Página de cuento 804

La Historia – Parte 2


El Diario | Contra Tapa

Por Carlos Alberto Nacher
Cnacher1@hotmail.com

Nos hemos prohibido todo tipo de contacto hasta finalizar la investigación, no obstante, esta luna celebraremos. Mi colega y ayudante Atram ya está preparando los festejos mientras, por mi parte, aún sigo verificando la veracidad del código descifrado. Por supuesto, aún desconocemos el significado de la sintaxis de este texto, y apenas podemos vislumbrar su semántica, como si comprender está sucesión de signos ubicados horizontalmente de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo pudiera significar algo per se, a pesar de esa alocada manera que tenían de expresarse en un soporte físico desconocido para nuestra cultura, basando toda la expresión y el contenido en un contraste de colores entre el blanco de la base y el negro de la escritura. Algo así, imperceptible e incomprensible para cualquier cerebro, sea o no humano, parece en principio vencer cualquier intento de entendimiento. Siempre lo fue para nosotros, desde el primer fragmente que fuera hallado, hasta hoy, que contamos con más de cinco mil muestras para su análisis.
Fueron soles y soles hasta que nuestra tecnología venció al absurdo de la escritura antigua de aquellos que escribían (hoy ya podemos saberlo) con un compuesto químico que denominaban tinta sobre un soporte físico que llamaban papel y que, aún ahora, luego de tantos descubrimientos, desconocemos su origen, incluso no sabemos si su origen era natural o sintético.
Pero todo este esfuerzo, toda esta entrega de nuestras vidas, tienen un solo y fundamental objetivo: La Historia. Tenemos la obligación de hilvanar, a partir de toda esta información enterrada varios metros bajo tierra, la secuencia de hechos que sucedieron con anterioridad a la Gran Devastación. Aquellos grandes cataclismos enterraron a toda la cultura de la humanidad entera. Catástrofes sucedidas en una época antiquísima que, según hemos descubierto, datan de épocas en los que el tiempo se medía en días, meses, años, siglos. Un pedazo encontrado de papel (llamémoslo así en honor a nuestros ancestros) así lo confirma, se trata de un mensaje en forma de algo que podemos denominar, noticia, un texto descriptivo que, según nuestro equipo de científicas arqueo-linguísticos, decía “Diario de Madryn – Una gran lluvia de cenizas volcánicas y tormentas de lodo y arena azotan toda la costa atlántica y ya ha enterrado a todas las ciudades costeras por encima del paralelo 42. Se espera que en breve esta catástrofe asole también a la Patagonia Sur”. Este texto fue analizado y, según concluimos, informa sobre la desaparición de varias ciudades en la misma región donde actualmente nos encontramos.
Sin embargo, la referencia al paralelo 42, si bien es correcta para la época en que fue escrita, en la actualidad es inexacta, ya que esa posición está absolutamente fuera de contexto en la medición del planeta en términos de latitud y longitud, dado que, luego de la Gran Devastación e inmediatamente después de ésta, la Tierra sufrió el corrimiento de sus polos geográficos (en conjunto con los polos magnéticos) de 90 grados hacia el este (el este de nuestro ancestros) con lo cual se invirtieron las posiciones calidad y frías, y se modificaron los grandes centros de poder a como los son en la actualidad, donde el sur (nosotras) domina.
Así, nos encontramos en la región sur-este del mundo, en un área seca e inhóspita que los antiguos llamaban Patagonia (así lo confirma la noticia mencionada).
El calor y el viento son insoportables. Afuera, ráfagas de gases tóxicos anaranjados golpean continuamente contra nuestras instalaciones. El aire, irrespirable desde la irrupción en la superficie de la gran Falla de San Ignacio, que no solamente generó una gigantesca grieta que hoy atraviesa a todo el continente sudamericano sino que, mucho peor aún, liberó a la atmósfera una sucesión continua de gases de lo más profundo del planeta, gases tóxicos emanados desde gigantescos yacimientos de petróleo muy profundos, en cavernas situadas a cientos de kilómetros de la superficie.
La Grieta de San Ignacio, así es como la llamamos, atraviesa al continente de lado a lado y es casi imposible calcular su profundidad. Luego de la Gran Devastación, las antiguas arrojaron sondas sonoras para calcular su profundidad en algunas áreas específicas de nuestro interés, pero fue imposible establecer con una mínima aproximación su profundidad, aunque sí sabemos que supera los doscientos kilómetros.
Continuará…


COMENTARIOS

Comments are closed.