interminable como son interminables los gustos y los colores, como decía la vieja chupando naranjas. Y en la misma bolsa caen Borges, Saer, Stephen King, Tolstoi, Stalinav Lem, Clarke, Arlt, García Márquez o R. R. Martin.
Pero de lo que no se habla tanto son de aquellos libros que uno no recomendaría ni siquiera a la suegra más amargada. Y no hablo de esos textos que no valen ni el papel en el que están impresos, como aquel libro infecto que nos obligó a leer una profesora de lengua en el secundario, con un título estrafalario como El adefesio de no sé dónde, lo que sí recuerdo es que el autor era amigo de esta buena señora, y hasta vino a la clase a vendernos sus ejemplares. No, no hablo de esos libros, que de lo único que pueden pecar, si se quiere, es de no gustar más que a la familia cercana del autor, y eso si la familia es amorosa. No, me refiero a esos libros que uno cree que son dañinos por sí mismos. Ya sé que esta lista me traerá más de un dolor de cabeza, porque el librepensador que lleva al extremo sus convicciones debe poder permitirse leer y dejar leer cualquier palabra que se haya escrito o pensado.
Pero no todos son tan abiertos y hay quienes, en vez de recomendar, hacen listas de “los libros que acabaron (o pretendieron acabar) con el Mundo”, no me diga que no es un excelente título para una película de suspenso. Próximamente protagonizada por Tom Hanks.
La lista, para estos buenos señores, arranca con “Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas)”, el motivo de su inclusión: “incitación a la caza de brujas en toda Europa”. Convengamos que es una muy buena razón para tenerlo en cuenta en este top ten. Malleus parece ser que fue un manual que utilizaron tanto cazadores de brujas como jueces, escrito por dos monjes inquisidores dominicos, Heinrich Kramer y Jacob Sprenger. Vio la luz justo antes de la reforma protestante y se publicaron, entre 1487 y 1520, veinte ediciones, y otras dieciséis entre 1574 y 1669. Una pinturita de texto.
El segundo es “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa”. Cuenta la historia que su autora, la antropóloga Margaret Mead, viajó a Samoa para investigar sobre la sexualidad de ese país. Pero Margaret no tuvo mucha suerte con las entrevistas, ya que parece ser que la tomaron para el churrete y todas las jóvenes que entrevistó en Samoa le contaron los cuentos más terribles de promiscuidad sexual; el problema fue Mead se tragó todo el verso y lo escribió como un hecho real. Más tarde, una de las chicas dijo: “Ella lo debe haber tomado en serio, pero era sólo una broma.”
El tercer libro de esta lista es “El Príncipe” de Maquiavelo. Que lo hayan agregado a este libro acá no es ninguna sorpresa, de hecho “El Príncipe” fue una de las obras que más ha inspirado a varias tiranías a lo largo de todo mundo -cuentan las malas lenguas que Stalin lo tenía en la mesa de luz-.
El cuarto, por supuesto, es el archiconocido “Mein Kampf (Mi lucha)” de Adolf Hitler, donde el primer impulsor del nazismo describió su plan racista para una nueva Alemania, donde incluye el asesinato en masa de los judíos. Es bueno saber que al ser publicado nadie le dio mucha bolilla, pero todo cambió cuando Hitler accedió al poder y se transformó en un verdadero bestseller, se calcula que existieron más de diez millones de ejemplares en circulación en 1945.
Llegamos a la mitad de la lista con “El eje de la civilización” de Margaret Sanger que impulsa ni más ni menos que la eugenesia, que es el control de la raza humana a través de la crianza selectiva, una pinturita de teoría. La esquizofrenia y la ironía de nuestra historia transformaron a la buena de Sanger en la madre de la anticoncepción moderna.
El sexto, “Democracia y educación”, porque según dicen, convenció al mundo de que la educación no consiste en hechos, o sea, su autor, Dewey aseguraba que esas creencias históricas son sólo construcciones humanas provisionales.
El séptimo es “El Libro del bebe y el cuidado de los niños”. Y usted, atento lector, me preguntará, con bastante razón, qué cornos puede hacer en una lista como ésta un libro tan tierno. Parece que no es nada tierno, porque la causa que aducen para incluirlo es que ha causado una pila de muertes de bebés por sus malos consejos. Suficientes méritos, ¿no?
El octavo de esta lista maldita –y último que voy a mencionar, para no seguir ganándome amigos- es el libro “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, el cual es un muy antiguo folleto que pretende describir un complot de los judíos y de la Masonería para gobernar el mundo. A pesar de que se ha comprobado que es totalmente apócrifo, muchísima gente creyó –y sigue creyendo- que son ideas reales. Lo que sí es cierto es que sirvió –y sigue sirviendo- para perpetuar el odio racial y la xenofobia.
Ahora bien, si esta lista ha llamado su atención, curioso lector, y más que alejarlo de su lectura lo ha entusiasmado a entrarle a más de uno de los mencionados es bueno decirle que me desligo totalmente de toda responsabilidad por las consecuencias que ese hecho pueda acarrear en sus actos. Que la librepensaditud es una cosa, pero el Código Penal es algo bien distinto.

Nota del autor: Datos extraídos de la página web http://www.10puntos.com/


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