UN INVESTIGACIÓN DE CIENTÍFICOS DEL CONICET

¿Cuál es el valor ambiental y económico de los bosques?


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Fuente de recursos naturales, los bosques son el sostén de muchas de las economías provinciales. Participan activamente de la renovación del aire, son el hábitat de diversas especies animales y ofrecen indirectamente protección para las cuencas hidrográficas. Los bosques son fundamentales para la subsistencia humana, sin embargo, en el transcurso del tiempo numerosos espacios verdes han perecido como consecuencia de la deforestación. En este contexto, docentes e investigadores del CONICET y de otras instituciones científicas de renombre conforman la Red Argentina de Ciencia y Tecnología Forestal (REDFOR.ar) que busca potenciar y promover un desarrollo forestal sostenible.
La red, tiene por objetivo articular las capacidades científico-técnicas existentes en el país para atender, de forma interdisciplinaria, las demandas del sector foresto-industrial tanto público como privado. La iniciativa se funda en la importancia de los bosques en términos económicos, sociales y ambientales: “Los bosques proveen recursos a las sociedades y estas necesitan aprovecharlos, el equilibrio se encuentra entre la conservación y el desarrollo humano” afirma Pablo Villagra, investigador principal del CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA).

El bosque como fuente de recursos

Uno de los principales beneficios de los bosques es que contribuyen a mitigar las consecuencias negativas del cambio climático, gracias a que fijan grandes cantidades de dióxido de carbono que extraen de la atmósfera. Por este motivo, la deforestación, entre otros factores, puede incidir en el calentamiento global. Otra de las bondades de estos extensos espacios verdes es que operan como reguladores de temperatura en las grandes ciudades. Estudios recientes, indican que el establecimiento de árboles en zonas cercanas a edificios y viviendas “reducen el uso de aire acondicionado en un 30 por ciento, generando un ahorro de energía del 20 a 50 por ciento”, sostiene Juan Emilio Bragado, especialista en el tema y miembro de la red.
Villagra explica que el bosque ofrece lo que se denomina servicios ecosistémicos, es decir que así como fijan el carbono, también participan en la producción de oxígeno y en la regulación hídrica, protegiendo las cuencas, evitando grandes inundaciones o resguardando el suelo. “Suele ser difícil ponerle un valor económico a los servicios ecosistémicos, pero lo tienen y es grande”.
María Cristina Area, investigadora principal del CONICET en el Instituto de Materiales de Misiones (INAM, CONICET-UNAM) destaca la vasta cantidad de productos forestales que pueden obtenerse a partir de los bosques, como la madera para la construcción, el papel, los bioplásticos a partir de residuos de madera, la energía biomasa y fibras textiles de menor impacto ambiental que el algodón o fibras sintéticas. Otros productos forestales no madereros como las mieles, los frutos y el forraje para el ganado se encuentran entre la diversidad de beneficios que pueden obtenerse a partir de los bosques, ya sean implantados o nativos. En tanto, Villagra resalta “también es fundamental tener en cuenta el rol social y cultural: el vínculo tradicional entre el bosque y las poblaciones queda evidenciado en la poesía y el folklore argentino”.

Hacia un desarrollo sustentable

Tradicionalmente, la producción y la conservación tenían metas contrapuestas. Sin embargo durante las últimas décadas, los especialistas trabajan en la búsqueda de una planificación que integre, a largo plazo, los objetivos de conservación y producción en la utilización forestal. “Apuntamos a que la forma de extracción de recursos del bosque sea sustentable, es decir que se ajuste a la tasa de producción o regeneración de estos recursos”, puntualiza Villagra.
El científico afirma que una de las formas de tender hacia la sustentabilidad del bosque es hacer una explotación integral, lo cual significa obtener más variedad de productos. Los desarrollos tecnológicos como las mejoras genéticas de las especies para las plantaciones forestales también contribuyen al manejo sustentable. Además, existen innovaciones ligadas a la optimización de los usos en la madera, tales como tratamientos para prolongar su duración o evitar que estas se quemen, especialmente si se las utiliza en la construcción de viviendas. “La madera es un recurso renovable, por lo tanto reemplazar elementos de construcción o materiales no renovables por madera debería verse como algo beneficioso”, afirma Villagra.
Según datos de la Dirección Nacional de Bosques, el país cuenta con 53.654.545 hectáreas de bosques nativos, lo que representa el 19.2 por ciento de la superficie continental del país. Para protegerlos, existen numerosas regulaciones y normativas que establecen planes de manejo e incluyen el aprovechamiento inteligente de plantaciones forestales, que en muchos casos “le quitan presión a los bosques nativos” apunta Villagra. A 12 años de su promulgación, la ley de bosques ha cosechado algunos éxitos, opina el investigador.
“Históricamente, lo relacionado con el área forestal ha tenido mala prensa” declara Area. Y agrega: “Nuestra intención es transmitir la importancia de las ciencias forestales desde todo punto de vista”. En este sentido, el trabajo de la red confluye en dos caminos: por un lado, contribuir al desarrollo forestal sustentable, allanando las diferencias entre los diversos sectores que constituyen el ámbito de la industria forestal y por el otro, informar a la sociedad en general. En este espíritu, el grupo de trabajo que conforma la REDFOR.ar publica regularmente artículos de divulgación o notas de opinión sobre diversos tópicos en Argentina Forestal, un reconocido medio on line del ambiente.
Conformada por docentes e investigadores, la REDFOR.ar surgió como una iniciativa conjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), la Universidad Nacional de Formosa (UNaF), la Universidad Nacional de Misiones (UNAM), la Universidad Nacional del Comahue (UNCOMA), la Universidad Nacional de la Patagonia Juan Bosco (UNP), la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). (Fuente: CONICET)


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